El dolor de ya no ser

Esta es la última vez que nos presentamos en sociedad con una edición impresa, en formato clásico, impregnados de esa bella épica del proceso de editar, imprimir, manejar papel y tintas, aromas y colores, efectuar correcciones –las famosas “pruebas de galera”- y luego apilar y salir a caminar, organizar junto a otros integrantes del staff pequeños circuitos de distribución, totalmente artesanal, de las Huellas Suburbanas en papel. Y así, durante 9 años y 4 meses, fuimos llegando a instituciones públicas y privadas, comercios de barrio, fábricas, trabajadores de mil oficios, desocupados, manteros, “trapitos”, remiseros, colegas… y también dirigentes políticos. Recorrimos el Conurbano oeste, nuestro punto de enclave básico, es cierto, pero también alcanzamos cercanas o lejanas latitudes, como la propia CABA, y más allá; Rosario, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Formosa, Catamarca, Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca, Bariloche, Junín de los Andes, Ushuaia, Tolhuin, Campana…. Sin omitir mencionar fronteras afuera, lectores y colaboradores en Bolivia, Venezuela, Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Francia, Suiza y… la distante Rusia.

Así las cosas, nuestro slogan, que habrán visto muchas veces en la parte superior de la página 2 de la versión impresa, “Una revista que camina”, hizo honor a tal concepto, en un total y discreto silencio a lo largo de esta casi-década, signados por esta dinámica de circulación.

Pero ya no volverá a ser.

¿Alguien adivina las razones básicas? ¿Mera modernización? En absoluto, ya que estamos preparando un intenso cambio en todo nuestro perfil para la nueva Huellas Suburbanas totalmente digital, que se abre paso de forma inminente, un poco con entusiasmo por la renovación y avidez de que lleguen nuevos desafíos, y otro poco por extrema necesidad.

También es muy cierto que debemos, y pretendemos, revisar el qué, el cómo y con qué herramientas comunicamos a las generaciones más jóvenes acerca de hechos puntuales de una realidad más áspera y sórdida de lo que alguna lejana vez pudimos haber soñado construir.

Entonces, hay que adentrarse por completo en un formato digital, si bien ya existente y en franco desarrollo, pero que optimizaremos en sumo grado, incluso otorgándole más preponderancia a lo audiovisual, en paralelo a lo gráfico propio de la publicación.

Pero, ¿Por qué otro motivo fenece la versión impresa de Huellas Suburbanas, e incluso el resto de su estructura se prepara a seguir caminando por un tembladeral de privaciones, limitaciones e incertidumbre?

La respuesta es más que obvia: No nos fundió el futuro gobierno neomenemista, de quienes quizás nos ocupemos parcialmente a futuro, si bien el grueso de la renovación temática y estética de Huellas va a transitar por otros carriles no necesariamente ligados a los dimes y diretes de la política frente-partidaria que todos harto conocemos. Como enunciaba antes, a la edición papel de Huellas Suburbanas la noqueó, y luego la sepultó la pésima política económico-financiera del negador serial de yerros y dislates, que resultó ser el saliente mandatario Alberto Fernández, más interesado en rubricar algún acuerdito de impunidad para volver a su “metié” del atildado catedrático en la, geográficamente, lejana España, que en permanecer para colaborar, si cabe, a pulsear contra quienes llegan en su reemplazo, con una avidez demasiado explícita por devolver el “orden de las cosas” previas a 1916, en esa obscena falacia de la Argentina Potencia, que enriquecía faraónicamente a un puñado de familias, y se sostenía sobre la existencia de un ejército de hambreados, explotados, hacinados en ranchitos rurales o en la ignominia de tener que resistir, toda la vida en muchos casos, en la precariedad de un conventillo, sin ninguna clase de dignidad por más elemental que éstas fuesen.

También, ¡Cómo olvidarlos! Aportaron su ladrillo a esta pared del cierre de la versión impresa de Huellas Suburbanas, los múltiples cantos de sirena y promesas sobre el bidet con que decenas de dirigentes, políticos y sindicales, procuraron endulzar nuestros oídos en ocasiones ya remotas, para luego incumplir cada una de sus proposiciones de ayuda publicitaria, cuando no directamente cruzarse de vereda y negarnos el saludo, vaya uno a saber por qué razón. A quienes corresponda, y que leen estas líneas y saben lo que hablaron de más sin sonrojarse, les damos las gracias. Sin la inestimable “ayuda” de ustedes, habría sido mucho más difícil emprender todo este vasto nuevo proyecto, abundante en cambios, reformas, y ejes que van a quedar en el camino, tal el formato con el que nos estamos preparando para volver en poco más de un mes.

Asimismo, en un país que, pensado éste como un todo paradojalmente atomizado, define una y otra vez que las salidas a sus crisis transitan los carriles de retornos sistemáticos a las viejas matrices de pensamiento conservador y (siendo prudente) filo-racistas, huelga admitir que tampoco es de utilidad persistir aplicando las mismas herramientas de siempre, los mismos conceptos de siempre, la misma pedagogía de siempre, cuando los resultados no electorales, sino en cuanto a la configuración socioeducativa y en la generación de sentido común entre vastos sectores de nuestra sociedad, distan muchísimo de mostrar una evolución real.

Es una linda oportunidad, entonces y dadas las circunstancias, de dar una vuelta de página en toda nuestra línea, y animarnos a explorar fórmulas renovadas, herramientas tecnológicas más jóvenes, problemáticas y ejes de interés en un segmento social al que no hemos podido ni sabido ofrecerles un espacio acorde a sus búsquedas dentro de Huellas Suburbanas. Reconocer con un toque de nostalgia los esfuerzos realizados, y aventurarnos a un proceso de transformación editorial que, a lo largo de 2024 promete ser muy profundo y traer una gran batería de sorpresas e innovaciones para nuestro público lector actual, y los que se sumarán.

A quienes puedan armar bonitas mesas para estas fiestas, mis deseos de felicidad, tolerancia, amor no ficcional de circunstancia, sino genuino, y no confrontación durante esos momentos. A quienes ya no lleguen a preparar una mesa decente por culpa del desmadre económico inflacionario sin final a la vista, les reservo lo mejor de mí, que es un gran abrazo con el alma a flor de piel. Entre pobres nos entendemos a la perfección. Nuestro último dique, es y siempre será el derecho al afecto recíproco, y a conservar el humor y el derecho a la risa, hasta en los peores abismos.

Nos volvemos a encontrar el año próximo!

Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com