¿Se viene una nueva oleada?

“Las transformaciones se dan por oleadas. La gente se articula, se unifica, crea sentido común, tiene ideas fuerza, se convierte en ser universal, es decir, ser que pelea por todos. Logra derechos, acuerdos, Estado, política. Pero luego pasa a la vida cotidiana. No puede estar en asamblea todos los días. Tienes que ir a ver qué va a pasar con tu hijo, con el crédito de la casa. Viene el reflujo. Pero luego, más pronto que tarde, puede venir otro flujo. ¿Cuándo será ese flujo? No lo sabemos. No está definido por una ley sociológica”[1]

En agosto de 2016 no eran pocos los que percibían que todo venía para atrás. El “macrismo” comenzaba a mostrar su peor cara y la situación era de derrota tras derrota en los procesos populares ¿Pero cuándo había comenzado el retroceso, hablando está, en términos latinoamericanos?

Muchos ubicaban la primera caída en el golpe que derrocó a Mel Zelaya en Honduras en agosto de 2009, luego en el 2012 vendría la destitución parlamentaria (Golpe blando) contra Fernando Lugo en Paraguay. Y luego una seguidilla trágica con la destitución de Dilma Rousseff, la traición de Lenin Moreno en el Ecuador y, si se quiere, el triunfo de Piñera en Chile.

Y entonces entre finales del 2018 y principios del 2019 todo pareció darse vuelta. Nadie a ciencia cierta puede decir, creo yo, que o quien dio la señal, tal vez, el triunfo al frente de un acuerdo de izquierda en México de Andrés Manuel López Obrador, la indignación ante un golpe de estado en Bolivia.

Todo es posible, lo cierto es que en la Argentina la oposición al “macrismo” comenzó a articularse; en Chile una revuelta popular por un aumento de tarifas termino arrancándole a un sistema postulado como modelo virtuoso, un plebiscito por una reforma constitucional, que la derecha termino perdiendo por más del 70% de los votos.

Claro está que no hubo un avance lineal de los pueblos, cuando aquí celebrábamos el triunfo del Frente de Todos, en Bolivia se daba un golpe de estado, claro que el mismo no duro mucho, la endeblez de una derecha ramplona y una resistencia popular a toda prueba terminaron arrancándole al golpismo elecciones, donde a pesar de las proscripciones, un MAS renovado triunfó superando el 55% de los sufragios.

Hoy terminamos el año con elecciones con avance de fuerzas populares (Chile, Bolivia) y dos revueltas que cuestionaron seriamente la supuesta hegemonía de la derecha en Perú y Guatemala.

Un párrafo aparte merecen las elecciones municipales brasileñas, donde si bien el “bolsonarismo” salió apaleado, avanzo una derecha tradicional que puede consolidarse, más allá del avance relativo de una renovación dentro de la izquierda (Boulos del Psol en San Pablo y Manuela Davila del PC do B en Porto Alegre); el PT de Lula también retrocedió.

En este análisis alguien puede querer meter el tema de la elección en EEUU, donde la derecha más desembozada aparece en caída, sin embargo creo que, en realidad, demócratas y republicanos son lo mismo. Ahora, sí lo que existe como cosa nueva en nuestro poderoso vecino del Norte es una rebeldía social, principalmente encarada por la población negra que de alguna manera genera crisis social y política, y puede estar influenciando positivamente en América latina.

Si queremos ampliar más aun la mirada sobre las posibles influencias, podemos ver que en España por primera vez después de la Guerra Civil, hay una alianza de izquierda en el gobierno con ministros realmente de “izquierda” y no socialdemócratas desteñidos en el gabinete. Y nuestros pueblos, aunque muchas veces lo “disimulemos” son de cultura española, nos guste o no, nos metieron su idioma y su religión como puntos centrales y en la cultura política la idea del “caudillo popular” infaltable en todo proceso revolucionario o popular.

Pero volvamos a nuestro continente, y veamos dónde estamos y que tendría que pasar para afianzar la existencia de una nueva oleada: hay elecciones en Venezuela casi cuando esta revista esté en la calle, sería importante que las mismas ratifiquen el camino bolivariano. En los primeros meses del 2021 habrá elecciones en Perú, Ecuador  y Chile; en sus resultados estará más claro el grado de madurez alcanzado por los movimientos populares.

Esto que enuncié son hitos de un camino, pero si vamos a lo sustancial, la pregunta es qué cosas no nos pueden faltar a los latinoamericanos para asegurar estos nuevos flujos. No planteo una receta, pero me animo a arrimar algún carboncito al fuego:

  1. Unidad entre los nuestros, en cualquier prejuicio o subestimación, en el más inocente jueguito de quien la tiene más larga está la clave del fracaso y el retroceso que, tratándose de Argentina seguramente arrastrará medio continente.
  2. Firmeza y paciencia, tenemos un programa que es un contrato con la sociedad, el cual hay que cumplir. Pero no se va a resolver en un día, claro que se puede ir más lento, explorar distintos caminos para arribar al mismo objetivo. Lo que no se puede es cambiar de rumbo.
  3. Ser profundamente solidario de pueblo a pueblo, no se puede soltar la mano de nadie, no se nos pueden caer compas en el camino.
  4. Pensar y actuar como latinoamericanos, somos parte de esta hermosa familia de casi 650 millones de almas y creo que tenemos un destino común.

Habría seguramente mucho más para decir, pero, entre otras cuestiones, habría que preguntarse: La última oleada tuvo acaso su pico máximo en la construcción de Unasur y la CELAC. La próxima oleada ¿Hasta dónde va a llegar?

[1]  Martin Granovsky .Entrevista con Álvaro García Linera: “Las transformaciones se dan por oleadas” 28 agosto 2016

Gabriel Sarfati
Gabriel Sarfati
gabriel.sarfati@huellas-suburbanas.info