Un nuevo modelo de desarrollo para reconstruir la nación

Por: Lic. Santiago Muñiz

Politólogo

El proceso de descomposición que atraviesa el macrismo, como reflejo y representante de la hegemonía occidental, globalista y financiera, lejos está de explicarse a partir de los errores y las impericias cometidas por el actual gobierno. Son dos variables las que dan cuenta de esta situación: por un lado, el dogmatismo ideológico que achica las posibilidades de imponer medidas disruptivas para enfrentar una crisis –léase aplicar control de capitales y regulación estatal en el minuto 90 del partido; por otro lado, una lectura errada sobre la disputa geopolítica multipolar entre occidente y Eurasia, y la consecuente crisis civilizatoria en los países de la periferia mundial, como ser Argentina.

El pragmatismo “bueno” sugiere enamorarse  de los objetivos y nunca de las herramientas. El mundo que sueña el macrismo se hizo añicos con la crisis mundial del 2008, es decir, la fecha de defunción del Consenso de Washington. La unipolaridad financiera y globalista explotó como una burbuja, y dio paso a la articulación de una multipolaridad emergente coordinada por China y Rusia, y la sumatoria de naciones periféricas en desarrollo.

Este proceso de crisis global y sistémica promueve el surgimiento de un neonacionalismo  que pone de manifiesto medidas proteccionistas y echa por tierra la tan querida utopía del comercio libre internacional articulado entre potencias manufactureras y  economías primarizadas.  Asimismo, este proceso de crisis civilizatoria quiebra los principales pilares del orden político, económico y cultural.

La historia no se repite, porque día a día escribimos nuestro destino como individuos y como comunidad. Sin embargo, hay procesos históricos que tienen lógicas parecidas.

La Gran Guerra del siglo XX (1914-1945) tuvo su principal motor en la disputa de las potencias capitalistas por la hegemonía mundial. Gran Bretaña comienza a desacelerar su crecimiento por la contracción del mercado y Alemania empuja por ocupar la centralidad, trasladándose el conflicto desde las colonias hacia el centro del poder europeo. Entre guerras tenemos la crisis financiera del 29´ que materializa el fin del liberalismo hijo de las revoluciones burguesas que se desarrollan entre el siglo XVIII y XIX. La respuesta a esta crisis sistémica que deja atrás al orden liberal fue el nacionalismo fascista. La crisis de los valores liberales, la crisis de representación política fue el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de estas expresiones, que supo articular las novedades de la tecnología en la comunicación política, el nacionalismo, y el resurgimiento de los valores tradicionales de la sociedad.

Ahora volvamos al presente: ¿No fue la crisis de 2008 la ruptura del sistema unipolar del Consenso de Washington, al igual que la de 1929 como expresión final del sistema liberal? La pugnas entre potencias capitalistas posterior a la crisis de 2008 (EEUU-China), ¿No se mira en el espejo de las disputas que afloraron luego de las crisis del 30 y que terminaron en la segunda guerra mundial? Si la respuesta política al mundo de entreguerras fue el fascismo, ¿No encontramos una tendencia en Trump, el Brexit, y el surgimiento de la derecha en Europa, como la respuesta a la crisis sistémica actual?

En este mundo está inserto nuestro país. El error de cálculo del macrismo y su dogmatismo ideológico, no solo no contempló las herramientas necesarias para enfrentar la volatilidad y la crisis internacional, sino que también, produjo un proceso de descomposición en su alianza de poder local.

Los desafíos a partir de diciembre se vislumbran en dos etapas. En primera instancia un proceso de reparación social limitado por la fragilidad económica y por un nuevo gobierno que no va a disfrutar los cien días de luna de miel que siempre tiene un  proceso político nuevo. En segundo lugar, una acción programática y un rediseño de la alianza local e internacional para lanzar un modelo de desarrollo con capacidad de instalarse en un contexto en el que globalismo financiero neoliberal está en plena crisis. El proceso de crisis de las principales potencias y un mundo que se cierra en esa disputa multipolar son un escenario de oportunidad para profundizar un proceso de sustitución de importaciones que reconstruya el mercado interno y el empleo industrial. Sin embargo, el salto cualitativo en esta instancia deberá introducir valor agregado y producción de bienes de capital para evitar la restricción externa que experimentó el primer peronismo y el kirchnerismo en la estrategia de industrialización.

En su primera presentación del libro “Sinceramente”, CFK planteó la necesidad de construir un nuevo contrato social.  Cuando una nación acuerda estos principios responde a tres preguntas: a) ¿Quién es el soberano y qué forma de gobierno nos damos para administrar los intereses de nuestra comunidad?  b) ¿Qué vamos a producir para subsistir?; y c) ¿Cómo se distribuye la riqueza producida?

Los últimos dos interrogantes son la base del debate social y político que debe llevar adelante la sociedad argentina de cara a la etapa de reconstrucción que se inicia en diciembre.

Para cumplir este objetivo, es determinante reconstruir un Estado que recupere el rol de rectoría política, que marque las pautas de un patrón de desarrollo que garantice empleo y justicia social, y principalmente, que fije las pautas de renta de cada sector en función del bienestar social y la realización del individuo y la comunidad.

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Colaboradores diversos Huellas Suburbanas
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