Prudencia y espera

Tarea poco agradable ésta de editorializar en los tiempos que corren.

Un leve suspiro cósmico equivale al tránsito de generaciones completas por esta tierra que poseemos como hogar común.

Dentro de tamaña perspectiva microscópica, nos debatimos entre renovadas guerras, herméticas fronteras, escatológicos rebrotes xenófobos y raciales por doquier. Un pretendido mandamás del planeta que juega al ensayo-error y, para variar, deja una estela de sangre a lo largo de su camino. Una treintena de seres humanos que clavan sus garras sobre las mismas riquezas que pueden reunir otros 4000 millones de semejantes…

Cuánto espanto. Cuánto dolor sinsentido y sin solución en el mundo que hemos construido.

Pero a no hacernos los distraídos. Porque, como diría con toda justeza el cantautor canadiense Leonard Cohen, “Todo el mundo lo sabe”.

En este marco de situación, dentro de esta especie de gran nave que muchos pugnan por conducir, aún quizá desconociendo que carecen de timón para orientarla hacia algún destino proyectado, subyacen las miserias particulares de cada comarca constitutiva de ese todo, tan disgregado como entre despiadado y lunático.

La lupa nos lleva a Nuestra América del Sur…

 Entre gobiernos autoritarios y conservadores de variado pelaje, se yergue nuestro país, totalmente cercado por dicho presente regional. El México fraterno de López Obrador, queda tan lejos…

Expertos en la crítica del otro, a derecha e izquierda, se multiplican los cuestionamientos al gobierno de marcado perfil centrista, recientemente asumido y en uso de sus facultades.

Son los riesgos poco menos que ineludibles, de pretender enmendar las crisis heredadas, sin hacerle pagar la fiesta a ninguno de sus causantes. Riesgo que conlleva una inquietante posibilidad de “cansar” a sectores populares que depositaron su confianza en el Frente de Todos, con ilusiones lógicas pero dotadas de una angustia y urgencia, que no ayudan en esto de manejar los hilos del desarrollo nacional con un equilibrio digno de un eximio marionetista.

La propuesta del neoconservadurismo (oligarquía, fondos buitre aliados a grandes consorcios multimediáticos, fuerzas políticas y económicas neoliberales y hasta minorías de ultraderecha, por caso) es, como siempre, elemental y obstinada: Desfinanciar al Poder Ejecutivo. Luego el Ejecutivo debería refinanciarse acogotando a la clase media. Esto conlleva un pronto disconformismo en considerables segmentos dentro del mencionado sector socioeconómico. Finalmente, los desestabilizadores se erigen como los salvadores de la clase media, y ésta vuelve, rauda, a prodigar miraditas de amor a los “diseñadores” de esa recurrente trampa.

Los multimedios acompañan esa intentona desde antes de la asunción de Alberto Fernández, y en las últimas semanas no ocultan su nueva teoría: Se “acabó el tiempo” para este proyecto social, económico y cultural. Con dardos especialmente direccionados contra el gobernador bonaerense, verdadera “amenaza” a futuro, que están decididos a pulverizar.

Con las grandes masas mayoritariamente expectantes respecto al joven gobierno de raíz popular, como único respaldo real para el binomio Fernández, surge una duda que, a ciencia cierta, ya podíamos visualizar desde mucho antes: ¿Cómo logrará conformar a propios y extraños, a través de un gigantesco consenso, el actual Primer Mandatario? ¿Alcanzará la inquebrantable moderación –enorme valor cuando se transita entre lobos- para cancelar deudas astronómicas –por cierto, sin la debida auditoría para determinar qué grado de la misma es real, y cuánto de aquella es fraudulenta-, satisfacer demandas de los explotadores del agro, holdings financieros y bancarios, paliar el hambre más urgente, conformar las negociaciones paritarias y recuperar gradualmente la matriz productiva, rumbo a la generación de empleo y mayor valor agregado?

Gigantesco desafío que ya está en marcha.

La mente sosegada del comunicador, indica paciencia, observación, capacidad para analizar y denunciar las condiciones previas que desembocaron en este presente dramático. Y señalar sin mayores bloqueos, eventuales virajes del rumbo originalmente prometido.

La respuesta que, por su parte, clama por gritar el corazón, tumultuoso pero muchas veces intuitivo, es preferible preservarla bajo candado… hasta que llegue la ocasión.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com