Salando las heridas: La experiencia del FSMN, la organización obrera y el cipayismo de izquierda

El proceso político actual y sus efectos nefastos sobre el pueblo, resulta finalmente en el desarrollo y la organización de frentes unitarios de carácter nacional cada vez más sólidos. El sindicalismo argentino, atrapado entre la interesada parsimonia de la conducción de la CGT y la desesperante realidad de sus afiliados, signada por la sangría permanente de miles de puestos de trabajo, por supuesto no es ajeno a esta dinámica. La puesta en marcha del Frente Sindical para el Modelo Nacional y el inmediato rol central que asumió para la unidad del movimiento obrero organizado, generó las consecuentes embestidas de parte del poder concentrado, ya sea en su expresión más reaccionaria como de sus representantes “progresistas” o autodenominados “de izquierda”. Como si la experiencia histórica que atraviesan los trabajadores argentinos no fuera lo suficientemente dolorosa, la oligarquía suma sin cesar voluntariosos edecanes disfrazados de profetas de la revolución, prestos a salar su herida abierta sin importarle las consecuencias, de las cuales por otra parte suelen mantenerse prudentemente alejados, y con la soberbia propia de aquellos que se creen con derecho a señalar el camino sin atreverse a transitarlo.

Las alianzas que tejió el FSMN con los movimientos sociales y los sectores nacionales de la Iglesia Católica, lo fortalecieron y lo dotaron de un contenido de clase amplio, plebeyo y contundente, cuya última expresión pública en la masiva misa celebrada en Luján fue una muestra palmaria del poder político y la capacidad de acumulación social potencial que es capaz de desarrollar. La urticaria que éste síntoma produjo en el cipayismo de izquierda tiene a uno de sus vociferantes más virulentos en el órgano periodístico del PTS y por orden taxativo del Frente de Izquierda: La Izquierda Diario. Más allá del reconocido rechazo hacia todo lo que huela a popular que suele expresar la izquierda de prosapia conservadora, anti yrigoyenista, anti peronista y anti nacional en general, desde el nacimiento del FSMN su ataque recrudeció de manera significativa. Valgan algunos ejemplos. En su editorial del pasado 5 de septiembre, en ocasión de la presentación del FSMN, el escriba Ulises Valdéz* dedicó generosos párrafos a fustigarlo, caracterizando despectivamente las alianzas que le dieron vida como una muestra de debilidad del moyanismo “sin la fuerza para imponer condiciones”, ninguneando de este modo al resto de las expresiones gremiales que aportan al Frente. De la misma manera, y con la misma irresponsabilidad, se lo señala como un armado con “la idea de pechar en la CGT para disputarle espacio al triunvirato”,  y de tener como único horizonte juntarse “con las pymes, la Iglesia y el PJ” para “contener el malestar en 2018. Y prepararse para las presidenciales de 2019”, negando la progresividad histórica de un frente sindical opositor dónde confluyan expresiones con un contenido de clase tan amplio como los veintiocho puntos de la Corriente Federal (despreciados en el mismo artículo por “nacionalistas”), el moyanismo, los gremios industriales históricos como la UOM y el SMATA y las dos CTA.

Lejos de evaluar esta experiencia en el marco de lucha general contra el saqueo de la corporaciones, eminentemente nacional y profundamente social, estos espacios de la pequeña burguesía radicalizada autodenominada “trotskista”  se dedican a romperlos, generando a través de algunos pocos triunfos en algún gremio o alguna comisión interna “congresos combativos”, puros, sin “burocracia”, ni “inconscientes de clase”, ignorando incluso las conclusiones del mismo Trotsky quien supo señalar la necesidad de plantear la lucha sindical desde dentro de la confederación general a los fines de no aislar a los trabajadores de las organizaciones de masas. En tal sentido reflexionó León Trotsky: “solamente los sectarios o los funcionarios pueden preferir una mayoría segura en una confederación sindical pequeña y aislada en vez de un trabajo de oposición en una organización amplia y realmente masiva; nunca los revolucionarios proletarios […]  Son los reformistas y no nosotros los que pueden temer la unidad sindical.” La sola comparación de esta definición con el comportamiento de la Izquierda Cipaya habla por sí misma; el rol sectario de estos grupos ante la perspectiva de un avance del nacionalismo revolucionario y la activación de mecanismos de movilización que sean capaces de llevarlos hasta sus últimas consecuencias, trascendiendo la dialéctica Patria-Colonia, responde a las demandas directas de las corporaciones y a esta altura de las circunstancias es muy difícil darles el beneficio de dudar sobre su intencionalidad. No es mero temor a la tierra incógnita, no es fidelidad a la lucha de clases: es desconocer el carácter dialéctico, desigual y sinuoso del torrente histórico que retuerce en su marcha a nuestro pueblo, a sus victorias y a sus derrotas. Son adalides de una revolución que como decía Trotsky, “ocurrió hace mucho tiempo, en un lugar lejano”, desdeñando el proceso real de liberación nacional que se lleva adelante aquí y ahora, con nuestra historia y nuestras particularidades.

Es fundamental para los trabajadores marcar la importancia de luchar contra la vocinglería de esta canalla izquierdista en el marco de la lucha por el pensamiento. Conocer el pensamiento real de Trotsky y extraer las enseñanzas que sirvan a esta lucha, volver a Ramos, a Calello, a Spilimbergo y a la tradición de la Izquierda Nacional y revolucionaria del FIP de los años 70’. Los medios como LID son el negativo de La Nación y Clarín, la versión ultra de Página 12 y los canales de lo que Lenin supo calificar como la enfermedad infantil del comunismo.

 Los trabajadores pertenecen a sus sindicatos y luchan desde adentro de ellos por su democracia sindical, por la defensa de sus puestos de trabajo y, si la CGT dejó al descubierto con sus defecciones la lucha contra los abusos del Régimen y la desocupación, la clase obrera no necesita ni necesitó nunca grupos que tiren piedras desde afuera mientras ella la lucha desde adentro. Es necesario traer a esos compañeros que aún están afuera a que fortalezcan la lucha desde adentro sin que los callejones sin salida neutralicen su poder de reacción. La construcción será con todos y sólo así, la organización vencerá al tiempo.

*https://www.laizquierdadiario.com/Con-Pignanelli-Moyano-y-la-Corriente-Federal-nace-un-nuevo-frente-del-sindicalismo-peronista

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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