Uber o la Uberización del trabajo

Por: Gabriel Orlando

Taxista de Morón

Es cierto que la explosión masiva de aplicaciones digitales como medios alternativos de acceder a distintos bienes y servicios es un hecho consumado en nuestras sociedades actuales. Lo que hasta hace un tiempo era privilegio de algunos, hoy se convirtió en la forma habitual de pedir y adquirir desde alimentos (deliverys de comida) hasta servicios de uso necesario como el transporte: UBER CABIFY, DEE DEE, e innumerables recursos para la vida cotidiana. Sobran motivos para decir que estas herramientas tecnológicas se le imponen a los trabajadores al momento de cumplir con sus tareas habituales, y resulta ser en estos tiempos, indispensable contar con celulares y conexión a internet para adaptarse a los nuevos ritmos de trabajo. La producción se ha reorganizado y en torno a ese punto, el trabajo reviste otras formas sociales, dotado de avances de última generación.

Sin ánimo de ocultar las modificaciones en el proceso de trabajo, para beneficio o desventaja de los que venden su fuerza de trabajo por un ínfimo ingreso para vivir, asistimos a una nueva revolución tecnológica y el consecuente posicionamiento del lucro empresarial en desmedro de los derechos laborales más básicos. Estamos en lo cierto si entendemos la actualidad como una nueva reestructuración de la extracción de ganancias (mayor plusvalía) al menor costo posible para la clase capitalista, trasladando la carga a los asalariados, que a pesar de estar cada vez más comunicados con los consumidores, se ven forzados a  aumentar sus horas de trabajo, recayendo en ellos los gastos de mantenimiento de sus herramientas para trabajar (mediante leyes que así lo permiten) y volviéndolos verdaderos robots como en una película de ciencia ficción.  El factor tiempo pasa a jugar un papel preponderante en la necesidad de elevar las ganancias del empresariado, y en mayor o menor medida se descarga el peso en las espaldas de los nuevos obreros informatizados.

Empresas como Uber, Glovo, Rappi son la cara visible de la moneda del dominio económico trasnacional actual: ingresan en los países periféricos y en emergencia económica, incumplen con todas las normativas de los Estados Nacionales, y una vez allí, convertidos en empleadores masivos, imponen con rigor y sin censura su disciplina laboral, pautas y condiciones. He aquí la nueva desregularización laboral que ha sido primero de hecho y luego pretende instalarse como ley – igual que en Brasil-, bajo la pomposa denominación de reforma laboral, tal como anhelaba aprobar la gestión pasada después de sancionarse su ley paralela, me refiero a la modificación previsional, tratada por el Congreso de la nación a sangre y fuego en diciembre de 2017.

El panorama que asoma en las calles, con gente ofreciendo su voluntad para trabajar, a los que  además los patrones les marcan que  deben disponer de sus herramientas (nueva modalidad de las empresas contratantes) muestra un cuadro de flexibilización laboral en la práctica cotidiana, que arrastra a los trabajadores que se desempeñan en todos los rubros y/o actividades. Como mencionamos en la primera parte de nuestro artículo: se da un marco de precarización o “uberización” de todos los empleados, de transporte, de alimentos, de comercio, etc. Y quienes son renuentes a este clima laboral, permanecen ajenos al proceso de trabajo, es aquí donde actúa la competencia desleal: si los precios de los servicios ofrecidos son bajos en el mercado, funciona como guía a partir del cual el resto de los trabajadores deberán reducir sus pretensiones para seguir de pie en el mapa, ofreciendo sus productos elaborados en un precio inferior a lo que demandó su elaboración.

La uberización de la economía es una nueva fase de la ambición de maximizar ganancias por el empresariado trasnacional, todo al menor costo,  siendo que no se tienen en cuenta las cargas sociales, más horas de trabajo, un salario a cuentagotas que  apenas puede alcanzar para la subsistencia diaria, todo el combo de la mano del nuevo paradigma tecnológico. En ese escenario, la lucha no debe ser contra el uber, sino contra la uberización de nuestra economía respaldada por la complicidad silenciosa de una dirigencia sindical conservadora y políticos no ajenos a recibir propinas.

A fin de cuentas, en todo este planteo entendemos la destrucción del trabajo como factor productivo, el tiempo de trabajo reconocido socialmente para comprar productos, ya sean alimentos y demás que hacen a la vida diaria, se vuelve más prolongado y menos redituable, siendo entonces la explotación del hombre por el hombre moneda corriente, aún fuera de las fábricas y en plena era digital.

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Colaboradores diversos Huellas Suburbanas
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