NI OLVIDO NI PERDON

Ante la indiferencia de un pueblo agobiado y desorientado, el 24 de Marzo de 1976 la Presidenta Isabel Martínez de Perón fue derrocada por un Golpe Cívico Militar. En su caída jugaron un papel preponderante el asentimiento de la clase media, la alegría suicida del empresariado y sus instituciones, la complicidad de los partidos políticos y la instigación de los medios de comunicación. El Poder Judicial brindó la “legitimidad ética” al Proceso de Reorganización Nacional, único poder intocable en los 200 años de vida independiente.

Ha sido un dudoso lugar común afirmar que el Proceso fue una “Dictadura Militar”; ante tamaña falacia cabe señalar, recurriendo a la historia que entre 1976—1983 los argentinos soportamos una cruel dictadura cívico-militar, cuyo origen radica en el contubernio entre los altos mandos y la dirigencia civil con el beneplácito político—económico de los EE.UU.

La Junta Militar que asaltó el Poder Constitucional designo por sí y ante sí al General Jorge Rafael Videla como Presidente de la República, quien al asumir la suma del poder público se convirtió automáticamente en un dictador aunque el poder real lo detentara su Ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, estanciero y hombre vinculado a poderosas empresas nacionales y extranjeras. Resumiendo; el viejo país agroexportador y anti-industrial volvía a controlar la economía nacional merced a la gestión de las Fuerzas Armadas y variados sectores políticos.

Sus primeras medidas no dejaron dudas sobre la naturaleza de su política; intervención militar a la C.G.T. la C.G.E. y los sindicatos, suspensión de la actividad de los partidos políticos y cierre del Congreso de la Nación. Represión virulenta y desaparición de miles de ciudadanos muchos de ellos obreros, delegados y dirigentes sindicales. El país vivió un ciclo funesto y depredador en esos crueles años… pero el espíritu de los muertos sobrevivirá sobre el espíritu de los vivos.

Luis Furio
Luis Furio
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