SOMISA, como si fuese ayer. Pero no.

A 68 años de su creación
“Necesitamos barcos, ferrocarriles, puertos, máquinas de trabajo y no nos podemos detener a la espera de milagros, porque aspiramos a contar con un mínimo de independencia para el bien de todos los que bajo este cielo pródigo, trabajan con anhelos de paz y libertad” General Manuel Savio.
El 13 de julio de 1947 se crea la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA), conformada en un 80% por capital estatal y 20% privado, para producir acero en el país utilizando minerales y combustibles nacionales. Este hito se produce con la promulgación de la Ley 12.987 –Plan Siderúrgico Argentino, también conocido como Plan Savio en honor a su impulsor- por parte de la presidencia del General Perón.
Tras la muerte del General Savio en 1948 el inicio de sus actividades se pospuso y por diversas razones, recién las retomó la presidencia del Dr. Arturo Frondizi, y se decide utilizar el crédito obtenido durante la segunda presidencia de Perón para la construcción de la planta de Punta Argerich. Sus altos hornos fueron emplazados en terrenos elegidos por el propio Savio en los márgenes del arroyo Ramallo y del Río Paraná, en las cercanías de San Nicolás de los Arroyos.
La Planta General Savio, queda esencialmente completada entre 1962 y 1963 con una capacidad de producción de 632.000 toneladas anuales de acero líquido, equivalente a 450.000 t/a de productos para la venta.
Ya en los años 90, durante el auge de las privatizaciones en plena traición menemista, esta empresa en constante expansión no solo no producía déficit, sino que aportaba U$S 200 millones anuales al fisco, exportaba U$S 400 millones, facturaba por U$S 700 millones, promocionaba economías regionales, se abastecía de mineral nacional y constituía un factor estratégico de nuestra economía.
Relevante factor, por cuanto el acero es clave para la defensa y el desarrollo industrial del país, producto del cual dependen desde las chapas navales de nuestros buques hasta los rieles que soportan el peso de nuestros ferrocarriles.
A pesar de esos contundentes argumentos y con previo proceso de desguace, más de 7 mil despidos y falsificación contable, la empresa fue valuada por la consultora Braxton, a instancias del Banco Mundial, en 1800 millones de dólares, con valor de venta recomendado de entre U$S 400 a U$S 700 millones, es decir el monto de su facturación anual como máximo.
El ocaso de SOMISA se produjo con su privatización en 1992, pasando a ser propiedad del grupo privado Techint por U$S 100 millones en efectivo, U$S 40 millones en pagarés y U$S 12.000 millones en títulos de la deuda externa argentina (tomados a valor nominal con su valor real devaluado).
No pocos sectores y ciudadanos de a pie, acaso en honor al General Savio y su lucha por SOMISA, así como la de los generales Mosconi y Baldrich con YPF, reclaman no dilatar los tiempos históricos para proyectar –y poner en marcha- un plan Siderúrgico Nacional en beneficio de la economía argentina. Profundizar también es avanzar y consolidar la industria pesada de bandera nacional. No intentarlo es un claro síntoma de amesetamiento. Y como bien sabemos, amesetamiento es hermano no reconocido de declive y retroceso.

“La industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella seremos vasallos”, General Savio.


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