REVALORIZAR LA PALABRA

Por Carlos Borgna
   El campo nacional y popular en Argentina acaba de sufrir una derrota electoral. Sobre esto ya se han hecho y se harán numerosos análisis e indudablemente, el impacto político hacia el interior del mismo tendrá consecuencias y producirá realineamientos. Es necesario, no sólo hacer llamados a la unidad, sino que surge, claramente, la prioridad por discutir que pasó, cuáles fueron los errores que se cometieron y por sobre todo, profundizar el debate sobre la construcción política de estos últimos años, y por lo tanto la estrategia comunicacional que se ha venido llevando adelante, tanto desde los ámbitos oficiales, como desde los medios, organizaciones y comunicadores que integran nuestro espacio político. Creo – como dice Adrián Paenza- que realizar críticas y pases de factura públicamente es hacerle el juego a la derecha; de todas formas resalto lo imperioso y prioritario de ese análisis crítico puertas para adentro.

   Partiendo de esta premisa, me parece interesante analizar el comportamiento de la militancia y de simpatizantes del kirchnerismo, una vez conocido los magros tres puntos de diferencia entre Scioli y Macri. Las compañeras y compañeros se pusieron la campaña al hombro, sobrepasaron muchas conducciones territoriales y referentes locales y asumieron la tarea de defender el proyecto. Para ello, volvieron a reivindicar a la palabra como la herramienta de comunicación insustituible a la hora de hacer política. Este es uno de los datos cualitativos de la coyuntura y cuyo impacto sobrevivirá largamente, pues implicó una toma de conciencia, la reafirmación de sentirse parte de un sujeto político que apuesta y defiende un proceso de transformación. Por otro lado, puso en evidencia la crisis de las herramientas estatales e inclusive de muchas organizaciones sociales e intermedias, agencias, y medios populares que reprodujeron, día a día, un esquema comunicacional basado en repetir noticias, dar a conocer declaraciones de funcionarios, o extractos de discursos. Fue puesto en evidencia que el plantear el escenario de disputa política en los canales de televisión o determinados programas de radio, tratando de dar respuesta a las tapas de los diarios y a las noticias que hacían correr los grupos hegemónicos cotidianamente, no es el mecanismo más adecuado para dar la disputa cultural, e ideológicamente, que también los acontecimientos han demostrado, que no se está ganando y que con esas formas, tampoco existen chances de triunfo.

   La militancia salió a la calle, a las plazas, a los barrios para hablar con la gente, no sólo con los convencidos, no sólo con los amigos de las redes sociales; es decir, transformó el escenario político. No alcanzó es cierto, pero no puede negarse la simbología de esta actitud casi anárquica, a veces sin niveles de coordinación, espontaneísta, pero con una fuerte simbología, coherencia, y actitud que debe ser valorada y potenciada. La creatividad popular volvió a hacerse presente, con carteles, volantes, disfraces, actos colectivos en plazas y parques, recorridas casa por casa.

  Esa experiencia fue para muchos el descubrimiento de un mundo, de una territorialidad, de seres humanos –en especial de los sectores populares-, beneficiarios directos de la gran mayoría de las políticas implementadas en estos últimos 12 años, que no abordaban lo acontecido en esta última década con los parámetros de análisis, con los elementos conceptuales que nosotros revindicamos, sostenemos y hemos defendido. Allí, en lo profundo de los barrios populares, de las villas, de los sectores de clase media baja, el discurso de la tele, de las radios en cadena por todo el territorio nacional, de determinados periodistas, es tomado como la matriz de análisis, en muchos casos como la interpretación correcta de la realidad y de la política en particular, como la “verdad” sobre los hechos que van ocurriendo. Esto debe ser un profundo llamado a la reflexión sobre nuestra forma de comunicar y de hacer política, entendiendo que una cuestión está absolutamente ligada a la otra, y que por lo tanto merece un abordaje de conjunto. Es este uno de los desafíos más interesantes que tenemos los comunicadores para encarar la nueva etapa que se avecina. La tarea está planteada. 


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