MACRI, EL FMI Y AMERICA LATINA

Por: Horacio Cesarini

La política de ajuste del FMI (reducción de gastos del Estado y del personal empleado, desregulaciones a todo nivel, apertura de las importaciones, recortes salariales y el endeudamiento (quedando en carpeta, aunque “de eso no se habla”, el proyecto de la venta de las empresas del Estado, que resulta generalmente delictuoso) es  todo el programa, no escrito ni anunciado en su campaña, de la alianza gobernante.

Avances y  retrocesos en la Argentina y América latina

Hasta el triunfo de López Obrador y con la excepción de Evo Morales en Bolivia, Maduro en Venezuela a quien el petróleo y la unidad  monolítica del Ejército chavista le confirió firmeza ante los embates imperiales,  el jaqueado Daniel Ortega en Nicaragua y la heroica Cuba de los Castro y Miguel Díaz-Canel, es lo que está ocurriendo en el resto de América Latina, aunque sólo el gobierno argentino y el de Haití apelaron al FMI. Uno de los países más ricos y seguramente el más empobrecido buscaron la tutela del Fondo. El neo liberalismo dictó el carácter que uniformó las políticas de Temer en el gigante Brasil, Kuczynski o Vizcarra (ahora con el apoyo del fujimorismo) en Perú, Sebastián Piñera en Chile, Horacio Cartes  en Paraguay y del converso Lenin Moreno (traicionó tanto a Correa como la memoria de quien debe su nombre), entre otros.

Aunque el triunfo electoral de López Obrador aparece como un nuevo punto de partida, se  tiene la sensación de que se operó un evidente retroceso de las fuerzas nacionales y revolucionarias de América Latina, con relación a la primera década del siglo XXI. La prensa, manejada por el imperialismo, favoreció la idea del triunfo ilimitado del capitalismo de los EE.UU.

¿Qué sucedió? Se habían anestesiado muchos de los movimientos nacional-revolucionarios o llegados a acuerdos temporarios o no tanto con el imperialismo. Habían muerto algunos de sus grandes líderes (Fidel Castro, Hugo Chávez y Néstor Kirchner) y se había agotado, por distintas causas, pero siempre por el atraso y la división de la Patria Grande desde su independencia, el impulso revolucionario. Y además, y como si fuese poco, en las grandes ciudades puerto de Nuestra América crecía la existencia de una clase media, que eclipsada por el neoliberalismo en boga, atentó contra sus propios intereses y contra la de sus pueblos.

Valga el ejemplo de la  revolución mejicana en 1910, que a caballo de Emiliano Zapata y la autoridad de Pancho Vila, había alterado las estructuras del sistema de terratenientes y capitales extranjeros, y que terminó desfigurada por el propio partido que debía continuarla. Es claro que México padece la tensión de su cercanía al gran imperio.

Las débiles “burguesías nacionales” y las revoluciones inconclusas

No es sólo, entonces, el caso de la Argentina. O por la voracidad del imperialismo financiero o por las debilidades de los gobiernos nacionales y populares o por ambas causas,  no se han logrado mantener las conquistas revolucionarias de corte nacional, como en el caso del Ecuador de Correa, el Brasil de Lula y Dilma o la Argentina peronista de los Kirchner.

Además, debemos contar entre las debilidades de nuestras experiencias para modificar el orden oligárquico, entre otros,  los intentos fracasados de Perón, Néstor y Cristina para crear, del naciente o renaciente (según los casos) empresariado, una burguesía nacional. Muy lejos de la constitución de una burguesía nacional, los intentos citados dieron como resultado un grupo comercial-industrial-financiero más próximo a la actividad especulativa y a los intereses externos que a la producción capitalista. Cada crédito ventajoso obtenido por los “burgueses nacionales” salía disparado hacia Punta del Este o Miami. Cuando no, evadidos, en complicidad con la banca usurera, hacia los paraísos fiscales. La existencia de verdaderos empresarios nacionales o del cooperativismo no significa que se hayan conformado como una clase con intereses para sí destinados a constituir un fuerte  mercado interno (ese papel lo cumplió el Estado). Tuvimos y tenemos industriales pero no burguesía nacional. Ni tampoco tuvimos una revolución cultural, que acompañe la transformación hacia un  país industrial, con un capitalismo autónomo,  para desterrar la enquistada cultura oligárquica, como sucedió en la Francia renacentista.

