La Seguridad ¿Propiedad de la derecha?

Por:  Lic. Luis Valsecchi

Como actores políticos del campo popular, nos cuesta articular un discurso propio sobre la seguridad, capaz de ganarse un espacio dentro de la opinión general del pueblo y que, además, sea traducible en políticas públicas concretas. Cuando participamos en este debate, lo hacemos mayormente ponderando el deterioro económico y social como factor de crecimiento del delito y la violencia, y defendiendo una posición irrenunciable de respeto y promoción de los Derechos Humanos, marcando la necesidad de establecer límites claros al accionar de las fuerzas de seguridad. Estos argumentos, sin embargo, parecen no hacer mella en el discurso hegemónico.

La gestión de Cambiemos a nivel nacional, utiliza a las fuerzas de seguridad como gendarmes del espacio público, reprimiendo violentamente toda protesta sectorial. La gestión se ampara en el “mal uso del espacio público” y la no solicitud de “permisos” para realizar dichas protestas. Los hechos recientes ocurridos en la estación Constitución, con los trabajadores de la UTT, así como las corridas, agresiones y detenciones ilegales ocurridas cerca del Congreso de la Nación, en el marco de una protesta de los trabajadores de la cooperativa MadyGraf, son claros ejemplos de esta política represiva de seguridad. Podríamos citar miles más.

El espacio público es el ámbito privilegiado de la política, tal como la entendemos desde el peronismo y el campo popular. Allí es donde el pueblo se expresa, visibiliza sus demandas. Allí es también donde se contraponen los intereses de los distintos sectores en tensión. El espacio público es el campo de la política, y así como tal, se encuentra en permanente disputa.

Esa tensión es propia, inherente, al sistema democrático en sí. Por eso sostenemos que la gestión actual en materia de seguridad es profundamente antidemocrática, toda vez que no garantiza la expresión de la disidencia. Muy por el contrario, la reprime violentamente.

Ahora.. ¿Sostener estas verdades nos impiden articular un discurso concreto en materia de política delictiva? ¿Nos inhabilita, acaso, para hablar de la necesidad de garantizar la seguridad en los barrios del Municipio de Moron (incluyendo su dimensión objetiva en los hechos, y su dimensión subjetiva en las sensaciones)?. Es más, podemos pensar que al no apropiarnos de esa porción de las políticas públicas en lo discursivo, estamos permitiendo que la derecha lo monopolice. Y ese monopolio de la “seguridad”, lejos de calmar la intranquilidad de lxs vecinxs de la ciudad, lejos de disminuir los índices delictivos, es utilizado para reprimir docentxs, jubiladxs, trabajadorxs y cuanto sector se oponga a la actual gestión.

Ubicarnos del lado de las víctimas de este modelo de seguridad es una obligación que tenemos como peronistas. Siempre vamos a trabajar para fortalecer al más sector más desfavorecido. Pero tenemos que ser conscientes que esto no nos alcanza para ganar. Necesitamos elaborar propuestas de políticas públicas que no solo definan su cara negativa (abstenerse de reprimir manifestaciones, abstenerse de perseguir jóvenes en los barrios, abstenerse de detener trabajadorxs de prensa, etc.), si no que establezcan acciones proactivas en pos de la búqueda de seguridad.

Es decir, políticas concretas orientadas a reducir los niveles de delito y violencia, para trabajar en la dimensión objetiva. Una clave útil para pensar la política criminal, que involucra al sistema penal con todas sus complejidades, es vincularlo más al sentido de oportunidad económico que subyace en las estructuras del delito, y menos a la persecusión individual de las personas que delinquen. Por ejemplo, si hubiese un mercado legal de autopartes baratas, fabricadas en el país, seguramente baje el nivel de robo de automotores. Nuestra gestión realizó una importantísima tarea desde la Procuración general de la Nación, creando fiscalías especializadas orientadas a investigar estructuras complejas.

Por otra parte, es necesario generar propuestas de articulación con la comunidad, buscando soluciones integrales que escapen a la lógica de policiamiento en los barrios, a fin de disminuir la dimensión subjetiva de la problemática. Muchas veces, los problemas de seguridad se vinculan con cuestiones de infraestructura, deficiencias de la disposición del espacio público (falta de luminarias, terrenos abandonados, etc.) o directamente a la falta de un tejido social que integre las distintas maneras de habitar la calle. Necesitamos perder el miedo de discutir estos temas de cara a la sociedad, eludiendo la trampa de pensar que la única política de seguridad que tenemos para ofrecer es la recuperación económica, la generación de empleo y el desarrollo social.

La derecha al gobierno, busca que las fuerzas de seguridad protejan a la clase política de las manifestaciones del pueblo. Lxs peronistas sostenemos que la política debe gobernar a las fuerzas de seguridad, a fin de que protejan al pueblo de la violencia y el delito.

A fin de cuentas, no es más que ser consecuentes con el lado de la mecha donde elegimos estar.

 

 

 

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