¿Qué ves cuando los ves?

(… cuando una mentira puede ser verdad)

Días atrás nos enteramos del escándalo ocurrido en el colegio Emaús de El Palomar, cuando dos adolescentes fueron debidamente filmados por otros pares, mientras le apuntaban con un arma (“de utilería” aclaró luego el colegio en un comunicado publicado en su cuenta de Facebook) a un profesor, mientras éste copiaba en el pizarrón.

Una actitud cuando menos condenable, que no puede pasar desapercibida si proyectamos mejorar la calidad de nuestra sociedad.

Demasiado jóvenes para responsabilizarse de sus actos, pero lo suficientemente “maduros” para representar simbólicamente el fusilamiento a quemarropa de una persona indefensa.

Vaya situación a la que nos empuja una sociedad que prosigue su escalada de intolerancia y deprecio por el prójimo; sentimientos debidamente alimentados por una matriz cultural que empuja hacia la multiplicación de los peores disvalores que anidan entre nosotros, a la espera de dar su zarpazo.

El ingrediente sociocultural que corona dichas actitudes, no difiere demasiado de aquellos vecinos del barrio porteño de Palermo, que hacen limpiar sus ventanas en un 6to piso, a una empleada doméstica, sin el menor elemento de seguridad, a gran altura y apenas sujeta al marco de la ventana. Por supuesto, con el debido “uniforme-de-sirvienta”, tan apetecible entre determinados grupos sociales medios y medios altos. La etiqueta de su propia ostentación, se representa en la denigración del más débil en términos socioeconómicos.

Entre tanta violencia simbólica mal contenida, no puede sorprender que durante 4 largos años hayamos sido rehenes de las políticas inhumanas de una Ministra de Seguridad amante de la belicosidad y defensora del picaneo del siglo XXI, llamado pistolas Táser.

Son todos ladrillos de una inmensa pared… que más temprano que tarde habrá que derrumbar en mil pedazos.

PD: Nota de nuestra contratapa impresa de la edición Nº52

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com