Sobre el “núcleo duro” macrista

Por: Gustavo Zapata

Profesor de Historia

Como un lugar común, pereza de pensamiento que no desmenuza etiquetas, la hipnosis costosa que suelen llamarse medios y redes, sintetizan así al colectivo de individualistas (con o sin sustento dolarizado), egoístas, fascistas y proto, evasores, anti-política (que siempre “hacen política”contra), indignados desde el ombligo, resentidos por merecimientos auto-asignados no reconocidos, entre otras variantes de la miseria moral.

Una pregunta que siempre me hago es si en esta carrera por eludir la muerte que se llama pensar, sentir y actuar, alguien tiene derecho de irresponsablemente hacer cualquier cosa (que la ley, policía y jueces venales obvien) para preservar la propia concepción de existencia. Si vivimos en un mundo tan caótico que se debe solo vivir en la permanente defensiva, oponiendo a cualquier peligro potencial o ilusorio (su propio miedo proyectado) un arma o la actitud de los depredadores. Si el/la otro/a es sólo un acto de agresión, una entidad de límite negativo y amenazante. La vieja metáfora de los lobos.

Hay quien pone a ese frasco moral contenido racial, religioso, ideológico y todas las variantes de la discriminación condenadas por la ley, pero permitida en nuestros usos y costumbres capitalistas, occidentales y machistas.

Pero no solo permitida, sino elevadas a la categoría de perfil de votantes por las encuestas que los beneficiarios de estos prejuicios emiten bajo la forma de núcleo duro. Desde esa tarima en la que entra uno solo, disparan el odio/temor en palabras, insultos, actitudes, memes, opiniones, votos y, cuando la situación los desborda (y las instituciones en las que creen solo para exclusivo beneficio, fallan), linchamientos físicos, gaseamientos, fusilamientos y delicadezas similares.

La religión habla en abstracto a estos poderosos (y vocingleros) financistas de mercenarios con armas mediáticas. Los políticos conservadores los miman, porque necesitan esa carga infecciosa para proteger sus propias trapisondas, alianzas espurias con “la” embajada, vicios privados e incapacidades públicas. La mala conciencia de propia sociedad que apoyó dictaduras, desfalcos y negociados noventistas, asesinatos y desapariciones en democracia, que voto el cambio…es el ámbito donde se cultiva ese odio/temor concentrado que trata la economía como si fuera la naturaleza, donde no hay culpables ni responsables. Teatro donde los éxitos personales se construyen sobre perjuicios colectivos.

Es desagradable convivir con aspirantes a justicieros, justificadores de la injusticia siempre contra los más débiles, ostentadores del odio hacia su propia proyección de terror al distinto, pobre, mujer, joven, extranjero/de piel oscura, peronista,  judío, homosexual… la lista se alarga hasta toda la variedad humana de lo que no glorifica la propaganda del mercado. Por eso es preciso pensarlos y desarmarlos. No solo del dinero que los protege, sino de los argumentos y la dudosa filosofía que los amontona.

Es en esa trinchera ética donde se juega el destino no solo de nuestro país y sociedad, sino de la especie humana.

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