Severo Chumbita, El Hombre de La Causa Latinoamericana

A los pueblos de Chumbicha y Aimogasta

 Para hacer un análisis de la prehistoria e historia de nuestra patria y América comenzaremos diciendo que tenemos más de 10.000 años de prehistoria y 3.000 años de culturas y civilizaciones que se fueron extendiendo a lo largo y a lo ancho de la misma. Más precisamente en nuestro Noroeste Argentino, parte de esos 14 ranchos que para la Oligarquía era la Patria profunda y que el Mitrismo, en boca de Sarmiento, sostenía que el problema de la Patria era su extensión.

Un 12 de octubre, se apagó para siempre la figura del único caudillo que no fue muerto por la guerra de policía del ilustre maestro sanjuanino y que fue enjuiciado por la Suprema Corte de la Nación, ese caudillo se llamó Severo Chumbita. Hijo de un cacique indio de la última estirpe de los indios Chumbichas, cuyo abuelo José Francisco fue cacique, partió a Buenos Aires en 1803 a defender un pleito sobre el derecho del agua ante la autoridad virreinal Del Pino. El mismo fue sorprendido por las Invasiones Inglesas, destacándose en la defensa de Buenos Aires, donde muere con gloria ante este hecho histórico que la Patria debió vivir. El litigio por el cual se había acercado a Buenos Aires era el que tenía con los Del Moral por unos regadíos de las aguas que la comunidad de Aimogasta tenía para sus sembradíos. Estos pleitos duraban años -que costaban sangre y fuego para buscar la solución de los mismos.

Severo Chumbita nació en Machigasta, departamento Arauco, provincia de La Rioja, fue el lugarteniente del General Ángel Vicente Peñaloza y del Coronel Felipe Varela, caudillos de la causa federal, que a través de sus Montoneras luchaban por un mejor pasar para sus Patrias chicas y con un sueño muy elevado: el sueño de la gran Confederación, que fue el objetivo más alto y sublime de estos hombres, junto a sus pueblos defendían los intereses por encima de sus mezquindades y miserias humanas en aras de sacarse el yugo de encima del Unitarismo portuario y la ignominia que le imponía la oligarquía librecambista pro imperialista.

Severo Chumbita lleva en sus venas la sangre de 130 años que duraron las guerras calchaquíes ante el invasor. Las montoneras heredaron ese ADN que es la identidad de la Patria profunda, que no nació en 1810, sino que es la prolongación de estos pueblos guerreros con culturas y civilizaciones avanzadas que tenían muy en claro su identidad, la que continuó Moreno con su Plan de Operaciones, siguieron nuestros caudillos y se extendieron en las “Chusmas” de Yrigoyen y los “Cabecitas Negras” de Perón.

A veces hay reflexiones de la historia de que nuestro destino como Patria iba a mejorar trayendo obreros industriosos desde el norte de Europa como sostenía el primer Alberdi;  el segundo Alberdi, reflexivo creador de las Bases defendió a los caudillos y condenó la barbarie de la Guerra de la Triple Alianza contra el hermano pueblo paraguayo por orden del Imperio Inglés y de la Monarquía Portuguesa encarnada por sus lacayos brasileños, y los intereses espurios de una oligarquía putrefacta como la nuestra y la del Uruguay, la Suiza del sur.

El por entonces gobernador de Catamarca, Maubecin, mandó a hacer 500 grilletes “para defender la patria”, así marcharon acollarados nuestros gauchos al verde Paraguay, los soldados o las montoneras de Varela o de Chumbita se negaron a ir por un principio muy noble: que no iban a enfrentar al hermano pueblo paraguayo, esto es sinónimo de grandeza y civilización ante la barbarie unitaria mitrista, si bien hay todavía historiadores y algún trasnochado como Tulio Halperín Donghi, que esgrimieron y esgrimen en sus argumentos, mendaces y seudo historicistas, que las luchas de los caudillos eran cuestiones domésticas de intereses familiares ajenos a la patria.

