Notas para pensar la coyuntura

El regreso talibán en Afganistán, con la consiguiente humillación del ejército ocupante y la terminación exitosa del Nordstream 2 en el Báltico (gasoducto ruso/alemán para abastecer la industria europea), desalojando el gas caro norteamericano, son síntomas de retroceso imperial. Para el/la ciudadana de a pié puede que esto no represente nada, dado que no puede ver cambios en su cotidiano. Pero en un siglo en que un barco trabando el tráfico en el canal de Suez paraliza medio planeta, provoca suba del petróleo y de los precios de los alimentos en todo el mundo… ningún eje de lo que pasa nos puede resultar ajeno.

 

El cuestionamiento exitoso en Perú y el avance del congreso reconstituyente en Chile, el desgaste de Bolsonaro y la consiguiente recuperación de la confianza en Lula, el renacimiento de la CELAC y la pérdida de prestigio de la OEA, tras su complicidad evidente con el golpe a Evo… son momentos de una disputa por la hegemonía norteamericana en su autopercibido patio trasero. Eso obliga a las “embajadas” a operar con sus mercenarios políticos, de prensa, jueces “amigos” y todo tipo de funcionarios disfrazados de sindicalistas, empresarios, financistas… simpatizantes de la causa del exilio dorado en Miami y las verdes en cuentas off shore.

 

En este contexto de reacomodamiento de bloques regionales, la elección legislativa en nuestro país adquiere un significado que excede el respaldo al gobierno de coalición peronista que conducen Alberto y Cristina. Es un casillero importante del tablero internacional que puede reforzar la tendencia anti-neoliberal o debilitarla.

 

La exitosa campaña de vacunación, la movilización de militancia y recursos para salvar vidas se naturalizó como una obligación (nunca asumida por la oposición) del Estado. El paisaje de ruinas dejado por el gobierno macrista no fue percibido (ni publicitado con eficacia) como una responsabilidad histórica que requerirá una formidable articulación de fuerzas sociales.

 

En este punto, son de relevancia los productores rurales (alimentos), industriales (pymes: fuentes laborales y provisión del mercado interno), grandes empresas exportadoras (proveedoras de dólares para alimentar el despegue), de trabajadorxs organizadxs con su gran experiencia organizativa y su potencial de reproducción de experiencia acumulada, y de los movimientos sociales que realmente tengan la voluntad de convertir planes en obrerxs calificadxs sindicalizadxs y en blanco.

 

Esta es una epopeya sin sables ni estatuas, en la que la paciencia, la prudencia, la distribución de cargas y beneficios debe ser medido al milímetro. Sobre todo tras el abandono planificado de los derechos sociales de conjuntos fragmentados, de estratos monotributistas al garete de la pandemia, una economía popular sin coordinación estatal, desocupadxs de todas las franjas etarias con planes de reconversión y capacitación laboral sólo para los más jóvenes… con mirada fina: jefas de hogar violentadas, personas discapacitadas con pensiones de escasez, trabajadorxs municipales precarizados e indigentes… grupos dispersos de injusticia sembrada por años de desatención, hacia quienes no alcanzaron las generosas políticas expansivas de Cristina y tiraron a la calle las del evasor confeso.

 

Amerita una épica que deje en offside a los que suben los precios aprovechándose de las necesidades de mayorías, y de la indefensión de un gobierno desmantelado para controlar.

 

Un país donde los que se abusan sean castigados y los desamparados protegidos. En ese país queremos vivir.

 

También por eso DEBEMOS votar a nuestro gobierno: con el peronismo lxs trabajadorxs tenemos que pelear para recuperar derechos, pero te escuchan y se avanza. Con lxs otrxs… a llorar a las cámaras de Crónica.

Gustavo Zapata
gustavo.zapata@huellas-suburbanas.info