¿QUÉ TE PASA MACHO? ¿ESTÁS ANSIOSO?

El mundo ha disminuido su velocidad y con eso la naturaleza va ganando espacio, vemos animales circulando libremente por las calles, ríos de aguas límpidas y aire puro donde antes había smog. La pandemia nos ha puesto un freno a los seres humanos que dejamos destrucción a nuestro paso. Bajan los índices de delitos, hay menos accidentes de tránsito, el ritmo va decreciendo. Sin embargo, hay algo que no disminuye: LA VIOLENCIA MACHISTA.

He escuchado varias personas que ingenuamente quizás piensan que “hay más femicidios” o que “obligan a las mujeres a convivir con su agresor”. Se estarán preguntando por qué no ha bajado ese número para estas alturas, mientras que yo les respondo con otra pregunta ¿por qué bajaría?

El lugar más inseguro para las mujeres es su propia casa y el agresor más frecuente hacia su integridad física es una persona de su entorno.

Entonces ¿qué ha cambiado para las mujeres que sufren violencia machista? NADA.

Las mujeres ESTÁN OBLIGADAS A VIVIR CON SUS AGRESORES/HOMICIDAS DESDE SIEMPRE.

El aislamiento no cambia mucho el horizonte de una mujer violentada. La violencia machista hace que el tipo se te meta adentro de la cabeza y desde ahí mueva todos los hilos de tu vida, no necesita estar “en casa” para ejercer su omnipresencia agobiante y aterradora. Lo único que cambia es que ahora le ven la cara.

Imagínense una mujer presa de la metáfora del amor romántico que la sociedad te va “marcando” desde que naciste. El príncipe azul que te rescata, la media naranja, el amor que si no demuestra celos no es amor, algo más cercano al derecho de propiedad que a un sentimiento mutuo que se plasma en un proyecto de construir una vida en común con otro ser humano. Cuando ya te tienen adoctrinada viene “el temita” de la maternidad y así te van acorralando en un misógino laberinto. Mientras tanto al tipo lo van adoctrinando para que sea un ganador, competitivo, un “latinlover”, cuantas más conquistas mejor.

El sistema te va marcando roles y lugares donde ponerte, claro que podés correrte y no obedecer (aunque tiene sus costos, créanme). Esto es un apretado resumen que tiene una falla de origen, que es la generalización, pero entiendan que tengo pocos caracteres…

De repente, no sabés muy bien cómo, te encontrás en tu propia cárcel. Ya fuiste madre, muchas veces sin planificarlo, muchas veces manteniendo sexo forzado, muchas veces porque “no te dejan” usar métodos anticonceptivos y otras veces porque lo elegiste. El punto es que estás ahí ya habiendo cedido espacios que fue ganando el tipo a puño limpio (literal). Ya te aisló de tus amistades femeninas porque “son todas putas” y de las masculinas “porque te quieren coger”, de tu familia que te envidia porque no soportan “verte feliz” y de toda posibilidad de contacto con el mundo exterior con diversos argumentos.

Sólo sos vos, ya sin trabajo (o con trabajo, pero sin disponer de tu salario), sin ahorros, sin un lugar donde caerte muerta (literal) y con personas que dependen de vos (tu descendencia). Luego de varias palizas, amenazas y violencias, ya no tenés escapatoria y no han decretado aislamiento social preventivo y obligatorio, sólo no te podés ir. ESTÁS FORZADA A CONVIVIR CON TU ASESINO ¿o no? Un día ya nadie sabe de vos, te buscan, llegás a las redes sociales, a las comisarías y a los juzgados: “APARECÉS” EN UNA BOLSA, ENTERRADA, DESCUARTIZADA: MUERTA.

Otro escenario posible, igual que el anterior, pero donde lograste zafar, probablemente porque estás con otro tipo que QUIZÁS sea igual pero todavía no lo sabés, o estás sin pareja (DA IGUAL); el tema es que tu femicida no la entiende: YA NO SOS SU PAREJA, “SU MUJER”. Te llama a toda hora, varias veces (con varias me refiero a 50-100 veces literal), te manda mensajes, te deja mensajes de voz, te va a buscar a la puerta del trabajo, te espera en la puerta del colegio de tus hijes, merodea por los lugares por donde vos circulás. Hacés la denuncia, conseguís que te la tomen, conseguís la perimetral que vas a tener que ir a renovar cada tanto, así como tenés que ratificar la denuncia “para que no se caiga porque después vuelven con el tipo viste”. El tipo sigue (cada vez con más ganas), acechando en tu vida. Te llama a toda hora, te patea la puerta a toda hora, no vive con vos, sólo está presente en cada momento de tu día y de tus noches aterrorizándote, forzando una convivencia adentro de tu cabeza (que domina a la perfección). Tanto va el cántaro a la fuente que al final la termina matando. Un día te va a “llevar plata” o va a hablar con vos y estás tan cansada que lo dejás pasar o te encontrás en algún lugar, y no volvés. Un día ya nadie sabe de vos, te buscan, llegás a las redes sociales, a las comisarías y a los juzgados: “APARECÉS” EN UNA BOLSA, ENTERRADA, DESCUARTIZADA: MUERTA.

