La prensa opositora consagra a su candidato

El enfrentamiento político directo con el Gobierno Nacional, la sorprendente apropiación de la bandera de la educación y la bravuconada de no acatar un fallo judicial adverso le dieron por fin a Horacio Rodríguez Larreta el reconocimiento de los medios opositores como candidato en 2023. En este dispositivo editorial la contrafigura sigue siendo Kicillof, que “presiona” no por el drama del récord de enfermos y muertos, sino por orden de “Ella”.

El raro caso de un brote estatista en La Nación.

El soporte noticioso y de opinión al jefe de Gobierno porteño es muy caudaloso. Comprende títulos exultantes, como el principal del Clarín del martes, “La Corte frenó un intento del Gobierno para anular la vuelta a las clases”, cuando en verdad los supremos no se pronunciaron sobre la cuestión de fondo, sino que se declararon competentes en el litigio. También incluye el relato según el cual el presidente Alberto Fernández no ejerce el cargo, una afirmación ya estampada semanas atrás y reactualizada con títulos como “la semana en que Kicillof fue presidente”, en La Nación. La fórmula es sencilla: como en cualquier país del mundo, la adopción de restricciones a la circulación y actividades de cualquier clase no es noticia agradable para la población, de modo que en estos medios es enrostrada automáticamente al gobernador Kicillof y por transición a Cristina Kirchner. El deseo incontenible de un golpe político letal para el Frente de Todos llevó casi al delirio algunos discursos editoriales. González, en Clarín, creó “la revolución de las escuelas”, que agigantó a Larreta y “descolocó” al Presidente. Así, desemboca en una crisis equivalente a la de la resolución 125, el conflicto sobre las retenciones que causó una gran derrota política al gobierno de la hoy vicepresidenta. El dispositivo hizo que también Luciana Vázquez, en La Nación, trazara el mismo paralelo con la 125, además de reivindicar a un “nuevo actor”, los “padres” de clase media y alta que se oponen al Gobierno nacional con “capital cultural” y “datos y evidencia científica”. Estos panegíricos se mantuvieron día a día y llegaron a la tapa del diario del domingo. El despliegue conlleva convalidar la singular interpretación, propia de covidiotas, según la cual el virus es inteligente y se detiene en la puerta de las escuelas, así como desiste de actuar en colectivos y subtes si allí van integrantes de la comunidad educativa. Por supuesto, exige también no publicar las cifras que muestran el incremento de contagios de COVID de niñas y niños, así como las muertes de maestras y maestros. La importancia política de la embestida de Larreta al Gobierno nacional fue puesta en blanco sobre negro por Roman Letjman en Infobae, cuando publicó que en reunión de asesores porteños hubo coincidencia en no acatar el fallo que dispuso cumplir el DNU presidencial para no permitir que Alberto Fernández “apareciera revalorizado en la opinión pública”. El jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, que el domingo 18 le explicó en público a Larreta que debe seguir así, chocando con el FdT y complaciendo a los ultras de su sector -Bullrich, Macri, Cornejo- aunque sin mimetizarse con ellos, se congratula el domingo 25 porque el precandidato “suma votos” y tal vez pronto tenga para su cosecha una alianza con Randazzo, a quien ve como una figura capaz de quitarle votos al peronismo en la Provincia de Buenos Aires. Larreta tiene la centralidad en la oposición, agrega, y mucho más con la compañía de María Eugenia Vidal, la ex gobernadora que para estos fines fue ascendida este domingo a posiciones muy visibles de Clarín, Infobae y La Nación. Por supuesto, el anuncio de la fabricación de la Sputnik V en la Argentina es una pésima noticia para esta comunión de fuerzas opositoras y por eso lo manipulan y, a gran velocidad, empiezan a diseminar el virus de la sospecha. Por eso al empresario Figueiras se le atribuyen relaciones fluidas con el peronismo y “amigos K”. Carlos Pagni, en La Nación, es uno de los columnistas que asumió este trabajo sucio, y fue secundado el viernes por Laura Di Marco, quien no se limitó a la siembra de desconfianza (“Los puntos oscuros de la vacuna rusa”). También ella habla del empresario “muy vinculado al peronismo”, lo que en parte atribuye, machirulada mediante, a “su mujer”, María Laura Leguizamón. Pero esto no es lo más llamativo: la redactora se detiene en que el Estado apoyará a Richmond primero para procesar y fraccionar el componente de la Sputnik V, que será importado en la etapa inicial, y luego será fabricado en una planta que será construida para ese fin. Muy sagaz, agrega que si se da ese apoyo significa que habrá recursos “de todos los argentinos”, lo cual la lleva a preguntar por qué, entonces, la vacuna no es fabricada directamente por laboratorios estatales en lugar de privados. Ya se ve: en campaña, el afán desesperado de hacer oposición al gobierno la lleva a contradecir la doctrina defendida por el diario desde su fundación, en 1870. La organización noticiosa y de “análisis” para apuntalar al precandidato Larreta impuso otras obligaciones, como focalizar la saturación del sistema sanitario en el Gran Buenos Aires antes que en Ciudad y encontrar que las ferias comerciales al aire libre en el conurbano son mucho más peligrosas que las escuelas porteñas, aunque no tengan ventilación. También forzó la censura rotunda a la noticia de la gravísima irresponsabilidad del precandidato que, para las habituales fotos de campaña, se metió en un jardín de infantes y rompió una “burbuja” junto con la ministra de Contagiación, Acuña, pisoteando los protocolos de prevención que prohíben terminantemente a madres y padres entrar a un aula. Aunque la metralla mediática no descansa con el eslogan sobre la “presión de Kicillof”, aparecieron algunos llamados de atención, ciertamente aislados, intentando hacer entender también a Larreta que el colapso sanitario toca a su puerta. Jacquelin escribió el viernes unas líneas en las que critica por igual al FdT y a la oposición. Se ubica casi en un punto equidistante, algo muy infrecuente en estos medios, y advierte que la gravedad de la situación amenaza a todos por igual.

Como es natural, la pandemia lleva a planes secundarios otros temas, aunque no faltan esfuerzos para mantener alto la defensa de intereses corporativos. Una vez más, Clarín coquetea con la devaluación, que Fernández Canedo pronosticó como “post-electoral”. El viernes, Bonelli habla de un “plan otoño” para contener la inflación, con medidas que repudia furiosamente, como controles de precios y otras regulaciones. Dice que hay empresarios que discutieron este plan y que “acompañarán” pero, eso sí, “de mala gana”. Ese mismo día ofrece otro episodio para la historia del oprobio periodístico argento: Berensztein, uno de los tantos “periodistas independientes” que trabajan para Clarín y La Nación, habla de una “tormenta perfecta” en la economía: una crisis macroeconómica “casi inevitable”. Solo falta saber, dice, cuándo ocurrirá, si en 2021 ó 2023. Sin embargo, dice que en socorro del Frente de Todos interviene Tique, la diosa griega de la fortuna, que hace que suba el precio de la soja y que logra también el prodigio de que los bancos centrales de todos los países mantengan bajas las tasas de interés. Con argumentos como este, aquella ocurrencia del “viento de cola” parece una genialidad.

Comunicadores de la Argentina (COMUNA)

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