AL GRAN PUEBLO ARGENTINO: ENFERMEDAD

Buenas tardes, ¿Cómo les va?, ¿Qué tal? Tanto tiempo

Bueno, he aquí una pulga adentro de una oreja, salta que salta.

Por estos días me encuentro dando vueltas con una primavera que no termina de empezar. De día hace calor y cuando empieza a bajar el sol, comienza a soplar un viento fresco que la deja a una dando vueltas, buscando alguna oreja recalentada, para buscar abrigo vió…

Dicen que las orejas se calientan cuando alguien se enoja, y así fue que me encontré adentro de un colegio de Médicos, y digo médicos porque así se llaman, no esperen la inclusión por la que Cecilia Grierson aboga desde el billete de más alta denominación a la fecha.

En fin, les decía que me encontré adentro de una oreja de un especialista que ya ni recuerdo, porque había varios representantes de muchas especialidades.

Ahí me enteré que los médicos atienden personas con alguna afección en su salud. La gente puede ir a un hospital donde se atiende de forma gratuita y el Estado les paga un sueldo mensual; puede ir a un consultorio donde su obra social cubre el costo de la consulta, pero la persona afiliada no paga; puede ir a un consultorio donde una empresa de medicina prepaga cubre el costo de la consulta, y la persona afiliada tampoco paga, y finalmente puede ir a un consultorio y pagar la consulta en forma particular.

Todos estos sistemas forman parte de la “salud pública” en tanto que están fuertemente regulados por el Estado.

Acá hay un médico que se tomó el trabajo de sacar la cuenta de cuánto cobran la consulta que hacen por medicina prepaga/obras sociales. Le descontó los gastos que implican tener un consultorio, y también destaca que tardan entre tres y cinco meses en cobrar. Finalmente, el valor de la consulta va desde 592 hasta 1216 pesitos.

Recuerdo haber estado adentro de una oreja, también calentita, cuando se dirigía a pagar la cuota de su prepaga y rondaba los 200.000 pesitos. También recuerdo, ya ni sé dónde lo escuché, que además del porcentaje del sueldo de cada asalariado en relación de dependencia, cada tanto el Estado les otorga a los sindicatos una buena parva de billetitos para reforzar el sistema de obras sociales. Siempre son números grandes, tanto que no llego a entender cuánto es.

Mientras escuchaba las quejas y recordaba cuánto recaudan los verdaderos dueños de la salud y la enfermedad, pensé ¿Por qué no van a prender fuego las empresas de medicina prepaga y las obras sociales? Porque ahí está la guita.

Después de un buen rato de contar sus miserias, alguien alza la voz para proponer una solución. Justo era el que me estaba alojando dentro de su oreja, así que pensé “este tipo me escuchó”. Yo soy una simple pulga, así que quizás por ser mi cuerpo tan diminuto pienso bastante más rápido que los humanos.

Ahí empecé a sacar mis propias cuentas de las conversaciones que escucho en los supermercados, cuando la gente se queda atónita viendo cómo aumentó un producto desde la última vez que lo compraron. Esas personas llegan a balbucear “la inflación” como un mantra que arroja un número de más del 100% anual. Volviendo al monto de las consultas, puedo entender que se tarde en pagar el primer mes una consulta, hasta verificar los datos del profesional, pero según parece SIEMPRE conservan esa demora en soltar los billetitos y tampoco actualizan los montos de las consultas.

Bueno, cuestión que enseguida pensé este tipo, siguiendo mi consejo, va a proponer el reclamo a la “patronal” que es quien finalmente agarra la platita (mucha), la retiene (mucho) y finalmente les paga (poco). La ecuación es tan evidente que me preparé para escuchar los aplausos ante esa (MI) propuesta.

Resulta que para mi sorpresa la sugerencia fue “Cobrémosle al paciente un bono que no sea reembolsable”

Ahí me caí del pabellón de esa oreja directo al cerebro, de donde salí saltando tan rápido como pude, porque hacía mucho frío ahí adentro.

Medio confundida todavía, me encontré adentro de la oreja de una persona que estaba haciendo una fila eterna para reclamar a la superintendencia de servicios de salud porque su prepaga le negaba medicación necesaria para sobrevivir. Según contaba, entre lágrimas, le faltaba algún papelito insignificante. Cuando la atienden en este organismo, le dicen que “no pueden hacer nada porque cada quien pone los requisitos que considera, y ahí no se meten con eso”. Recuerdo otros reclamos que escuché hace años en ese organismo y era realmente la pesadilla de los poderosos, que se apuraban a cumplir para evitar tener problemas con “la Súper”.

Cuestión que el domingo terminé leyendo el diario desde el borde de una oreja, en el que decía que estos tipos que son dueños de la salud y de la enfermedad de las personas, iban a denunciar penalmente a los médicos que cobren este “bono no reembolsable”.

Pienso, ya entrada la noche y con un poco de frío, que esa gente no tiene conciencia de clase (eso lo aprendí una tarde en la fotocopiadora de la facultad de filosofía). No saben luchar por sus derechos, o por una remuneración acorde a lo que dicen que tienen que gastar, no sólo en consultorio, secretaria, servicios, impuestos, sino en cursos para actualizarse y congresos a los que tienen que asistir. Claro que estoy pensando en los que no son “esponsoreados” por los grandes laboratorios, y prueban esa dulce miel de la que quizás algún día les cuente: LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA.

Moraleja: el que no sabe dónde está la guita, nunca la conseguirá. (El que no hace palmas se deja, se deja).

Mejor me voy a recorrer la ciudad en busca de una cálida oreja. Pensé en ir al Ministerio de Salud, que es donde se debieran regular estas cuestiones a favor de la ciudadanía (profesionales de la salud y pacientes) para evitar abusos y garantizar el acceso a la salud.

Desistí porque ahí hace mucho frío, voy a pasar la noche en la oreja de un candidato en este mes electoral, así duermo tranquila.

Y así, despierto en un yate en Barcelona, rodeada de regalos caros y champán. Cada vez estoy más confundida….

La Pulga en la Oreja
lapulga@huellassuburbanas.info