Romeo y Julieta, la ficción que deja vislumbrar nuestra realidad

Por: Felipe Melicchio

La Casa Rosada, ícono nacional, centro donde se condensan los sentimientos patrios, amaneció con un afiche enorme que habla, en clave, del hoy. La bandera sobre la tragedia de Shakespeare anuncia una verdad muy profunda de este gobierno; que, por ser propia de la profundidad, no significa que sea invisible.

En la impresión colgada solo se observa un momento: el beso entre Romeo y Julieta, que, para quien conoce la obra, esa imagen omite todo un trasfondo de lucha y tristeza. Traduciendo el mensaje, el beso es en realidad el “hay que esforzarse” que tanto predica el gobierno sobre su lecho de oro, en un contexto siniestro de tarifazos, despidos e inflación ¿Qué más romántico que el esfuerzo? Esforzarse es seguir caminando, aunque el suelo se resquebraje.

Pero aquí se oculta una faceta muy importante; quien sigue andando, como tirado por una correa, sobre el mismo suelo que destruye quien nos está conduciendo, es un iluso, no un mártir. Mártir se convierte quien para de andar y enfrenta al opresor. No nos comamos el verso ¿Qué dicen cuando nos mandan a esforzarnos? Nos siguen exigiendo que paguemos las tarifas, que aumentan periódicamente, mientras sube la inflación y perdemos poder adquisitivo; algunos trabajadores, además, personificados como gastos, temen la llegada del despido.

Hoy, uno puede ser despedido con la desidia de un mail, como sucedió con los y las 36 docentes que conformaban los Equipos Técnicos Centrales de Formación Docente, despedidos y despedidas el 2 de febrero de 2019. ¿Qué realidad se puede tomar como lógica cuando se nos pide que nos esforcemos mientras, en paralelo, todo el gabinete, incluyendo a Macri, se aumenta un 25% el sueldo, como ha sucedido el 2 de enero de 2019?

El elemento romántico, el esfuerzo, se comunica como la única herramienta para atravesar una realidad avasallante; cuando sabemos que lo romántico, en la obra representada en la pintura expuesta en la Casa de Gobierno, terminó con la muerte de los enamorados y otros personajes. Debemos tomar como ejemplo contrario esta ficción para construir una realidad más combativa ¿Sólo nos queda esforzarnos para llegar a fin de mes? No. Hay una herramienta que no se nos presenta, sino que se nos la reprime, que es la de gritar.

Hay que gritar. En la calle, en las reuniones familiares, en los textos, en la radio, en la televisión. Con el grito popular se ha llevado la discusión de la legalización y despenalización del aborto al Senado y se logró levantar la sesión del Congreso, el 14 de diciembre de 2017, donde se discutía la reforma previsional. La Casa Rosada es el corazón del gobierno y no es justo que se haya elegido este espacio para situar el mensaje; todos y todas sabemos que, por esa zona, como pasa con el ser humano, por el corazón, pululan los sentimientos más precisos, las verdades más punzantes. Entonces, compañeros y compañeras, lo que colgaron en la fachada es una metáfora para mantenernos en la quietud, en el esfuerzo de un solo lado, para que sigamos imitando ese beso, ese romanticismo en el caos.

El 3 de septiembre del año pasado, Mauricio Macri pidió “mirar la película y no la foto”. Hoy nos colocan una foto a la vista de todos y todas, mientras los medios intentan tapar la película. Una película de una crueldad inmensa, digna para que la colocasen con restricción de edad en los cines, donde no debería verla nadie, donde no debería ser apta para ningún público, pero que sus actores y actrices, afectados y afectadas, son, en una gran cantidad, niños y niñas.

Las contradicciones han tomado un papel esencial. El diccionario ha sido intervenido y las definiciones, modificadas. Vamos bien es hambre; cambio es retroceso; trasparencia es opacidad; crear puestos de empleo es llevarse puesto el empleo; pobreza cero es pobreza en serio; no ajustar es aumentar 3.624% el servicio de energía eléctrica.

No hay que callar, hay que responder, como dicen Pedro y Pablo en su canción La Marcha de la Bronca: “No puedo ver tanta mentira organizada sin responder con voz ronca mi bronca, mi bronca”.

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