La dimensión ambiental en el discurso presidencial en la apertura de sesiones del Congreso de la Nación.

Pocas certezas y  muchas contradicciones

He escuchado y leído atentamente el discurso inaugural del presidente Alberto Fernández de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación y analizado especialmente las ideas, pautas, medidas de políticas relacionadas con el ambiente. Es posible decir que los temas relacionados con el ambiente, mencionados durante el discurso, fueron tratados de manera escueta, ambigua y contradictoria.

En primer lugar cabe mencionar las evocaciones especificas respecto al ambiente “Hay otro tipo de sostenibilidad que también nos importa mucho: es la climática. 

Por eso estamos absolutamente comprometidos con los principios establecidos en el acuerdo de París. Estamos seguros que el desarrollo del futuro será verde o no va a ser. (…) Asumimos una política activa de promoción de la economía circular que incluye un plan de inversiones para erradicar basurales a cielo abierto, mejorar la disposición final de los Residuos Sólidos Urbanos y las condiciones de trabajo de los recuperadores urbanos.”

 Varias reflexiones ameritan estas palabras. En primer lugar, el concepto de sostenibilidad, que no es equivalente al de sustentabilidad. La sostenibilidad evoca a la necesidad de permanentes aportes de recursos externos para mantener una producción, mientras que lo sustentable refiere a aquello que por sí mismo recrea las condiciones de su propia existencia. En este sentido, y sólo para poner un ejemplo, el cultivo de soja transgénica es sostenida por un paquete tecnológico caro y contaminante, mientras que el cultivo de la soja agroecológica, al basarse en la diversidad biológica y la nutrición integral de los suelos, recrea  sin necesidad de insumos externos  sus propias condiciones de vida.

Ahora bien, respecto al cambio climático ¿alcanza con manifestar el compromiso con el acuerdo de París sin presentar políticas acordes con ello? El cambio climático requiere por un lado la mitigación, es decir la reducción drástica de la emisión de gases que lo provocan, y por otro la adaptación, es decir crear condiciones para que las comunidades  y personas podamos continuar con el desarrollo de una vida plena, con un consumo responsable,  aún con las modificaciones en la frecuencia e intensidad de las lluvias y el incremento de las temperaturas.

Respecto a la denominada economía circular, cuya definición y prácticas ameritan una discusión más amplia, implican mucho más que atender a la disposición de los residuos y la “erradicación” de los basurales a cielo abierto, sino repensar nuestro consumo dado que a partir del mismo se intensifica la extracción de bienes naturales, la producción, muchas veces contaminante, y el descarte que en la mayoría de los casos se realiza en las peores condiciones; incineración, quema a cielo abierto, quema en cementeras, etc. Todos estos procesos que generan contaminación ambiental y el desarrollo de  enfermedades en los seres vivos que habitamos el planeta. No resulta posible atender al cambio climático, por un lado, si se promueve la producción de autos, los agronegocios  y la minería a cielo abierto por otro.  Sí resulta alentador el enunciado relacionado con las condiciones de vida y trabajo de las/los recicladores. Lamentablemente no se dice cómo se implantarán las medidas en todas las provincias del país, a fin de asegurar un trabajo digno en trabajadores/as expuestos a sustancias y productos altamente peligrosos.

Veamos juntos varias de las propuestas enunciadas en el discurso y que ponen en tela de juicio la idea de “sustentabilidad” y de contribuir al acuerdo mundial sobre cambio climático.

  • “La actualización del Acuerdo Federal Minero. El mundo avanza hacia vehículos eléctricos con baterías de litio o el uso del hidrógeno verde. Argentina debe ingresar paulatinamente en este sendero. Implementaremos incentivos tanto en la incorporación de movilidad sustentable…”

En este caso es mucho lo que deberíamos analizar. En principio, en los territorios donde se produce dicha actividad se producen pujas entre los ciudadanos residentes  y las empresas (muchas veces acompañadas por los gobiernos locales y provinciales). Pujas relacionadas con el acceso al agua  y la contaminación de los bienes  naturales. En las zonas donde hoy se extrae litio en la Argentina, merma el acceso al agua por parte de las comunidades, la misma se contamina, al igual que los suelos, y se produce una caída drástica en la diversidad biológica.

  • “…La solución de los problemas de infraestructura y regulatorios que impiden la explotación de tierras aptas para el cultivo en distintas zonas del país”. En este caso, aunque no se lo enuncia de manera taxativa, el presidente Fernández hace referencia a las regulaciones establecidas, a partir de la lucha de las comunidades, que impiden la utilización de plaguicidas en áreas cercanas a las escuelas y centros urbanos. ¿Se permitirá el uso de plaguicidas en las zonas de restricción, sin atender al impacto socioambiental de los mismos?
  • “El impulso a la extracción y transporte de los recursos hidrocarburíferos del yacimiento de Vaca Muerta. Vamos a promover la industria hidrocarburífera integral…” De nuevo aquí aparecen contradicciones entre el impulso a una actividad altamente contaminante y la protección ambiental. Sea realizada ya de modo convencional como por el fracking, la actividad requiere de grandes cantidades de agua, generando a su vez contaminación de los bienes naturales y produciendo a su vez grandes cantidades de desechos que son literalmente abandonados en “basurales petroquímicos”
  • “..las obras que faciliten la salida de la producción Argentina a través de puertos chilenos, el impulso a la construcción de puertos tanto fluviales como marítimos… Incrementar las exportaciones es vital para obtener más divisas y generar la descentralización equilibrada de la Argentina”. De nuevo aquí se hace referencia a la idea de producir más, de facilitar la exportación, de generar ingresos. Poco se hace referencia a que este incremento de la producción, ya la mayor parte de las veces, se hace a expensas del ambiente. Se avanza por un lado sobre ecosistemas naturales, también sobre áreas habitadas, y por otro se intensifican las actividades con mayor uso de insumos y tecnologías cuya producción y uso generan contaminación.
  • “…con el propósito de coordinar el uso estratégico de nuestros ríos creamos el consejo federal de la hidrovía…” Esta obra implica la modernización, ampliación, operación y mantenimiento del sistema de señalización y tareas de dragado y redragado y mantenimiento de la vía navegable troncal del Río Paraná. Esta gran intervención, sobre uno de los ríos más importantes de nuestro país, recibe críticas desde hace muchos años, dado que por el dragado establecido (movimiento y extracción de rocas y arena del río), el tamaño de los barcos y la frecuencia de circulación se afectará a los ecosistemas marítimos y costeros, incluidos los seres humanos que residen y obtienen allí sus medios de vida, por ejemplo, las comunidades costeras y los pescadores artesanales.

 Otras medidas son el desarrollo de fuentes de energía hídrica, eólica y solar, la creación de nuevos parques nacionales, la ley de bosques… pero estos serán temas para futuros números de la revista.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info