Chumbita fue despojado de todos sus bienes y tuvo que huir a Chile para salvar su vida y la de su hija, la misma suerte sufrió Felipe Varela, este último, enfermo y triste, siempre esperando la respuesta a las misivas que le había mandado al General Urquiza, la misma nunca llegó, la única tristeza que invadió a estos caudillos fue el silencio de Urquiza, ya que sus vidas fueron de luchas, batallas, victorias y derrotas. Enfrentaban a la vida con deseos y anhelos, nunca flaquearon ante la adversidad.

Severo Chumbita fue tomado preso y llevado a juicio y acusado de bandolerismo, de perturbar el orden público y lo absolvieron porque sus causas carecían de sustento para las leyes unitarias. En 1880 recibe del general Julio A. Roca, quien fuese el Presidente de la República, el retrato de él dedicado de puño y letra donde lo llamo “amigo y compatriota”, le pide además que viaje a Buenos Aires “a fin de concederle el grado de General del Ejército Argentino y resarcirlo por los males que sufrió su hacienda y su familia” – cita el historiador Víctor Robledo en la obra que escribe sobre él. Chumbita le agradece y le contesta que “él lo hizo por la patria y por la unión americana que sostenía su coronel Felipe Varela”. Chumbita muere en Miraflores, su partida de defunción fue extendida el 12 de octubre de 1880.

A modo de reflexión, siempre nos preguntamos dónde esta nuestro ser nacional, que hemos investigado en muchas obras, entre ellas la gran pieza de Hernández Arregui “¿QUE ES EL SER NACIONAL?”, en la cual se encuentran reflexiones filosóficas, sociológicas y políticas, pero no alcanza a contener esta definición, pero creemos haberla encontrado en la reflexión de un pensamiento meduloso y rumiante de un amigo y compañero: el doctor Ricardo Lacroix, hombre de la Izquierda Nacional, quien me dijo que para encontrar el “ser nacional”, hay que adentrarse o meterse campo adentro, en nuestros pueblos provincianos y escudriñándolos en sus “ethos” encontraremos el ser nacional en nuestra Patria profunda, en nuestra Latinoamérica mestiza, he ahí la razón de ser de nuestros caudillos y la revolución inconclusa de los países semicoloniales, producto del colonialismo pedagógico y cultural.

Asimismo, disentimos con el título que le pusieron a la obra escrita entre Hugo Chumbita y Víctor Robledo “LA CAUSA PERDIDA DEL COMANDANTE SEVERO CHUMBITA”, estos hombre luchaban por una causa que todavía está abierta y que Latinoamérica no cerró, donde sigue buscando el Ser, para dejar de-ser-en-otro y ser-el-Ser-en-sí-y-para-sí, sellándola como la Gran Nación Latinoamericana.

La grandeza de Severo Chumbita podemos encontrarla en este ditirambo, que dedico a los pueblos de Chumbicha en Capayán, Catamarca y Aimogasta, en La Rioja: “Ya no me preocupan los teneres. Mi consuelo es salvar esta familia, a pesar de los malos momentos. Les vua´ dejar mis caballos, y mis mulas, con la tierra para trabajar. Y mi viejo espadón de comandante, por si hace falta volver a desenvainarlo por la patria americana. Hemos venido con Rosaura a visitar los pagos de Chumbicha, en los que tenemos tantos recuerdos de la época en que éramos jóvenes, y ande nos sentimos más unidos que nunca en este amor que dura ya treinta y pico de años. Cuántas memorias, cuántas batallas, cuántos sacrificios por defender la vida y la paz que hemos sabido gozar acá. Ojalá sirva de alguito a los que vengan después”.

Mesa Provincial Severo Chumbita

RICARDO SOLOHAGA, JORGE MEDINA, MARCELO REALES, JUAN PABLO NAVARRO, ANALIA GUNDIN, SILVIA FERREYRA, CRISTIAN MARTINEZ, PABLO MARCIAL.

Ricardo Solohaga
Ricardo Solohaga
Ricardo.Solohaga@huellas-suburbanas.info