Rapsodia 40

“Yo iré a su encuentro, con la espada en la mano. ¿Qué decís, qué es inútil? Ya lo sé. Pero esta vez me bato sin saber por qué. Es más bello romper inútiles valladares” Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (1619-1655)

Muchas veces hemos escuchado, leído e incluso enunciado aquello del riesgo de ver quebrantado el concepto llamado “contrato electoral”, entendido éste como un punto de apoyo para toda construcción que se precie de democrática, en sus diversas variantes. Desde la utopía de una democracia directa, popular, participativa y horizontal, hasta la “democracia con brodequines”, o como diría Serrat hace ya muchos años, “la libertad dentro de un orden”. Esa, o más claramente, ésta democracia según el paladar liberal-conservador, cuyos resortes están tan intrincadamente aceitados, que ya está a la vista, la única forma para que este “modelo” democrático de muy baja intensidad tambalee severamente, es por extrema derecha, como ya sucedió en nuestro país tantas otras veces, con la aquiescencia de los principales grupos de poder, y –repitámoslo por si aparecen desentendidos y pícaros desmemoriados- con el beneplácito de significativos sectores de nuestra sociedad. Ayer, y hoy también.

Así las cosas, a 40 años de una recuperación democrática que costó demasiadas muertes, demasiados sacrificios, demasiados sueños robados, demasiados horizontes amputados, y posteriormente avanzó entre aciertos y errores, idas y venidas, pero con un preocupante saldo del deterioro brutal en las condiciones de vida de millones de compatriotas –y si no, busquen quienes se apoyan en las gélidas estadísticas, los actuales índices de pobreza y cotéjenlos con los que afloraban antes del golpe de 1976 – una vez más, emergen directrices muy potentes impregnadas de conveniencias de embajadas y lobbys extranjeros –los de siempre, pero recargados, bah- que aportan sus Think Tank para el desembarco de una figura divorciada de todo atisbo de democracia al menos formal, y corre en punta en esta reñida contienda electoral, que probablemente, nos deposite en un posterior ballotage.

Hasta acá, un repaso apretadito de lo que, con matices, la mayoría podemos percibir del escenario presente, sin caer en observaciones sobre-ideologizadas o en caminos analíticos propios de “sabihondos y suicidas”, como sentenciaba el poeta.

Lo que emerge es algo distinto, y las dirigencias socio-político-sindicales en general procuran no exponer, o en el mejor de los casos, mencionar muy al pasar, para rápidamente dar vuelta de página y continuar con su labor de sofistas a sueldo, de acuerdo a intereses personales y sectoriales: Por diversas razones, y muy lejos de ser todas responsabilidad del “otro”, entendido como enemigo irreconciliable en el tablero ultra-abstracto de la disputa en términos de blanco-negro, una porción cada vez mayor de nuestra sociedad descree del amplio concepto de democracia. Por supuesto, doy por descontado que no agradará este punto de vista. Pero no aludo a una acción efectiva y militante anti-democrática clásica, que sin embargo está latente y se puede percibir hasta en innumerables pequeñas actitudes de nuestra vida social cotidiana. Es aún más grave. Hay desinterés en el marco institucional desde el cual se construye lo que nos agrada definir como un proyecto de nación. De hecho, es fácilmente perceptible entre amplios sectores de nuestro pueblo, la abulia, falta de información y sobre todo, de interés por conocer y comprender más estas arenas de la cosa-pública, que resultan esenciales para el tipo de organización socio-cultural nacional que poseemos y hacia donde podamos aspirar a evolucionar. O no.

Ello es una victoria, siempre parcial por supuesto, pero muy contundente de la matriz de pensamiento que promueve el individualismo y el egoísmo más ramplón, como estándar existencial y de auto-realización personal, sin importar nada más.

Desde dicho tronco neoliberal, por si algún distraído aún no se dio cuenta, y que abraza a propios extraños, a ambos lados del mostrador en no pocos casos, es que fluyen y emergen referentes que cosechan pingües frutos, particularmente políticos, para seguir corriendo el eje de la agenda social, pase lo que pase durante las elecciones, hacia un muy probable crecimiento de la intolerancia y el desprecio por el semejante.

Y en ese río revuelto, hay quienes ya ganaron de antemano, incluso aunque pierdan electoralmente.

En ese río revuelto, vale y es imprescindible mirarnos en el reflejo que nos otorgan esas aguas turbias, para comprender que no debe haber sido un sendero tan efectivo y positivo el caminado durante estos años, si la resultante fue llegar a esta bifurcación con caminos que prometen mucho, o poco, pero que esencialmente, aún son pura nebulosa.

Mientras tanto, las presiones se suceden, los lobbys arden, las agresiones discursivas y la miseria intelectual de buena parte de los máximos referentes políticos, sindicales y empresariales, están a la orden del día, las pocas propuestas concretas hacen equilibrio sobre la soga que agitan con vehemencia desde los grandes multimedios y sus socios locales y foráneos; la corrupción y el incremento en la violencia social y la inseguridad no son meros cuentos de hadas; la pobreza crece; el hambre no entiende razones argumentales, a pesar de intentos por aportar “alivios” (jamás en términos de Justicia Social, concepto ya prolijamente guardado en el arcón de los recuerdos, sólo reflotado cuando se requiere avivar el folklore de audacias pretéritas) y una mayoría ciudadana asiste al ejercicio electoral, sin el menor acceso a deliberar sobre sus propios destinos, en el mejor de los casos, definiendo por conveniencia y pragmatismo a quién depositan dentro de la urna.

Para honrar las luchas y esfuerzos populares que sostuvieron y consolidaron estos 40 años de democracia limitada, imperfecta, a veces injusta, elitista, pero democracia al fin, este presente parecería aportar un menú… con gusto a poco.

Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com