LAS PARITARIAS DEFINEN CUESTIONES SALARIALES, Y POLÍTICAS

Por Jorge Eduardo Capó
   Por estos días están llevándose a cabo las primeras  reuniones tendientes a encaminar una cuestión trascendente como es la pauta salarial del año en curso.
   Y en este 2013, este tema adquiere una especial importancia, no sólo por la incidencia en el mercado interno y la economía en general, sino – fundamentalmente-  porque la compulsa se da en un escenario previo a una contienda electoral.
   Esto implica que algunos actores involucrados – según sea su visión o su expectativa electoral-  estén muy moderados en el lenguaje o, por el contrario, carguen las tintas en las declaraciones y exacerben la discusión distributiva.
   Más allá de las formas, en las cinco centrales sindicales coinciden en la necesidad de pactar, como mínimo, una recomposición salarial del orden del 25%, y ante una posible coyuntura inflacionaria, pretenden dejar abierta la posibilidad de una reapertura semestral, con un eventual reajuste mediante cláusulas gatillo  u otro mecanismo que permita mantener el nivel adquisitivo.
   En este contexto, hay elementos que sin duda impactan de lleno en las tratativas,  como son el impuesto a las ganancias y la inflación.
   El tema impositivo, a esta altura, no resiste ningún análisis. Todos, absolutamente todos los sectores sindicales coinciden en afirmar lo improcedente que significa gravar los salarios, al tiempo que siguen exentos, por ejemplo, el lucro financiero procedente de la especulación.
   La imperiosa necesidad de recaudar que tiene hoy por hoy el gobierno, es la única justificación para sostener este impuesto al salario; y la mayor o menor  afinidad de los dirigentes gremiales con el gobierno es la que regula el tono de las declaraciones al respecto.
   En cuanto a la suba del costo de vida, resultan llamativas algunas contradicciones: Guillermo Moreno es el primero en sostener que el porcentaje inflacionario del último año ronda el 10%, sin embargo, a la hora de proyectar el precio del dólar para 2013 vaticina una devaluación del 20%. Y todos sabemos que la divisa yanqui tiene directa incidencia en los costos y por ende, en el nivel de precios y tarifas.
   Algunas voces oficialistas como la de Edgardo De Petri, acompañan desde el discurso la pretensión sindical de ir por un 25% y agrega que: “la inflación no la produce la política sino los formadores de precios” y que “el gobierno tiene la decisión de defender el poder adquisitivo de los sueldos”.
   Otros aliados al gobierno, como la Unión Industrial, principal referente de las cámaras empresarias, adhieren al pronóstico de Moreno, respecto al dólar, y rechazan las paritarias desdobladas que pretenden los gremios más combativos.
   Así las cosas, la última palabra la tiene el Poder Ejecutivo.
   Habrá que ver si desde la Casa Rosada le dan la razón a De Petri, respecto a la decisión de defender el poder adquisitivo de los trabajadores.
   Si esto sucede se impone una reforma tributaria y acciones concretas contra los formadores de precios, que generan  la inflación.
   Y en la misma sintonía,  sería saludable salir al cruce de Funes de Rioja y otros, que demonizan las paritarias, hablando de “rodrigazo” o de “estampida salarial”.
   El gobierno tiene enfáticos voceros que aún no se han pronunciado al respecto. Esperamos ansiosos que salgan a defender el mercado interno y el bolsillo de los asalariados, con la misma vehemencia que han salido a defender otras cuestiones.
   Si por el contrario,  prosperan los argumentos de la Unión Industrial, habrá que entender, con el pesar que ello implica, que vuelven los tiempos de ajuste y de retracción salarial.
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