Pero para llegar a ser un país soberano con justicia social no deberemos cumplir las etapas de desarrollo que se dieron en la Europa capitalista. La experiencia nos demostró que es el Estado el encargado de fijar las pautas de crecimiento, distribución del ingreso y control de la economía. Pero, para eso, se debe recuperar el poder político con un programa nacional y popular.

De la “lluvia de inversiones” a la súplicas ante el FMI

El gobierno de Cambiemos procuró, desde su asunción, ser complaciente hacia los Estados Unidos. Pretendió y pretende estar en lo más alto del podio en ese cometido y demostrar que, en la Argentina, hay un gobierno democrático con  políticas de ajuste, dispuesto a modificar la política clásica de sustitución de importaciones y de industrialización, (que tuvo lugar durante los gobiernos peronistas),  para ser  merecedor de una “lluvia de inversiones”. Muy lejos de alcanzar ese objetivo, terminaron recurriendo al más gravoso acuerdo con el FMI. Boicoteado el Mercosur y aplastada la Unasur por la indolencia, incapacidad y cipayismo del macrismo, ni siquiera pudieron llegar a acuerdos comerciales nada ventajosos, entrando por la ventana en los tratados del Pacífico o con la UE. No estaba en los programas de estudio del Cardenal Newman la materia que se aprende viviendo, y que  dice que el imperialismo no hace contraprestaciones y que no perdió ni las garras ni las ambiciones de dominio. En fin, podríamos afirmar que el imperialismo no impuso las medidas  del FMI, sino que el gobierno que preside Macri, fue a pedirlas. Lejos han quedado los reclamos de una política comercial equitativa –quiere decir de igual a igual-, entre los EE.UU y América latina. Tan  lejos como el rechazo al ALCA que impulsaron Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y Néstor Kirchner. Pero el imperialismo no cree en la igualdad.

Del fracaso de Cambiemos a la genuflexión radical

El ruinoso gobierno de la alianza Cambiemos, que tiene un Frigerio entre sus ministros, ni siquiera pudo trazar, como pretendió Arturo Frondizi en 1958, una política “desarrollista”, que, como sabemos, se fundaba en la llegada de capitales extranjeros para desarrollar la industria nacional y estabilizar la economía. Aquella utopía fue lo mejor que pretendió el radicalismo, en su máxima expresión pequeño-burguesa. Imaginemos que puede dar la actual UCR, verdadero felpudo del PRO. Tiene razón, quizás por única vez, la gran simuladora de virtudes Lilita Carrió, cuando afirmó que al partido centenario lo manejaba desde afuera.  Pero, concluimos que el capital extranjero no está para ayudar sino para especular y al final, para depredar.

A contramano y sin cambiar el rumbo

A contramano del mundo desarrollado, que hoy más que nunca, no practica ningún tipo de apertura comercial,  (el gobierno de Trump es ultra proteccionista y defiende a rajatabla cada rubro de su producción, así sea la producción primaria), Mauricio Macri, que ignora todas las doctrinas económicas  -como la historia nacional y universal- , abre sus puertas al mundo, obligándonos a negociar con el FMI en las peores condiciones de inferioridad y debilidad.

Estamos ante una política que excede el calificativo de neoliberal. Es colonial. El Presidente Macri en el escueto, corto y lacónico acto del Día de la Independencia, “celebrado” en la provincia de Tucumán, admitió que se “está pasando por una tormenta”…”fruto de temas de nuestra propia gestión”…”pero el rumbo del barco está claro, sigue siendo el mismo”. Macri tiene el iceberg a la vista y, como el imán a los metales, parece atraerlo. Se avanza, sin duda, hacia una catástrofe social.

¿Qué hacer?

No sabemos si el gobierno llegará a octubre de 2019. Es como los meteoritos, sabemos que los hay pero no donde y cuando van a caer, o si no caen.

Debemos ser activos militantes de la más amplia unidad del peronismo, los movimientos sociales y agrupaciones políticas  del vasto movimiento nacional, para conformar  un frente opositor nacional, democrático y electoral. Y el peronismo deberá ser su eje vertebral. Es el peronismo lo que la historia nos ha podido dar y donde se mantiene la llama encendida de la revolución posible.

El triunfo de López Obrador en México, que vuelve su mirada hacia el sur latinoamericano, y el #LulaLivre, que traspasó los límites del tumultuoso Brasil, han renovado las esperanzas en las reservas revolucionarias de la América morena y de  nuestro país.

Buenos  Aires, 11 de julio de 2018

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