Uchuraccay: 8 Periodistas muertos en busca de la Verdad

Por: Dr. Juan Miguel Jugo Viera,

desde Perú

El Perú de los años 80 estaba signado por la violencia desatada por el grupo Sendero Luminoso, de orientación “Maoísta” y que tenía por objeto la “Toma del Poder mediante las armas” y el sometimiento al pueblo, en este caso peruano.

Durante el primer quinquenio gobernaba el Perú don Fernando Belaúnde Terry, quien en diciembre del año 1982, ordena a las Fuerzas Armadas hacerse cargo del problema subversivo, en la región de Ayacucho, lugar donde el grupo armado había logrado liberar a un grupo de sus miembros presos en la cárcel de la ciudad de Huamanga, capital de Ayacucho.

Durante los siguientes meses, se comenzaron a reportar denuncias de muertes de muchos campesinos con huellas de haber sido sometidos a torturas y otros tratos inhumanos y degradantes, que abrieron los ojos de la prensa limeña. Además que se deslizó la sospecha de que en las alturas de la provincia de Huanta, en la localidad de Uchuraccay, se encontraba un campo de entrenamiento militar con instructores que habían venido de Argentina, especialistas en “Guerra sucia”.

Jorge Luis Mendivil, Jorge Sedano, Amador García, Félix Gavilán, Pedro Sánchez, Willy Retto y Eduardo de la Piniella, a ellos se les sumó Juan Argumedo, iniciaron un viaje a las alturas ayacuchanas, donde el 26 de enero de 1983 encontrarían la muerte, en la zona denominada Uchuraccay (Hoy distrito de Uchuraccay)

Los  ocho periodistas entraron a buscar la noticia en una tierra desconocida que estaba convulsionada por las masacres de Sendero Luminoso y la respuesta del Ejército Peruano. Según las investigaciones, una patrulla militar había pasado por el pueblo dejando la indicación de que los pobladores exterminaran a cualquier extraño que se presentara, como medida de protección.

Los periodistas, fueron masacrados y asesinados de manera brutal, con machetes, piedras, lanzas  y otros objetos contundentes, dándoles una muerte muy violenta y trágica. El gobierno de ese entonces formó una Comisión Investigadora, presidida por el escritor Mario Vargas Llosa, quien llegó a un conjunto de conclusiones donde responsabilizaba a los campesinos de la zona de la muerte de los ocho periodistas.

Han existido muchos libros escritos sobre esta masacre, la Comisión de la Verdad, (Investigación realizada entre el año 2001 y 2003) ha documentado un conjunto de situaciones que hablan de la responsabilidad material de la muerte de los periodistas[1].

Las investigaciones de los últimos años no avanzan en el sentido de la responsabilidad política de las muertes. El abogado de los familiares de Uchuraccay, el Dr. Julio Falconí Gonzales[2], sigue sosteniendo la tesis, de la presencia militar internacional en la zona.

Falconí, afirma “que desde que se cometió el crimen, el Estado ha impedido que se conozca cómo y por qué murieron los comunicadores, y el castigo a los autores intelectuales del asesinato”. Señala que en el Caso Uchuraccay hay hechos “debidamente comprobados, pero jamás aclarados como que a los ocho periodistas se les haya permitido pasar sin ningún problema los controles militares hacia Uchuraccay, así como la presencia de una patrulla militar en esta localidad el 24 de enero de 1983, es decir, 48 horas antes de la matanza”[3].

Lo real es que a partir de esa fecha, la presencia de periodistas en la zona, era muy riesgosa, pasamos a tener una guerra interna sin testigos imparciales, como son los y las periodistas. Los que se atrevieron a investigar los casos de violaciones a los derechos humanos, pagaron con su vida: Hugo Bustios, Jaime Ayala, Luis Morales, Leonor Zamora entre otros y otras periodistas que dieron su vida por llevar la información a toda la población.

El caso actualmente se encuentra en el sistema Interamericano CIDH y se viene solicitando al Estado Peruano aceptar una solución amistosa, para investigar, sancionar y señalar a los responsables, así como indemnizar a los familiares de las víctimas. Han pasado 38 años, ya es hora.

[1]https://ojo-publico.com/26/los-ultimos-secretos-de-uchuraccayOtra investigación, de corte académico, permitió confirmar que la masacre no fue un acto espontáneo de pobladores desconcertados, sino el resultado de una decisión formal de la comunidad. El historiador Ponciano del Pino ubicó un acta presentada en su momento a la subprefectura de Huanta y firmada por los pobladores el 1 de enero de 1983, semanas antes de la tragedia. Se trababa de un memorial en que los comuneros se comprometían a organizarse y defender su pueblo. El documento, recogido por Víctor y Jaime Tipe para su libro, había sido firmado a instancias de una patrulla militar que recorrió la zona por esos días para promover la creación de comités de autodefensa. “Los jefes de la patrulla felicitaron la decisión y se comprometieron a enviar apoyo apenas la comunidad requiriera respaldo en su lucha contra las columnas senderistas, mientras los comuneros enseñaban las lanzas con las que solían defenderse los antepasados de Uchuraccay en las peleas intercomunales”, señala la reconstrucción de los hermanos Tipe. Los comuneros estaban preparados para una guerra cuando el equipo de periodistas llegó a la zona sin protección.

[2]https://www.worldcat.org/title/caso-uchuraccay-las-claves-de-un-complot-contra-la-libertad-de-expresion-ayacucho-peru-enero-de-1983/oclc/709610391

[3]Idem

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