Los convenios Internacionales sobre sustancias químicas

Un intento de prohibir la extracción, producción y consumo de químicos altamente contaminantes con los cuales convivimos en nuestra vida cotidiana.

Javier Souza Casadinho. Coordinador regional de la Red de Acción en plaguicidas y sus Alternativas de América Latina/ Docente FAUBA

    Muchas veces nos preguntamos acerca de por qué los países, o sus representantes, discuten, analizan, participan, firman convenios o acuerdos internacionales en los cuales se fijan ciertas pautas que implican comportamientos o prácticas específicas.   Trataremos de comprender esta situación entre todos. Muchas veces las prácticas o la utilización de sustancias químicas realizadas por una actividad industrial o agrícola realizada por una empresa localizada en un país, por ejemplo, la Argentina, puede impactar en la salud socioambiental de otro, por ejemplo, Bolivia. De allí la necesidad de acordar la extracción, transporte, utilización y desecho de estas sustancias. Unos ejemplos interesantes los constituyen las sustancias incluidas en el convenio de Estocolmo. En este caso se trata de sustancias que poseen las siguientes características; persisten sin degradarse por muchos años en el ambiente, se trasladan a grandes distancias, poseen efecto “saltamontes”, esto es pasan del estado sólido al gaseoso trasladándose por el viento, se acumulan en las cadenas tróficas, y lo que es más importante pueden producir impacto en la salud socioambiental, por ejemplo, mal de párkinson en seres humanos. Dada estas características no es de extrañar, entonces, que un país determinado se preocupe de lo que haga su vecino, porque aun cuando no produzcan o utilicen estas sustancias sentirá sus efectos. Que sustancias se hallan incluidas en este convenio; los viejos plaguicidas como el DDT, los PCB incluidos en los transformadores de luz y las dioxinas producidas durante la incineración de residuos. Más recientemente, en la última reunión de mayo, se incluyeron sustancias denominadas retardante de llama, productos que se incluyen en acolchados, asientos, plástico de la carcasa de las computadoras a fin de retardar su combustión si son expuestos al fuego.

Entonces este convenio incluye sustancias que fueron inventadas, producidas, comercializadas y utilizadas por los seres humanos en teoría para “mejorar nuestra calidad de vida” pero a poco de ser utilizadas “descubrimos “que son persistentes, se aculan en las cadenas tróficas y por ende poseen efecto sobre nuestra salud. Convivimos con ellas, están en nuestra cocina, en los autos, en nuestros alimentos… y por más que restrinjamos o prohibamos su uso conviviremos con ellas por mucho tiempo, por ello, aunque el DDT esta prohibido hace años aún aparece en muestras de leche materna.

¿Cómo ingresan las sustancias al convenio para restringir o prohibir su producción? en primer lugar es propuesta por un país , un comité de evaluación realiza el perfil de la sustancia, incluido su efecto en la salud, y luego los países aceptan o no la inclusión, Aquí comienza las luchas , negociaciones , acuerdos entre los países, influenciados por sus empresas, aquellas que producen o utilizan las sustancias a prohibir….está claro que en muchos casos prima más un criterio económico que en la salud por lo cual convivimos con sustancia tóxicas que pueden impactar en nuestro cuerpo, máxime en los niños.

Esta situación nos debe hacer reflexionar en primer lugar sobre la relación entre la noción restrictiva de desarrollo y la relación con el ambiente. Se suelo afirmar que si se tuviera en cuenta las relaciones o ciclos que se dan en la naturaleza se resentirían las actividades productivas, habrá desempleo, merma en las exportaciones, hambre, miseria… Se expone una dicotomía falsa “Ambiente o Desarrollo”, nada más alejado de la posibilidad de desarrollarnos verdaderamente como personas, comuniaddes y países y al mismo tiempo respetar a la naturaleza, donde estamos incluidos. El verdadero desarrollo sustentable, no el que se quieren apropiar las empresas, implica mejora nuestro nivel de vida no consumiendo más sino, mejor, crecer en libertad y participación disfrutando el presente, pero pensando y teniendo en cuenta a las generaciones futuras.

En segundo lugar, aparece la dicotomía “trabajo o ambiente” esto es si se atienden a las relaciones o los tiempos implícitos en los ritmos propios de la naturaleza, las empresas cerrarían y abría menor demanda laboral, grave error no debemos admitir relaciones laborales en las cuales los trabajadores, somos expuestos a sustancias tóxicas que pueden generar enfermedades agudas o crónicas. En segundo lugar, está demostrado que los procesos productivos que respetan el ambiente pueden demandar más y mejores puestos laborales.

Por último, la extracción, producción, uso y desecho de estas sustancias tóxicas que conviven cotidianamente con nosotros nos interpelan en relación a la noción de progreso de la cual el rol recreado o atribuido a la ciencia es importante. Si el progreso se vincula a un incremento en el consumo, lo que implica producir más y de allí extraer más bienes naturales y en la cola del proceso descartar, enterrar o quemar más basura, estamos lamentablemente errando el camino, consumir más no es progresar, “inventar” o “utilizar” tecnologías contaminantes tampoco, claramente se trata de una involución que pone en tela de juicio la relación de los seres humanos entre sí y con el ambiente

En el proceso de discusión implícito en los convenios, dado que involucran nuestras prácticas, consumos, producción de sustancias que pueden afectar nuestra salud, deberían fomentar la participación de la sociedad civil en las discusiones, los acuerdos, la búsqueda de alternativas, etc. Lamentablemente no es así, suelo ocurrir que las decisiones, por ejemplo, en la Argentina, se toman entre pocas personas, con la amplia influencia de las empresas productoras de los bienes a restringir y pensando más en el comercio que en la salud.

Existen varios convenios el de cambio climático, el de Rotterdam, que regula el comercio de sustancias tóxicas como el asbesto, el de Montreal sobre la capa de ozono, el de Minamata sobre mercurio, el de Basilea, que regula el transporte transfronterizo de basura… quizás podés comprometerte en uno…. Infórmate y participemos juntos.

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