Las preguntitas sin tiempo

Inicio estas reflexiones con una pregunta que, deseo, el público lector pueda responderse a sí mismo con total honestidad. ¿En verdad pensábamos que podía cerrarse la “grieta” sobre la base de buenas intenciones, paciencia poco menos que infinita y un constante poner la otra mejilla?

De ser así, el legítimo acto de la esperanza nos arropó en una candidez que, a su vez, nos tabicó los ojos frente a una matriz cultural ideológica que viene desde muy lejos en nuestro país: A la parte reaccionaria dizque antinacional de esa tal “grieta” le encantan las muertes padecidas en el otro bando en pugna. Avalan persecuciones, represiones, se ciegan voluntariamente ante crímenes aberrantes, son permeables a querer creer en mentiras de una banalidad y ramplonería difícil de asimilar, y se nutren de un odio al prójimo que se suele propagar generacionalmente.

¿A esas personas habría que explicarles, cuales corderos entre lobos, cuestiones de pasmosa obviedad, siendo que ellos mismos se niegan tenazmente a reconocer ninguna otra verdad que la que propaga el virus más dañino de nuestra era, que es el de los tanques multimediáticos las 24 horas, tan recurrentemente financiados por fondos buitres y demás instituciones que nada tienen que ver con los más elementales intereses de nuestro país?

El gobierno nacional, valientemente encabezado por Alberto Fernández, en el peor contexto planetario que podría haber afrontado, ¿Piensa seguir subastando la elevadísima popularidad alcanzada, a cachetazo mediático y operaciones judicial-políticas limpias en medio de una pandemia? ¿Está dispuesto a seguir regalando agenda y terreno discursivo a mediocres operadores del establishment, cuyo único recurso real son las chicanas y la protección sincronizada con miembros del poder judicial y alcahuetes periodísticos a sueldo? ¿Insistirán desde el Ejecutivo en una práctica comunicacional llena de baches y cruces públicos hasta entre funcionarios del gobierno, que opaca las positivas medidas –aunque a esta altura, algunas de visible carácter insuficiente- llevadas adelante en estos casi cinco meses de gestión?

Apresurados y retardatarios

Mucho he leído y escuchado durante las últimas semanas sobre aquello de “apresurados y retardatarios”.  Lo cierto es que, si en un contexto excepcional como el que estamos atravesando, reclamar una salida hacia adelante con mayor contundencia efectiva, que implique un gravamen fijo a las grandes fortunas, un impulso inmediato para “aguantar” el empleo que va quedando, y desarrollar prontas políticas para sumar fuentes de trabajo de acá a fin de este año; si por aplaudir la negociación de la deuda externa, pero poner el ojo en la muy cuestionable concesión recientemente realizada a favor de la venta y producción de glifosato en nuestro país; si, en definitiva, exigirle a un gobierno que alza las banderas de lo nacional y popular, que avance con decisión en honrar las mejores tradiciones  soberanas del justicialismo, aunque ello implique enardecer a opositores y extremar esa “grieta” que ellos mismos se obstinan en alimentar a diario; si frente a todos esos reclamos, hay quienes nos tildan de “apresurados”, pues bien, sólo resta advertirles: los retardatarios no son tal cosa. En verdad, pecan de conservadores. Y ese es otro cantar.

Las fuerzas de la reacción jamás valoraron la prédica conciliadora de los actores democráticos de nuestro país. Por el contrario, consideran a tales posturas como inequívocos gestos de debilidad. Y avanzan en consecuencia, implacables, destituyentes. Mostrando su peor cara… o la única que tienen.

De esta etapa, suponemos que se sale venciendo en una ardua pulseada. O  apuntamos a ganar en soberanía desde un proyecto industrial, o nos convierten en lo que ellos quieren que seamos.

La organización y la presión democrática del pueblo trabajador también significará una pieza ineludible en la cual el actual gobierno se podrá apoyar para tomar grandes decisiones. Pero esto no se puede postergar para el año que viene, cuando todos quieran volver a especular con la calculadora de las candidaturas, y decidan mandar al freezer todo proyecto que ponga en riesgo el marco de lo políticamente correcto.

El futuro de nuestra patria se está dirimiendo en estos mismos instantes.

Estemos atentos, sigamos cuidándonos de la peste mundial, y comencemos a ver qué hacemos de una vez con las cuestiones de los grupos privilegiados que nos intentan hacer cada vez más irrespirable la vida misma.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com