Repensando como salir de la pandemia, los roles e interacciones del estado y del mercado

Inmersos en la etapa más crítica de la pandemia y repensando juntos cómo la transitamos y salimos de ella lo mejor posible, aparecen, una vez más, las discusiones acerca de los roles del Estado y del mercado que, como creaciones humanas, poseen la capacidad de cumplir determinadas funciones relacionadas al bienestar  y a la protección de la vida humana.

Las preferencias y rechazo de la preeminencia, entre uno y otro, lleva más que décadas de discusiones, no solo teóricas sino en la implementación de las políticas públicas nacionales, provinciales y distritales. Los mercados existen, y subsisten,  desde tiempos muy remotos como aquellos lugares, físicos o virtuales, en los cuales los seres humanos nos encontrábamos para intercambiar aquello que producíamos u obteníamos de la naturaleza, término que aún perdura para denominar encuentros económicos – comerciales de diversos tipos y naturaleza, que ocurren en distintos lugares: mercados locales, mercados de cercanía, ferias, mercados virtuales, etc. Con el tiempo, determinados sectores económicos, con más posesión de capital,  se fueron apropiando del término, acotando sus alcances, que como una sinécdoque intentan reemplazar el todo por la partes. Así hablamos  “del mercado” como un todo, único y que no falla. Aún  más,  dotándolo de cierto animismo, hablando de “la mano invisible del mercado” capaz de resolver todas las situaciones hasta llegar a un equilibrio.

Desde la economía clásica y liberal, el mercado, como construcción humana, es el ámbito en el cual sujetos económicos denominados productores y consumidores, libres y dotados de factores  de producción y capital,  interactúan de manera armoniosa, con acuerdos mutuos,  a fin   de los consumidores satisfacer sus necesidades, y los productores de lograr obtener beneficios económicos. Se parte de ciertas premisas que pocas veces se cumplen: la primera que somos todos iguales, cosa que no es verdad, interactuamos y poseemos poder desde nuestra  posesión de capital, no sólo líquido sino en otros tipos de bienes, aún los culturales. Desde y con ese capital actuamos en los espacios productivos y comerciales. En el tan mentado circuito económico no todos los ciudadanos poseemos factores para ofrecer, ni todos podemos obtener los bienes para satisfacer nuestras necesidades. No todos los bienes encuentran consumidores y tampoco se tienen en cuenta los aspectos ambientales. Para decirlo claramente, el mercado en sí mismo no es capaz  de resolver las necesidades humanas, en su integralidad  y de todos los ciudadanos. En relación al ambiente, el mercado infravalora los perjuicios de los diferentes impactos ambiéntales de los modos de producción vigentes, no tiene en cuenta  la destrucción ecológica y las reales necesidades, los modos  de ver, sentir y  valorar de las generaciones futuras. En pocas palabras, al afán de lucro, la obtención del máximo beneficio, la creencia en que se alcanzará en un momento el tan mentado equilibrio no ha llevado bienestar de las personas, ni ha protegido el medio en el cual vivimos. En nuestro país todos recordamos, desde nuestra independencia, las luchas, posicionamientos para imponer las ideas del libre mercado. Las más recientes “achicar el estado es agrandar la nación” durante la última dictadura militar y las privatizaciones y desregulaciones de los años 90,  apoyadas por varios funcionarios que ocuparon cargos en los gobiernos de Mauricio Macri y los ocupan en el actual de Alberto Fernández.

Ahora bien, qué decir del Estado… se lo puede definir de varias maneras, podemos definirlo como una organización  constituida  por diferentes instituciones de distinta índole, que a su vez poseen diferente naturaleza, funciones  y objetivos en sí mismas, pero que bajo la vigencia de determinadas normas buscan la protección y bienestar de la población dentro de límites territoriales precisos, y sin avasallar derechos individuales. En el estado, los seres humanos depositamos ciertos derechos en aras de vivir en comunidad. Son deberes del estado velar por la integridad de un país, de los ciudadanos y de las instituciones. En términos económicos, el estado  representa al sector público de un país pudiendo ser productor y consumidor de bienes y servicios,  ejerciendo el papel de controlador del desempeño de las empresas estatales y privadas. El estado en general es quien brinda servicios esenciales, salud, educación, seguridad, defensa,  pudiendo ser dueño de empresas productoras de bienes y servicios, tal como ocurrió y ocurre en nuestro país (SEGBA, Aerolíneas Argentinas, Entel, Ferrocarriles Argentinos, YPF, YCF, SOMISA). Otras funciones que se ejercen son el contralor del funcionamiento de las empresas, recaudador de impuestos, fijar y monitorear normas de producción en lo que se refiere a calidad pública y privada, y fijar normativas respecto al usufructo y /o  la  contaminación de los bienes naturales. El estado, a su vez, puede regular la producción de bienes a partir de intervenir en los procesos de producción y comercialización, las denominadas juntas de granos y de  carnes como las que existieron en nuestro país hasta 1991), poner precios máximos, por ejemplo a los bienes esenciales, como la leche o el pan, y precios mínimos y sostén a los productos de origen agrarios por ejemplo tabaco, azúcar y yerba mate. También puede administrar el dinero de los contribuyentes, no sólo para pagar a trabajadores y los bienes de consumo, sino para hacer inversiones y realizar préstamos a partir de la administración del dinero en forma de ahorro, pudiendo así otorgar créditos a tasas subsidiadas, hacer inversiones y otorgar subsidios.

