Rumbos y bifurcaciones

“El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos

Y el amor no lo reflejo como ayer…”

En los últimos días mantuve breves conversaciones con comerciantes y algún que otro artesano, sumados a varios cuentapropistas de oficios varios; en su inmensa mayoría coincidieron en apoyar los cuidados sanitarios organizados por el gobierno nacional y articulados con las distintas gobernaciones. También coincidieron en que éstos deben proseguir durante un prolongado –e incierto- período de tiempo. Paralelamente, por unanimidad, reflejaron la otra arista que carcome nuestra realidad, tanto nacional como regional (dizque mundial): No pueden aguantar más sus economías particulares. Quienes no han fundido, en el mejor de los casos han visto mermar significativamente sus ingresos.

Vaya escenario que nos toca caminar.

La era está pariendo un corazón…

 Estamos transitando el cruel nacimiento de una nueva era. Es evidente que habrá muchos momentos de nuestra cotidianidad que no volverán a ser como lo fueron. Y entre tamaño desasosiego, mientras una gran mayoría de la población se esfuerza hasta el límite de sus posibilidades materiales –y mentales-, los sectores privilegiados del mundo capitalista se mantienen impertérritos en su búsqueda de preservar y, en lo posible, ampliar sus rentabilidades. Agigantar las brechas, para que el paraíso de una mega opresión a cambio de salarios de hambre y ausencia de los más básicos derechos civiles, ya no sean una escena de ciencia ficción, y puedan ejecutarla sin mayores resistencias populares.

El proyecto de máxima de dichos sectores carentes de toda identidad nacional, es como se presume, cuasi imposible. No obstante, no es tan improbable que lo intenten, y que como consecuencia directa de ello, dejen un tendal de drama por el camino, sin el menor remordimiento.

Ante dicha eventualidad, la sociedad debe estar organizada e institucionalmente protegida. Pero , ¿Lo estamos? ¿Qué tan lejos podrá y querrá llegar el gobierno democráticamente elegido por el pueblo argentino, en su hipotética pulseada contra los grandes empresarios multinacionales, holdings financieros, bancarios, explotadores-exportadores del agro, dueños de multimedios y/o de grandes laboratorios y cadenas de supermercados, y demás acopiadores de divisas y fugadores seriales de dólares quién sabe a qué latitudes? ¿Existe la suficiente masa crítica, homogénea para presionar en tales reclamos, o buena parte del frente electoral comienza  resquebrajarse entre las benditas alas “derecha” e “izquierda” (o reaccionarios versus progresistas), que tantas veces lanzaron al país por la ventana en el fragor de sus internas nunca zanjadas?

Y mientras ello ocurre por debajo, la salud se defiende desde el llano, con máximos cuidados, con la labor cotidianamente heroica del personal encargado de tales tareas y el sacrificio de una gran mayoría de la comunidad. Aún así, los infectados por el Covid-19 indefectiblemente siguen aumentando (y aún así, estamos en una posición envidiable en tal aspecto, si miramos a nuestro alrededor continental), y el ciudadano de a pie comienza a manifestar que su angustia está llegando a la desesperación. ¿Y después, cómo sigue?… después ya sabemos cómo termina. Basta encender el morbo televisivo para observar la resultante de una crisis neoliberal de magnitud, que fue desnudada por la pandemia pero que ya venía preparando su eclosión desde hace algunos años… y que se replica en varios países, con un punto de equilibrio y estabilidad que lejos está de vislumbrarse.

Ojalá podamos anticiparnos, como sociedad y apuntalar creativa, crítica y solidariamente al gobierno nacional para que construya con celeridad una vía de salida a la crisis cuasi terminal de las economías domésticas de millones de compatriotas, en articulación con el debido cuidado de la salud en medio de una pandemia tan feroz como inesperada.

Es tiempo de dar un paso adelante. Es tiempo de audacias. Ajustar algunas clavijas para financiar al conjunto de la sociedad, que es el motor mismo que puede reactivar a un país malherido luego del implacable saqueo neoliberal. No existen concordancias sin “heridos” en este tópico. Para financiar a la mayoría, sólo se llega desde el perjuicio de las minorías potentadas.

Si se pretende seguir hablándoles con el corazón, éstos responderán, una vez más, con el bolsillo. Ya lo dijo aquel famoso ministro de Economía. Y conocemos el desenlace de aquella política.

Debemos crecer en unidad para poder pegar donde corresponda. Pero me reservo enormes dudas –y una prudentísima expectativa- dadas las características de las internas antes señaladas, con respecto a las posibilidades de éxito en tamaño combate que la hora actual exige librar sin más dilaciones.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com