Rey muerto en el centro

En términos ajedrecísticos, podría decirse que al Dr. Alberto Fernández le está tocando jugar una partida muy cerrada con todas las piezas en el tablero a punto de abrirla. La seguridad y/o la armonía de nuestras piezas se acercan al medio juego y el caos que emerge para hacerlas volar por los aires. La cuestión entonces pasa por el plan de juego, lo que en política equivaldría al programa estratégico que guía las tácticas. El conocimiento del rival y la inteligencia con que se pueda hacer valer la sabiduría también juega su parte.

 Para el campo nacional, dos de estas condiciones fundamentales para encarar el final de esta partida bicentenaria, están más que claras: el conocimiento del enemigo y el programa. Entonces cabe la pregunta: ¿se plasma en los hechos concretos la experiencia a la luz de estos saberes? Seamos materialistas históricos, dejemos de lado el ideal, lo metafísico (en el sentido de la anti dialéctica) y vayamos a lo realmente existente.

 Durante el transcurso de la pandemia y su efecto devastador sobre la enajenada economía argentina, según la consultora Ecolatina, «proyectamos que la tasa de desempleo habría superado el 15% durante el segundo trimestre, y cerraría el año en la zona del 13,5%, habiendo escalado más de 4 puntos porcentuales durante 2020. Pese a que dicha cifra se ubicará por debajo del pico de 20% de 2002, no deja de ser preocupante» (https://www.ambito.com/economia/desempleo/por-la-pandemia-la-tasa-superaria-el-15-el-segundo-trimestre-n5118276).

 Es sabido que los despidos están prohibidos y en el caso del cierre de una empresa rige la doble indemnización por despido, pero aún así la sangría de puestos de trabajo continúa. Las grandes cámaras empresarias, los inmensos oligopolios en sociedad con el gran capital financiero siguen su vuelo rapaz sobre los recursos nacionales, sobre todo los humanos. Y si el programa exige generar las condiciones para recuperar la soberanía nacional sobre sus recursos, nacionalizando las empresas estratégicas: ¿en qué contribuye a este alto objetivo patriótico, el supuesto nuevo GAN que se quiere suscribir con esta bandada de buitres? No se conoce y, muy posiblemente, no se conocerá el rol que vienen a jugar estos hombres de casaca negra, como los denominara Jorge Abelardo Ramos, del SXXI. Hasta que experimentemos sus consecuencias, naturalmente. Pero a las bases, a las masas y las lanzas, no baja más que padecimiento.

 Siguiendo la cadencia de este ritmo sangriento, la CGT se reúne con AEA, Magnetto incluido, y a las quejas «por las décadas de mala performance económica» y la omisión de compromisos paritarios, le suman su voz al triste coro patronal que suplica «bajar la presión tributaria”. Avalan el proyecto de regulación de los trabajadores de las aplicaciones de delivery, dejándolos por fuera de la Ley de Contrato de Trabajo y sepultan bajo el peso del «diálogo» en medio de la pandemia a la unidad sindical con el Frente Sindical (Moyano-Palazzo) y las dos CTA.

 En esta situación, Fernández no puede correr el riesgo de que se lo coma la deriva crítica como a los débiles. Si Vicentin pudo ser, entonces no fue un error digno de arrepentimiento. Era no era o no era… el programa histórico del nacionalismo revolucionario dice que sí. Y así, quizás, Edesur y el resto de las energéticas hubieran estado más cerca de volver al Estado en el futuro.

 Una de las máximas de ese precioso juego llamado Ajedrez que citamos al principio, nos enseña que nuestro Rey, siempre y cuando las circunstancias lo permitan, no puede ni debe quedar expuesto en el centro del tablero. Las piezas enemigas, sobre todo los alfiles afilados en las posiciones abiertas del medio juego, hacen blanco fácil si no supimos, no pudimos o no quisimos enrocarnos y poner a salvo a nuestro monarca. El rey en el centro, generalmente, muere. No se puede dudar; mientras se duda, el rival mueve. Ha demostrado el adversario oligárquico que sí usa sus conocimientos y los pone en práctica, generalmente con malas artes. Pero ninguna guerra la ganaron los tibios, salvo ejemplos como el de Pavón, dónde la victoria se la regalamos nosotros. Aprender de nuestra historia es un paso que no podemos dejar sin abordar.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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