Las razones de la unidad frente a la “Grieta”

¿De qué hablamos cuando hablamos de grieta?   Surgida desde  el fondo de nuestra historia, han sido siempre los sectores dominantes quienes   pergeñaron la misma, y los que, ante el surgimiento de gobiernos populares, responsabilizan a éstos  por su creación.  Son los mismos que caracterizaron de “cabecitas negras” o “aluvión zoológico” a la presencia del pueblo con el surgimiento del peronismo; los que festejaron la enfermedad de Evita con el “viva el cáncer”.  O aquellos que en 1976 sindicaron a los opositores como “subversivos” o justificaron el accionar dictatorial con el “algo habrán hecho”. Hoy se han modernizado y vomitan su odio con los términos de “Kakas, kukas, choriplaneros o grasa militante”.

Es el odio cultural de clase al opositor, al pobre de toda pobreza. Es  la estigmatización insultante del discurso que se hizo carne en la campaña electoral de 2015.  Y  que aún hoy es sostenido desde los medios, imponiendo la desaparición, sino física como ayer, al menos, social o política.

Muchos de esos actores se autodefinen como demócratas, como defensores de la República, pero lo curioso es que lo hacen siguiendo las reglas del multimedios. Ese gran oligopolio mediático que se desarrolló siendo cómplice de la dictadura.  Es desde ese lugar donde  se formatea la opinión pública con el grupo de informadores que componen ex voceros de la dictadura,  ex jóvenes “diez” de Videla y hasta hijos de represores.

La grieta que conformaron y que en realidad es la que encubren es la que enfrenta a dos modelos de país.  La que existe entre el país integrado, industrializado, con un pujante mercado interno, que a las clases dominantes jamás les interesó,  y el otro modelo,  ese que el retorno del neoliberalismo está avanzando en imponernos. El que endeuda nuestras riquezas, se somete al capital internacional financiero y beneficia a los sectores agroexportadores y que responde a los organismos internacionales.

Para enfrentar a este gobierno neoliberal, que es la reproducción actualizada de intentos anteriores, hay que construir, como única alternativa, la unidad del campo popular.  Y cuando hablamos de unidad política tenemos que hacerlo en la perspectiva de una unidad de las diferencias.  Porque la misma surge precisamente de esas diferencias, las que no van a desaparecer con dicha unidad, sino que van a quedar subordinadas a los puntos que han llevado a contraerla.

Toda unidad política implica una alianza, que a su vez tiene lugar bajo un pacto que se contrae entre dos o más partidos u organizaciones para cumplir un objetivo común.   Ya sea tanto En política como en la guerra puede haber pactos entre fuerzas enemigas. Los pactos   están determinados por un objetivo común.  En política esa definición supone la existencia de un enemigo común. Con la derrota de ese enemigo termina dicho pacto y las alianzas deben ser renovadas en función de otros objetivos, o simplemente darlas por concluidas. La unidad de la hora tendrá como objetivo común vencer al aparato neoliberal en la elección de medio término, para avanzar hacia la victoria definitiva en los comicios de 2019.

Pese a que al conformar un frente o alianza, se podría especular con una dirección colectiva de los distintos sectores constituyentes de ese espacio, en determinadas circunstancias no se actúa de ese modo.  Los llamados líderes, es decir, las personas a las que por su historial, prestigio o carisma les son concedidas atribuciones para convocar al conjunto unitario sin previa consulta, ni deliberación, son los que conducen ese colectivo.

Los auténticos líderes son líderes unitarios, es decir, son los que han sido capaces de aunar diversos desacuerdos en función de denominadores comunes, sean programáticos o simplemente simbólicos.  Por esa misma razón, los auténticos líderes han llegado a serlo porque fueron los primeros en respetar la unidad de las fuerzas que dirigían o representaban.

Es lo que hoy está sucediendo alrededor de la ex presidenta Cristina Fernández, quien está ejercieron indiscutido liderazgo gracias a la capacidad que posee para producir acuerdos entre las  discrepancias de las distintas organizaciones.   Eso se logra entendiendo que hacer política significa dominar, antes que nada, el arte de sumar.   Ante este hecho, la entente político – mediático – judicial, reaccionó como lo está haciendo: avanza en búsqueda del accionar de un juez venal que sea capaz de impedir, a toda costa, que ella pueda encabezar una lista en las próximas elecciones. Incluso intentando detenerla sin fundamento legal alguno.

Atento al pensamiento sarmientino de “civilización o barbarie, Juan B. Alberdi, se había referido al liberal argentino, como: “quien no mata con el cuchillo, pero destroza y devasta con su sofisma que es su cuchillo. No es el caudillo de chiripá, pero es el caudillo de frac; es siempre un bárbaro, pero un bárbaro civilizado”.    ¿Ha retornado esa lógica avasalladora del “liberal argento” en esta etapa del macrismo neoliberal? ¿Se ha hecho carne el odio regado desde los medios?  ¿ El protestar contra la pérdida de trabajo o de los derechos adquiridos es transformarse en el enemigo del gobierno de los Ceo´s?  ¿Habrá que pensar el voto como medida de autodefensa?

Estos próximos comicios no definen solamente candidaturas…     Pese a que éstas son de medio término, elecciones a las que generalmente se les resta importancia,  pueden servir para comenzar a inclinar la balanza hacia uno de los márgenes de la grieta real.  Se  vota por una Patria incluyente o por un país para ricos…

Juan Carlos Dennin
Juan Carlos Dennin
juancarlos@huellas-suburbanas.info