Las elecciones, problemáticas ambientales y las propuestas partidarias

Recién llego de un acto que organizamos con grupos, instituciones, partidos políticos  y ciudadanos frente a la intendencia de Marcos Paz, pueblo que escogí para vivir , reclamando por el cierre definitivo de un incinerador (donde se quema todo tipo de desperdicios y se emiten al ambiente gases y cenizas) que fue instalado de manera fraudulenta hace 25 años. Nos encontramos con viejos amigos /as de militancia enredador de las problemáticas ambientales y con muchos jóvenes  que, cuando empezamos a luchar por el cierre de este incinerador estaban en el vientre de sus madres o gateaban.

Mientras volvía en mi bici, ganándole a la lluvia, no deje de pensar en esta “fábrica” de muerte, de gases y cenizas que contaminan esta y otras generaciones, en la ceguera de los políticos para discutir, consensuar y proyectar la vida, en todas las dimensiones, dentro de un territorio inclusivo.

Ahora mismo sentado frente a la máquina , trato de fundir dos imágenes , dos ámbitos separados por un par de cuadras, las “mesas” de los partidos políticos , todas en fila en la plaza principal y la de aquellos que reclamamos un desarrollo, o lo palabra que escojamos , sustentable. Vuelven las preguntas que me hago siempre ¿podemos hacer un país verdaderamente inclusivo? ¿Podemos generar un desarrollo equitativo, sustentable? ¿es necesario crecer para repartir mejor? ¿Podemos vivir mejor sin crecer, donde el ser y el estar sean más importantes que el tener? ¿En qué nos equivocamos?

A dos semanas de las primarias simultáneas, todos los candidatos, sean a intendente, gobernador, concejal, diputados, y por supuesto a Presidente, lucen imágenes sonrientes. Unos prometiendo volver a un paso venturoso, feliz,  inclusivo, de remedios y servicios gratuitos. Otros avanzar raudamente, no ya gradualmente, a un futuro promisorio de crecimiento e igualdad.

Unos y otros, para ser más claro: Cambiemos y el Frente para la Victoria, o como se quieran llamar, se olvidan del presente, porque quizás  ambos son responsables de lo que nos acontece. Unos porque antepusieron   las políticas de largo plazo, las energéticas, las agrarias, las alimentarias, a las necesidades de corto plazo: ganar elecciones, a como sea, hacer caja. Los otros, los actuales, por inoperancia, por no proveer las consecuencias económico -sociales de sus políticas, de creer que con un dólar alto y con un par de arreglos “de imagen” las inversiones fluirían “como agua de manantial hacia un suelo sediento”.

Se equivocaron, se equivocan y seguiremos equivocándonos, según mi entender y parecer, porque no sólo no hacemos adecuados diagnósticos nacionales, sectoriales, territoriales, sino porque además no planificamos de manera participativa, consensuada con monitoreo  e indicadores cuali y cuantitativos.

No se planifica; se actúa en un presente constante. En este esquema, si el precio de la soja es alto…  adelante, promovamos el monocultivo con políticas cambiarias, arancelarias, tecnológicas… produzcamos más, más y más. Exportemos, pongamos retenciones ya que  el chiste es quedarse con una parte de los ingresos… y no importa que los monocultivos no sean sustentables: para eso están los fertilizantes, los plaguicidas para hacer producciones sostenibles. Permitamos que se registren plaguicidas prohibidos en otros países. Promovamos la producción de petróleo, ¡arriba!, ¡vamos! … más, más, y más.

¿Y qué hay de las personas, los ciudadanos, el pueblo, la gente afectada en su salud? No importa, ya nos ocuparemos, ya le haremos  una escuela , un hospital, quizá hasta le daremos un plan…

Algo similar ocurre con la minería. ¿El precio del oro, cobre, aluminio, son altos?, bien promovamos la minería. Llamemos a empresas trasnacionales, hagamos obras de infraestructura para que puedan sacar los minerales, rápido, barato, cómodo. ¿Se puede contaminar el agua, el suelo y los alimentos? Bien, en principio neguémoslo, la minería es sustentable, genera trabajo, bienestar, prosperidad y progreso. Prometamos obras en las comunidades, aunque al irse las empresas dejen tierra arrasada. Las comunidades de Jáchal en San Juan, y Andalgalá, en Catamarca, son prueba de ellos.

Decía Don  Enrique santos Discépolo  “ Hoy resulta que es lo mismo, Ser derecho que traidor, Ignorante, sabio, chorro, Generoso o estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro. Que un gran profesor, No hay aplazaos ni escalafón. Los ignorantes nos han igualado…”. Pasaron 85 años de su creación y sigue teniendo la misma vitalidad, la misma vigencia. Corruptos e incapaces, serviles a intereses extranjeros, presos que se postulan para cargos, mentirosos seriales nos vuelven a prometer un futuro venturoso, un destino  de grandeza, si sólo los votamos, una vez más y de acuerdo a sus promesas… estaríamos condenados al éxito.

Sigue lloviendo, y vuelven las imágenes, allí cantando y tomado mate frente al municipio, reclamando el cierre del incinerador (también podría ser reclamando por el cierre de una minera y por la prohibición del glifosato), allí un poco más grandes y con más experiencia, con el pelo gris y algunos achaques, no hablando de hijos sino de nietos, allí, siempre allí, luchando,  discutiendo, proponiendo… mientras tanto los políticos desde las canciones y los carteles siguen sonriendo. Sonriendo, ¿De qué?  No lo sabemos.

Fotografía: Grupo de lucha contra el incinerador

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info