¿Ordenará Trump una invasión a Venezuela?

Mientras en Colombia se avanza en un Acuerdo de paz entre el gobierno y una de las últimas guerrillas levantada en armas contra un Estado opresor, criminal y corrupto, la República Bolivariana de Venezuela es seriamente amenazada por la primera potencia imperial del mundo, acudiendo a su vieja política del garrote, invasión o golpe de Estado.

Desde que Hugo Chávez, a la cabeza de la Revolución Bolivariana ganó las elecciones con 3.673.685 votos, Venezuela viene sufriendo agresiones en distintos frentes: mediático, económico, diplomático, comercial y militar.

El proyecto político Venezolano en todo sentido, es diametralmente opuesto a la oligarquía local  y al imperialismo norteamericano, ya que cambió el rumbo histórico de la nación y creó una nueva correlación de fuerzas en el continente.

Previendo el escenario actual  que enfrenta hoy el país, el presidente Hugo Chávez fue siempre consciente de la necesidad de alcanzar un acuerdo de paz entre las guerrillas y el Estado colombiano, por las tensiones del accionar guerrillero sobre ambas naciones a lo largo de sus extensas fronteras, pero además, por el impacto de las bandas paramilitares ligadas al narcotráfico y a la extrema derecha colombiana.

Venezuela vivió un levantamiento popular en 1989, cuando siendo presidente Carlos Andrés Pérez, impuso el paquetazo neoliberal que endureció las condiciones de vida de la población desatando la protesta popular conocida como “El Caracazo”.

Golpes de Estado promovidos por Estados Unidos en el continente desde mediados del siglo pasado

  •  Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala elegido democráticamente, la CIA le dio un golpe de Estado en 1954, por llevar a cabo un programa de reforma agraria que afectaba los intereses de la multinacional Fruit Company
  • Cuba, desde que hizo la Revolución contra el dictador Fulgencio Batista en 1959, ha sufrido todo tipo de agresiones, bloqueos, ataques, y la invasión contrarrevolucionaria derrotada por el pueblo en armas en Bahía Cochinos.
  • A Joao Goulart presidente de Brasil, le dieron un golpe de Estado en 1964 para sacarlo del poder por no ser leal a los intereses de EE.UU. y anunciar la nacionalización de las refinerías del país, la expropiación de tierras a los grandes terratenientes para adelantar una reforma agraria, y por ser del Partido del Trabajo del Brasil.
  • Lyndon B.Johnson ordenó una invasión con 42 mil marines a la República Dominicana en 1965, para contener las reformas sociales y la nueva constitución promulgada por el presidente Juan Bosh, invasión que causó más de 6 muertos del pueblo dominicano, y que hoy quieren seguir silenciando para que no se conozca.
  • El golpe de Estado contra Víctor Paz Estenssoro en Bolivia; el de Chile, que encabezó Pinochet contra Salvador Allende (1973); en Uruguay en forma de junta cívico-militar (1973), la dictadura que impuso en Argentina la junta militar, después de deponer a Isabel de Perón en 1976.
  • De la mano de esas dictaduras, invasiones y golpes de Estado, vino el Plan Cóndor, una estrategia de inteligencia para ejercer el terrorismo de Estado contra la oposición y el pueblo, que consistió en crear una coordinación entre los servicios de inteligencia de las dictaduras que gobernaban dichos países, apoyada, y financiada y dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado.
  • En el año 1989, invadió a Panamá con la excusa de capturar a un dictador, Manuel Noriega, que ellos mismos habían ayudado a ascender al poder, causando terror, destrucción y más de 3 mil muertos, cuando su interés real era el control sobre el Canal.

Sin embargo, la ventaja histórica con que ha contado EE.UU. viene cambiando y ya no es la misma, porque hay más consciencia en los pueblos del continente,  y su posición hegemónica está siendo enfrentada de distintas formas, en donde la batalla de ideas que impulsan los medios de comunicación alternativos, se ha ampliado e intensificado a partir de las redes sociales y el uso del Internet, todo un nuevo campo de batalla.

Las amenazas de Donald Trump sobre la opción militar para Venezuela no son nuevas, ya que se viene desarrollando y ejerciendo hace varias décadas, a través de diferentes administraciones.

Por eso, la idea de la oposición golpista y terrorista en Venezuela, apalancada por la propaganda de guerra, una matriz mediática totalmente enfocada en desacreditar y mentir sobre lo que sucede allí, es la de imponer en el  mundo la idea de un Nicolás Maduro dictador, y por tanto Venezuela es una dictadura que viola los derechos humanos, que asesina, restringe las libertades, y tiene sometido al pueblo al hambre y la represión.

La  potencia imperial busca la salida de la invasión, ya que los intentos de golpe de Estado tratando de dividir la Fuerza Armada Nacional Bolivariana también han fracasado.

Una invasión directa de tropas gringas en Venezuela es poco probable, es difícil que se embarque en esa aventura sin estar bien seguro que derrocará el gobierno fácil y rápidamente.   Sabe bien que una guerra larga y de guerrillas como la que probablemente le toque enfrentar allí no es la mejor opción, y sería muy costosa sin que le garantice el control del aparato del Estado y los recursos energéticos.

A esa aventura militar le tendría que sumar la guerra civil que una decisión de tal magnitud provocaría, con una sociedad dividida y polarizada, donde su aliado principal, la oligarquía, también se vería obligada a participar, ya no desde el cómodo sofá o el “exilio” en Miami, sino poniéndose al frente de sus tropas y “conduciendo” a sus bases, principalmente a la clase media que se estuvo entrenando estos últimos meses en la lucha callejera, en la guerra contra la “dictadura”.

Y si es cierto que la historia se repite, la primera vez como una tragedia y la segunda como una farsa, Trump no puede estar seguro que esta vez a ellos y sus aliados les tocará solamente la parte de la comedia, y que a otros pueblos les toque la de la tragedia.

Si lleva de la mano a esa aventura a su aliado colombiano, quién sabe cómo termine lo que tanto empeño puso Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Cuba con Fidel y Raúl Castro, los países garantes, la comunidad internacional y los pueblos del mundo para que fuera posible la paz en Colombia, porque era la prenda de garantía de la estabilidad en la región.

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