Estas escenas son cotidianas para las mujeres, y no digo para todas las mujeres sólo para UNA POR DÍA.

¿ALGUIEN ME PUEDE EXPLICAR CÓMO PENSARON QUE A ESTAS SITUACIONES LAS IBA A DETENER UNA PANDEMIA Y UN DECRETO QUE DETERMINA EL AISLAMIENTO SOCIAL PREVENTIVO Y OBLIGATORIO?

Mientras tanto, en Ciudad Gótica surgen campañas con sus críticas correspondientes como la del barbijo rojo. No creo que mejore esta situación que vengo describiendo, pero lo cierto es que tampoco lo empeora.

Otra campaña muy bien intencionada seguramente “invita” a los tipos a “PARAR LA PELOTA” (pueden encontrarlo en las redes sociales). Cuando lo leo completo me pregunto ¿Un tipo que se posiciona en el lugar que nos plantea el folleto, es un femicida? O al revés si quieren ¿un femicida leería una guía que lo va a ayudar? ¿Se puede ayudar a alguien a no matar a su pareja? ¿Un hombre es violento con su pareja porque no puede controlar la ansiedad ante el COVID? PUES NO. Un femicida no tiene un cuerno en la frente ni tiene la piel verde, es un tipo que a simple vista hasta puede ser macanudo, pero de ahí a convocarlos de una forma tan amorosa de parte del municipio, hay un abismo. Copio aquí los párrafos destacados: ¿Estás molesto, enojado? Antes de dañar a las personas que querés es importante que puedas parar la pelota. Elaboramos una guía que puede ayudarte a controlar la ansiedad ante el COVID 19. Cuidá a tu entorno, pedí asesoramiento.

Vivimos en un mundo lleno de buenas intenciones, aunque claro, el infierno está sembrado de ellas…

Si ya les quité el sueño con estas preguntas, ni quieran saber la violencia (mayormente sexual) que sufren niños y niñas en tiempos de pandemia…

Estoy HARTA de ver cadáveres.

Estoy HARTA de las políticas dirigidas a las víctimas que sólo les exigen más esfuerzo del que pueden hacer.

Estoy HARTA de que “las empoderemos” y luego se las tiramos a los chanchos (no quieran ver a los chanchos cuando su alimento ingresa en el chiquero, aunque sea el granjero que tropieza y se cae adentro).

Estoy HARTA de que no apliquemos políticas sobre los machos violentos.

Estoy HARTA de que desplieguen 100 policías para buscar un cadáver y ninguno para perseguir al agresor.

Sí, sí, leyeron bien: no quiero policías protegiendo a la víctima, quiero policías haciéndole saber a los tipos que los controlan, que saben dónde están a cada momento del día, que les respiran en la nuca a cada momento, que sepan que “no da igual” romper la perimetral.

Estamos hablando de un tipo que es capaz de hacer todo lo que antes les conté, que llama a su futura víctima avisando que la va a matar, diciendo que no le importa ir preso toda la vida, que es una puta, que si no es de él no es de nadie, que sabe que tiene un nuevo macho pero no la va a salvar, que eligen a sus víctimas porque las creen débiles, porque son suyas, las despersonalizan y después las matan. Entonces ustedes piensan ¿le importa a un tipo así que la policía lo aceche?

Pues no tengo la respuesta, lo que sé es que SON UNOS CAGONES. Otra cosa que sé es que nunca lo intentamos, que siempre terminamos exigiendo a la mujer. Que sea consciente de la situación, que luche por su vida, que denuncie, que ratifique la denuncia, que pida la perimetral, que la renueve (TIENEN VENCIMIENTO), que de repente pueda mantenerse económicamente, que denuncie cada amenaza, que vuelva a renovar la perimetal, que duerma, que coma, que se encargue de sus hijes, que vuelva a renovar la perimetal, que se haga cargo de las tareas de cuidado, que atienda el teléfono cada vez que la amenazan, que lo escuche estoicamente mientras recita un mantra de protección, en fin que pueda tener una vida, o más bien que luche por su vida.

Mientras que, al tipo, ¿quién le exige algo?

Volvemos a la pregunta del principio ¿aumentaron los femicidios?

No, gente, no hay más víctimas, somos siempre las mismas.UNA POR DÍA. UNA MENOS.

 

Soledad Verónica Abella
Soledad Verónica Abella
soledad@huellas-suburbanas.info