A LOS MAESTROS EN SU DIA – 11 de Septiembre de 2016

Por Luis Furio
El mundo, en una lenta pero progresiva marcha globalizante, ha dado por tierra con todo aquello que fuera parte sustancial de nuestra historia social. A la inversa, se originaron cambios culturales de profunda raigambre cristiana patrimonio sustancial de nuestra Fe, desconfianza en la palabra dada, fractura y vaciamiento moral de difícil solución. De hecho, esta cíclica tragedia afecta especialmente a la sociedad argentina y su juventud. 

Vivimos un período de descreimiento, un cambio de época, una dolorosa y conflictiva etapa de transición, englobando en esta suerte de hipnosis colectiva a quienes son los hacedores de la cultura: los maestros. Se impone entonces una aguda reflexión. 

Es en el campo de la educación donde se establece el germen del futuro de una nación y el bienestar de futuras generaciones. La polarización del Siglo XX está sepultada en el pasado y lo que se discute hoy en el mundo es: inclusión o exclusión. El dilema es si avanzamos o retrocedemos en su realización.    

Es la educación el factor de cohesión y desarrollo social que promueve la inclusión, base sustancial para construir una sociedad más justa, garante de condiciones dignas para el ejercicio de sus derechos y el desarrollo de sus posibilidades. Nunca fue tan claro como en este Siglo XXI la noción de que saber, es poder. Cuantos más habitantes sepan y aprendan algo, más instrumentos tendrán para obtener sus derechos.          

En este contexto la educación no puede ser considerada una política sectorial, sino como la clave de una estrategia de política cultural nacional.

Con ustedes, los maestros, comenzamos a recuperar la idea de un promisorio futuro compartido. Con ustedes, inculcando en el alumnado el imaginario de una nación más integrada y más justa, convencidos de que educar es invitar a crecer, a madurar, a ser.


Con ustedes dispuestos a ingresar en la historia. A paso de vencedores.      
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