Ahora bien, para un buen funcionamiento del estado en el cumplimiento de sus roles, debe existir adecuadas normas sí como ciudadanos comprometidos y, esto es lo más importante, apropiadas instituciones de contralor.

Así como soy crítico del mercado sin límites, tampoco creo en que todas las actividades económicas y prestación de servicios deban quedar en manos del estado. En este aspecto los argentinos podemos recordar, criticar,  hablar  mucho  (recordemos sino el paso por las oficinas públicas para solicitar un teléfono, hacer un reclamo, etc.). Desde mi punto de vista, parcial y sesgado, el estado no cumplió con sus funciones que los ciudadanos depositamos en las instituciones y empresas  denominadas “estatales”. Quizás varios sean los factores que pudieron incidir en esta situación; a- la apropiación, y por ende confusión ideológica y práctica entre los conceptos  (y funciones) del estado /del gobierno/ de los partidos políticos, tan común en los gobiernos justicialistas pero que también se vio, y aún visibiliza; en el macrismo, radicalismo, gobiernos militares etc. b- La ausencia de un adecuado contralor ciudadano sobre las acciones, aspecto que deriva en casos de corrupción y enriquecimiento ilícito. C- La ineficiencia (sé que para muchos hablar de eficiencia es una mala palabra)  en el uso de los factores de producción, dinero y bienes públicos. d- Colocar en los puestos de decisión a personas que desconocen del funcionamiento del área (amiguismo, corrupción, etc.).

Lamentablemente, así como se demonizó al mercado, se lo hizo con el estado generando, por ejemplo en la Argentina un campo propicio para las  privatizaciones de empresas, cierre de organismos públicos de contralor, etc., proceso que derivó en pérdida de soberanía nacional, desocupación, más corrupción, elevación en el precio de los servicios, etc.

¿Qué hacemos ahora al salir de la pandemia? Si dejamos la resolución de los problemas en manos del mercado (con sus regímenes de creencia, sus normas, sus  leyes y sus instituciones) sería una locura que dejaría más muertos, más enfermedad, más acaparamiento de recursos y de la riqueza. Una situación análoga podría darse si pensamos en que sólo desde las instituciones del estado se podrían resolver  todas las situaciones económicas, sociales, de salud, etc. Para ser claro, más estado, con las personas y políticas que conocemos, derivará en más asistencialismo, mayor clientelismo, en dependencia, “quintas” “barreras y peajes”, hablar mucho… y confundir para que finalmente, nada cambie.

Desde la opinión de quien escribe esta nota, quien ha trabajado la mayor parte de su vida en Instituciones del estado nacional y provincial y que es producto de las políticas educativas del estado, una mayor incidencia del mismo a partir de las políticas públicas y sus instrumentos (subsidios, creación de pseudo cooperativas, entrega de alimentos) no han redundado en mejoras sustanciales en la calidad de vida de las personas;  lo vemos con toda crueldad en la actualidad en los barrios populares de La Matanza, CABA, Merlo o Moreno, en los cuales los mismos partidos han gobernado los últimos 35 años. Me dirán que en ausencia del estado y sus instituciones la situación hubiese sido peor, y quizás sea cierto , pero con igual cantidad de dinero aportado, bien organizado, distribuido y con mayor institucionalidad y práctica de contralor, hoy estaríamos mucho mejor. Sólo eso:  mejor planificación, con mayor participación ciudadana, mejor distribución, eficiencia y eficacia, (que no son malas palabras) y control, además de penar a los políticos, empresarios y ciudadanos corruptos (algo impensable en nuestro país).

Cierro esta nota haciendo una crítica al mercado y al estado, dado que en sí mismos no han podido resolver ni los grandes problemas, ni los domésticos que acucian a los ciudadanos y comunidades, proveyendo  bienestar y libertad. Muy por el contrario, han recreado, juntos o separados, rehenes que dan continuidad a la dependencia. Quizás debamos repensar, como decía el ex canciller alemán Willy Brandt, en situaciones intermedias “tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario” (o viceversa). Armonizaciones que posibiliten  alcanzar niveles equitativos de calidad de vida, estables en el tiempo,para la mayoría de los ciudadanos, teniendo en cuenta la preservación de los bienes naturales.

Debemos recuperar nuestros derechos individuales y de las comunidades para tomar decisiones colectivas tanto en el usufructo de los bienes naturales como en la ejecución de los procesos económicas / productivas. Debemos recuperar, visibilizar, enriquecer las iniciativas de las unidades de gestión familiares y comunitarias en los procesos de extracción/producción/ consumo de bienes y servicios que no pasen por los mercados formales, donde el capital es el ordenador, así como mecanismos de cooperación, prestación de servicios  y producción y acceso a bienes de manera comunitaria que no necesariamente deben pasar por la institucionalidad del estado;  las cooperativas, las asociaciones, los bancos de microcrédito grupos de trabajo son una prueba de ello.

Sigamos interactuando y asociándonos pero de modo más vigoroso que en la actualidad, por ejemplo para la asignación y utilización de bienes naturales, su monitoreo y fiscalización, así como en la producción e intercambios de bienes, velando juntos por la equidad intra- intergeneracional

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info