EL MOVIMIENTO OBRERO Y LAS NUEVAS PERSPECTIVAS

Tras la multitudinaria movilización del 21 de febrero

A casi un año desde las históricas movilizaciones de Marzo de 2017 y a escasos días de la contundente muestra de poder del 21 de febrero pasado, volvió a quedar demostrado que la calle, la movilización y la organización popular son la trinchera y las armas predilectas de las clases subalternas para dar sus batallas.

Pero esta certeza no constituye ninguna novedad, no es nada que no se haya sabido desde antes. Sí es algo que se había perdido, sobre todo en los últimos años del decenio kirchnerista y que se ha recuperado. Enhorabuena. Ahora de lo que se trata es de no volver a perder ese lugar de pertenencia, de darle sentido a partir de la continuidad pues, como pudimos comprobar tras las manifestaciones multitudinarias de Marzo de 2017, si el reclamo legítimo, la sed de justicia y el hambre de igualdad no encuentran (porque no se organiza) la contención política precisa para canalizar sus demandas, toda esa potencia se diluye al punto de llegar el macrismo en aquel momento (exabruptos y burradas discursivas al margen) prácticamente sin despeinarse a las elecciones de Octubre. Es necesario que con la movilización del pasado 21 de febrero no vuelva a pasar lo mismo.

En este sentido, la puesta en marcha de un frente político sindical con eje en el tándem Moyanismo-CFT y la CTA en confluencia con los movimientos sociales que aportaron a la movilización, reconfigura el mapa sindical y político en general y pone proa hacia la construcción de una nueva síntesis cuya única característica conocida hasta el momento es la incógnita. De la resolución dialéctica de sus matices, su heterogeneidad, del diálogo interno de sus componentes con la realidad y el contenido de clase, resultará un modo de andar, una dirección y un contenido por ahora, con las hojas en blanco, con puntos ineludibles pero con tácticas, estrategias y armados aún sin definir. Por eso en el marco de esta relación de fuerzas dentro del nuevo frente se revela imprescindible la presencia política decisiva de las bases, que rompa la distancia entre la realidad cotidiana del desposeído, el desocupado o el trabajador pobre y los “tiempos” de los políticos profesionales, cuya única finalidad hasta el momento han sido los oscuros callejones sin salida donde travisten sus intereses con el traje de la gobernabilidad. Empoderar es hacer que los pueblos tomen las riendas de su destino en sus manos, el leit motiv de la lucha de clases nunca fue otro y es preciso formar a las bases en este sentido.

El oleaje en superficie no sólo sabe de los vientos que lo mecen, sino también de las corrientes abismales que lo empujan desde abajo.

Tampoco se trata de reclamarle a la CGT que asuma los roles organizativos que la partidocracia liberal deja vacantes, de lo que se trata es de exigirle que no se ausente en la defensa de los puestos de trabajo de sus confederados. Que no reivindique los programas de La Falda y Huerta Grande aquí y claudique con las corporaciones más allá. Tanto La Falda, como Huerta Grande, la CGT de los Argentinos fueron hitos que constituyen hasta hoy el punto programático más alto de la historia de nuestro movimiento obrero, pero es necesario avanzar sobre su superación.

La política no es ni estática ni metafísica (en el sentido de la antidialéctica), es dinámica y es concreta. Dos características que explican por qué el propio establishment viró sus posiciones y calibró su mira en dirección al movimiento obrero; porque entendió que a partir del viraje moyanista a posiciones nacionales en la defensa de sus bases podía generarse una nueva síntesis sobre la base de la unificación de sus reivindicaciones, con la sólida estructura político sindical preexistente de la Corriente Federal. Por eso el ataque artero vía judicial a la familia Moyano y la estigmatización de las organizaciones gremiales docentes.

Entonces, en un escenario político en que las corporaciones tienen en su poder los resortes económicos, mediáticos y judiciales necesarios para usar la realidad como una construcción en su propio beneficio, es imprescindible que el Movimiento Obrero diversifique sus herramientas de construcción política y mire de nuevo hacia sus bases, las forme y vuelque sobre ellas su experiencia, preparando los cimientos de la organización en perspectiva. Sin pensar necesariamente en las organizaciones sindicales siempre oficialistas, como la UTA que ya cerró un vergonzoso 15% de aumento en tres cuotas, Comercio, Uocra o UPCN, la renovación dirigencial tantas veces anunciada, reclamada y necesaria así como la apertura democrática del juego gremial en los sindicatos es una tarea transversal a todas las organizaciones. La “política del garrote” aplicada hacia adentro de los gremios para sostener el status quo interno ha traído consecuencias devastadoras y ha sido un ariete funcional a los intereses patronales.

La preponderancia que han tomado las regionales cegetistas es un síntoma más que saludable en ese sentido.

Lo hemos dicho y lo repetimos: la movilización del #21F, como aquéllas de 2017, abrió un camino más que auspicioso para la reorganización de una alianza plebeya amplia, obrera, popular y patriótica. Habrá que sostenerla y así, quizás, los vencidos de ayer sean los vencedores que mañana reescriban la historia de los pueblos libres.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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