Una master class en Puan

Recuerdo cuando siendo cadete de una empresa de telecomunicaciones que estaba en Caballito, caminaba la calle Puán. En esos tiempos del proceso militar andábamos con cautela, cuidándonos de todo y de todos. También, por aquellos años de finales de los 70, no pocas empresas quedaban abiertas. Ese era el caso de Nobleza Piccardo1 que funcionaba en un gran edificio donde hoy funciona la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A. ¿Qué sensación rara me provoca que una fábrica, en este caso productora de un objeto ligado con la enfermedad, se haya transformado en una universidad ligada con el progreso del país?

Puán”, tal como se conoce entre sus asistentes a la facultad, no fue la excepción en esa conformación de lugares, pero tal vez haya sido uno de los primeros pasos de la Nación de no dejar en manos de los emprendimientos privados el espacio y poner en funcionamiento una casa de altos estudios. Esa es una hermosa sensación inicial de recuperación de la educación y cultura a partir del lugar donde funciona.

Recientemente tuve la posibilidad de ver la película “Puán”, cuya historia está narrada a partir de la persona de un profesor de Filosofía política de esa facultad. Atraviesa su historia el riesgo latente que implica lo nuevo, lo recién llegado de afuera en contraposición con lo viejo o de larga data que subsiste. He aquí donde quiero detenerme para que intentemos reflexionar sobre procesos que no son nuevos, aparecen en el escenario y que, de un plumazo, cambian no sólo la fisonomía, la estructura curricular, también la situación de las personas, que en sus roles son parte de un recambio necesario. Ese recambio en la historia de nuestro país no siempre ha sido parte de superación; en no pocas ocasiones, de desestructurar un funcionamiento perfectible, pero que necesariamente debe ser perdurable para que las cosas sucedan.

Los docentes, investigadores y profesionales han sido vistos como recursos valiosos, en particular, en momentos en que el país pudo despegar, ligado todo eso con un trabajo a conciencia de los sujetos. Así, cuando las medidas de gobierno del presidente militar, Juan C. Onganía, intervienen la UBA, particularmente la Facultad de Exactas y Naturales venía alcanzando un avance científico-tecnológico indudable. La “noche de los bastones largos” vino a poner fin no solo a un proceso de estabilidad y crecimiento científico, sino de enajenación, con la “fuga de cerebros” que provocó que gran parte de esos docentes e investigadores terminaran trabajando en el exterior. A esas naciones el recurso humano les había costado poco, y lo que recibían a cambio de ese proceso de apropiación de la autonomía universitaria.

En “Puan” el contexto es otro, pero las permanencias que subyacen poco han cambiado en esencia. Marcelo el docente en la película (Marcelo Subioto) enseña con pasión a Hobbes y Russeau en sus clases, un programa en apariencia desactualizado que en realidad no lo es. Esos filósofos de la modernidad anticiparon desde un conocimiento profundo del hombre y de los procesos socioeconómicos lo que vendría. Esto, en esencia, es Filosofía y Letras, la permanencia demuestra ser un plafón necesario para entender los procesos que no cambian. Y eso de que el “hombre es el lobo del hombre” que ha dicho Hobbes tiene más vigencia que nunca. En este sentido, la universidad del Estado permite tomar conciencia de que las grandes batallas y conquistas pueden perderse, de ahí que el mensaje implícito que se hace explícito con la intranquilidad de Marcelo, quien puede perder el trabajo de toda la vida allí en su cátedra de la UBA, lo cual es mucho más general si se toma el clima de época y el contexto sociopolítico del país.

Y eso de que “Marcelo es Puán y Puán es Marcelo” es el emergente de un componente identitario que en la actualidad no abunda, sabemos cómo operó el posmodernismo en el cambio de los referentes. El lugar, la cátedra, los autores son un referente de identidad y de ubicación en el espacio. Así en la transmisión que se comparte el conocimiento enciende la mente de los participantes y también los sitúa en la traslación de las interpretaciones al ambiente cercano. En este sentido, la vida de este profesor universitario está ubicada sobre un contexto minado de posibles estallidos, la estabilidad no es la norma, pero subsiste la permanencia de ponerlo ante los desafíos que la realidad le plantea en su vida familiar y laboral. Ese caos conveniente hace presa a los sujetos no solo del desarrollo de nuevas acciones sino también de una resistencia ante eventuales pérdidas.

Marcelo es parte de esa universidad estatal donde no escapa la mirada de manera despectiva desde sectores que buscan nuevas formas de enajenación. La excusa tal vez sea que la formación superior sustentada por el Estado es un gasto, no exenta de que se apliquen modalidades para instrumentar el atraso y la regresión a formas pre-modernas. Así, tal como vive este profesor en su ámbito de trabajo, la situación hipotética lo ubica en un contexto de cierre de la Universidad donde faltan los subsidios necesarios ¿Analogías con algunas perspectivas que se dieron a conocer en estos tiempos? Sí.

La clase pública sobre la calle es el modo de resistencia, la represión policial de la protesta el preanuncio de como el Estado actúa barriendo toda conquista posible.

No dudo en empatizar con Marcelo, no solo porque lo sienta tocayo sino por su condición de docente. Tenemos una misión en el trabajo cotidiano en las aulas, y fuera de ella la de educar a los jóvenes para que en la transmisión sepan lo que hay que proteger y los riesgos que se corren cuando nos cautiva la destrucción.

1La fábrica de cigarrillos Nobleza Piccardo funcionó entre 1920-1981 en la calle Puan 420 Capital Federal

Eduardo Marcelo Soria
msoria@huellas-suburbanas.info