NOS HAN DECLARADO LA GUERRA

Por: Jorge Rachid

Los sectores de la reacción, aquellos que desde los primeros días del gobierno nacional y popular, no dudaron en comenzar a delimitar los territorios en disputa, en una operación política destinada a dividir al fórmula presidencial, atacando la Vicepresidencia con el mismo fervor con que persiguieron a Cristina y su familia, como así también a todos los funcionarios de su gobierno, durante años, con cárceles incluidas, por la Justicia cómplice y los medios hegemónicos transformados en verdaderos factores de poder.

En un gobierno que acaba de superar los 120 días desde su asunción, el ataque fue continuo con una operación dirigida por semana, organizada y direccionada a limitar la capacidad de maniobra del gobierno. Una forma de ponerle límites, condicionarlo, extorsionarlo, deteriorarlo, evitando por otra parte que avance hacia la posibilidad de desmontar las construcciones estructurales perversas, financieras del neoliberalismo saqueador.

Apenas asumido el gobierno los diarios Clarín y La Nación y sus despliegues audiovisuales comenzaron su campaña en defensa de sus propios intereses y de sus socios financieros e industriales. Atacaron la fórmula, presentaron al Presidente como “chirolita” de su vice, siguieron con las retenciones del campo antes de que se dictase una Resolución, luego avanzaron defendiendo la Justicia ante el reclamo por los presos políticos, anunciaron el default de la Provincia a los pocos días asumir Kicillof como si fuese provocado por su gestión de días. Antes de la pandemia avanzaron sobre cada renglón de su propuesta sobre la deuda, jugaron y juegan a favor de los acreedores de los cuales son parte, criticaron las medidas anti despidos y contratacaron con despidos masivos en las grandes empresas, exigieron pagos del gobierno anterior que habían sido postergados con la virulencia propia de la reacción, se hicieron los agraviados con las investigaciones en marcha y comenzaron a medir los antecedentes ideológicos de los compañeros funcionarios, como si fuesen guerrilleros. Hicieron de Venezuela y Cuba un caso líder para embestir contra el gobierno, con apoyo del Grupo de Lima y EEUU, exigiendo ser parte de la ofensiva contra los pueblos hermanos.

Pero declarada la Pandemia y la Cuarentena comenzaron a notar el crecimiento exponencial del gobierno ante la opinión pública y ese sólo hecho, los hizo redoblar la apuesta destituyente. Criticaron con dureza los médicos cubanos, saludados en todo el mundo como la expresión más alta de la solidaridad internacional, en Italia, en España y en los países africanos donde nadie va. Intentaron demoler el impuesto a las grandes fortunas con idas y vueltas al Congreso, primero exigiendo reuniones a distancia y luego presenciales según se ajustase a su juego. Le pusieron a la Corte límites ante el pedido de la vicepresidenta de fallar sobre el voto electrónico, aprovechando para redoblar sus ataques, usaron a los niños y personas con discapacidad para intentar flexibilizar la Cuarentena, le buscaron al Plan del Hambre los costos supuestamente altos, con compras de urgencia para 11 millones de argentinos, como si el Mercado funcionase normalmente, con empresas socias de esos intereses que se cartelizan e impiden al Estado comprar ante la emergencia, habiendo licitaciones de azúcar de cientos de toneladas sin oferentes. Otra parte del combate contra el gobierno, en este caso la complicidad de las empresas remarcadoras de precios.

Pero el ataque prosiguió, frente a la división que el accionar del gobierno produce en las filas del gobierno anterior en dispersión, al convocar sin diferencias de signos políticos a la lucha contra el virus. Ese escenario motivó una reacción en cadena de la peor especie con comunicadores tipo Leuco, Majul y Feinmann, vociferando alabanzas a Bolsonaro y Trump, atacando la Cuarentena y exigiendo medidas económicas de puesta en marcha del trabajo, sin reparar en las vidas humanas en peligro. Los Pichetto, los Bullrich, los Pinedo, los Macri criticando las medidas sanitarias y exigiendo junto a lo más granado de la reacción conservadora, cipaya y colonial de esta región, junto a Vargas Llosa, Uribe el asesino ex presidente colombiano, Piñera y Lacalle, la puesta en marcha de la producción de las materias primas que necesita el Imperio y sus negocios particulares.

Pero ahora han declarado la guerra con el tema de los presos y las libertades por la Pandemia, atacando sin pudor a un gobierno que reitera, como lo hizo hasta ahora, que son temas de resolución judicial, pero “el ladrón ve a todos de su condición” y coloca a la opinión pública a través de los medios a cacerolear una protesta inconducente al gobierno, al sólo efecto de deteriorar la Cuarentena y las medidas. Es más hay jueces que actuando en tándem con esa estrategia liberan presos emblemáticos como violadores que viven cerca de sus víctimas, para generar el odio que naturalmente suscita el hecho.

Un combo perfecto, una operación política magistral por parte de los enemigos de la Patria y del Pueblo, de esos militantes de ONG financiadas por EEUU que no dudan en cumplir órdenes, en trabajar los troles insultantes que inundan las redes, de incitar al odio y que avanzan, mientras el pueblo y el gobierno, los trabajadores de la salud y la economía esencial al funcionamiento comunitarios arriesgan sus vidas diariamente, mientras el enemigo pasea la muerte por las pantallas y en las primeras planas de los medios.

La pregunta entonces es que hacer frente a una guerra declarada, por enemigos cada vez visibles, por lo marginal de sus posiciones políticas, pero dominantes en lo comunicacional que va construyendo sentido, que desinforma y miente, que provoca enojo y odio y es ahí donde la política debe dar una respuesta contundente, que deje claras las aguas de la lucha política.

Si empresas de azúcar se cartelizan para no vender al precio establecido, el Estado debe expropiar por la ley de abastecimiento. Si una empresa de servicios públicos envía sus facturas al triple del mes anterior, el gobierno debe hacer congelar el monto. Si un juez libera un violador para provocar la reacción legítima del pueblo debe ser puesto ante el Consejo de la magistratura. Si las declaraciones de dirigentes políticos y medios atentan contra la democracia, ahí está la ley defensa de la democracia.

Entonces herramientas hay, sólo habrá que aplicarlas frente a un enemigo que emplea el libreto de los genocidas de la Pandemia para atacar al gobierno, es un problema de decisión política estratégica, estamos defendiendo la vida del pueblo, entonces desnudemos a los que juegan con la salud del pueblo argentino, por intereses mezquinos y canallas, materialistas y egoístas, sumisos y coloniales, intentando enterrar los 70 años de historia solidaria construida por el pueblo argentino desde el peronismo.

 

PRIMERO LA PATRIA

www.lapatriaestaprimero.org
CABA, 1° de mayo de 2020

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Colaboradores diversos Huellas Suburbanas
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