QUE LOS UNA LA PATRIA, LA NACIÓN LATINOAMERICANA Y NO EL ESPANTO

Dados los últimos acontecimientos que sufre nuestra patria, con la connivencia de la oposición política por supuesto, podemos afirmar contundentemente que asistimos a un lamentable y nefasto hecho histórico, que no constituye ni por cerca, la grandeza de la patria que nos legaran nuestros libertadores, ni los principios básicos de los movimientos nacionales que surgieran en el país, como lo fueron el Yrigoyenismo y el Peronismo.

Se echó por tierra todo principio político a causa de los internismos, los egoísmos y los negociados espurios, lo cual nos lleva a una profunda reflexión que el titulo antecedente del artículo presente lo menciona, y lo que está implícito se hace explícito: ¿Queremos un país bananero como quería la oligarquía en el primer centenario (por cada diez cabezas de ganado un habitante)?, acá aparece el viejo apotegma de que el problema de nuestro país es la extensión, expresión acabada de la oligarquía agiotista, vernácula y pro – imperialista, como ya lo planteara Sarmiento, primero estuvieron sus intereses y luego la patria.

Al parecer en nuestro ethos cultural, la memoria colectiva está recuperando los intereses de los desposeídos, ante la impronta y la embestida del neoliberalismo, reflejada en la dirigencia política del macrismo y de la sátrapa oposición también. Sólo los pueblos que recuperan la memoria colectiva pueden pasar estos reflujos contrarrevolucionarios, fiel reflejo de esta canalla gestión de gobierno y su cómplice oposición política, en definitiva, la salvajada apátrida que actualmente nos conduce, por gestión de gobierno u oposición.

Ésta tesitura es tan cara a los sentimientos de todas las luchas populares que tuvimos desde que se construyó la patria, que lo que queda claro y contundente es que solo el pueblo en la calle será el único artífice y protagonista principal de la transformación real de nuestra actual circunstancia histórica, y no las dirigencias de gobierno o la oposición que con su falsa representatividad política y su decadente acuerdismo dirigencial, no hacen más que oscurecer los intereses de la patria y la memoria colectiva de nuestro pueblo.

Sólo la clase trabajadora como sujeto histórico, será el único protagonista de construir y transformar la historia.

Observando a la distancia ésta movilización y sus reclamos, nos parece inferir que el rumbo que la misma lleva es el correcto, y soplan nuevos vientos de cambio para la patria y el movimiento nacional a pesar de su anquilosada dirigencia, teniendo fundamentalmente en cuenta que las democracias formales – liberales entreguistas, son títeres propios del imperio desde hace mucho tiempo ya.

La representación política pregonada a viva voz no solo por el macrismo y sus acólitos seguidores, sino también por una débil, fragmentada y pactista oposición política, ha dado como resultante de poder un sistema de partidos que no ha hecho otra cosa más que cimentar en el imaginario colectivo de la sociedad civil, a la política como herramienta contubernista de unos cuantos intereses sectoriales de clase y/o de cúpula dirigencial, dejando de lado la visión política real de la misma, como un instrumento de cambio colectivo en favor de los intereses de la patria como constructo social de los que menos tienen, esto dicho sea de paso, a causa de los mismos y recurrentes acuerdos de clase.

Esta lógica social y política se ha cristalizado, anteponiendo siempre el mérito individual en detrimento de la construcción política colectiva, lo cual es un legado que viene dado desde la prehistoria de la humanidad y no del tan pregonado “mundo occidental” de las polis griegas y la civilización romana.

Para el terrible maremanto que vive nuestro país, es necesario recordar que en los “países desarrollados”, también llamados del “primer mundo”, el Estado cumple una función fundamental, no tan sólo en lo institucional sino también en lo social. Cabe destacar que toda inversión privada de los capitales es mixta, mitad estatal mitad privada, pero con pautas minuciosas y precisas impuestas por el Estado Nacional, no tan sólo para resguardar sus intereses y la soberanía, sino que tratan también e intrínsecamente volcarlo hacia lo social, la educación, la salud y la justicia, en definitiva el bienestar de su pueblo.

Volviendo a los “países periféricos o subdesarrollados”, hay que afirmar que el último escudo de contención que tienen nuestros pueblos oprimidos es el Estado, que hace de malla protectora ante la embestida del imperialismo por un lado, y de las oligarquías nativas por otro. Si en los “países desarrollados” el Estado es una herramienta fundamental como institución: ¿Por qué en los nuestros nos invaden y manejan el destino nacional los CEO (Directorios de Empresas Financieras)?. Triste destino para nuestra patria si seguimos el derrotero de la dependencia semi – colonial, o de una vez por todas nos liberamos y forjamos nuestro destino, para dejar de ser-ser en otros, y pasar a ser-ser en nosotros mismos.

 

MESA PROVINCIAL “SEVERO CHUMBITA” – CENTRO DE ESTUDIOS SOCIALES “MANUEL UGARTE”. IZQUIERDA NACIONAL. PROF. RICARDO R. SOLOHAGA – LIC. CRISTIAN A. MARTÍNEZ – CIUDAD DE MÉXICO D.F, JUEVES 22 DE FEBRERO DE 2018.-

Ricardo Solohaga
Ricardo Solohaga
Ricardo.Solohaga@huellas-suburbanas.info