Las anchas avenidas (del medio) desembocan en angostos pasajes

Mientras la guerra comercial entre China y los Estados Unidos prosigue con sus vaivenes y expande, cual segunda guerra fría, su radio de operaciones y alcance a escala planetaria, nuestra América sufre los constantes y cada vez más explícitos y obscenos embates del bloque occidental del Hemisferio Norte, ávidos por el control comercial, político, financiero y cultural de esta región del planeta. Acaso de una vez y para siempre.

La intención, ya muy poco ocultada, es poner de rodillas a América Latina cual fin de la historia, y así desbalancear parcialmente la disputa entre los dos colosos del orbe. Uno en gradual declive y rayano en conductas histéricas que se desprenden de tal situación. El otro, en parsimonioso pero constante ascenso.

Estratégicamente, no es tan difícil saber por dónde se puede transitar con mayor dignidad y éxito en tal tablero internacional, desde la innata debilidad de la región que habitamos.

En dicho contexto, nos puede gustar más o menos el devenir de la desangrada Venezuela bolivariana, o la Nicaragua orteguista; nos puede conmover, o no tanto, la Argentina peronista-kirchnerista, el Brasil del PT de Lula, la Bolivia plurinacional de Morales, o la Cuba eterna, sólo por mencionar algunos casos paradigmáticos. Pero estratégicamente no es posible, para quienes bregamos –con mayores o menores críticas internas- por una Patria Grande Latinoamericana, cruzarnos de vereda o analizar desde un idílico espacio intermedio lo que sucede ante el avance de las marionetas de la derecha regional, sólidamente articuladas por embajadas, organismos internacionales de crédito o estructuras obsoletas, como bien lo pueden ser la OEA o la mismísima ONU.

Las contradicciones se agudizan y no es momento de saltar hacia las avenidas del medio. Pues sabemos, al final del camino, para qué intereses y hacia qué bloque terminan siendo funcionales dichos sub-bloques.

La avenida desemboca en un pasaje cada vez más angosto… hasta por último, diluirse en un triste y solitario giro a la derecha.

El pago chico: Punteando la carrera por sorpresa

 A pesar de una oposición política cuyas divisiones no sólo a nivel nacional, sino también municipal, pareciera que nunca terminan de zanjarse, e incluso alcanzan el patetismo en múltiples ocasiones, el frente Cambiemos se ve envuelto en una pendiente abrupta, ocasionada en gran medida por la debacle total del líder indiscutido de la coalición gobernante.

Les urge revisar conceptos, recurrir ya salvajemente al vaciamiento total de las reservas fiscales y del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSES. Avanzan diariamente hacia el saqueo deliberado y avalado por el FMI y el gobierno de los Estados Unidos. Entre tanto, salen a maquillar un panorama social desolador, a suavizar actitudes (María Eugenia Vidal, la especialista en ello, tuvo la frescura de pedirles disculpas a los docentes bonaerenses, luego de 3 largos años de hostigamiento y humillaciones públicas y mediáticas permanentes)… pero aún así, el efecto dominó del Primer Mandatario y su cotidiano tránsito por medidas impopulares, se hace notar a lo largo y a lo ancho del país, en cada proceso electoral que se viene concatenando.

Morón no es ajeno a dicha realidad, y acaso en parte a pesar de sí mismo, el bloque mayoritario del campo nacional popular recupera terreno en la carrera electoral municipal. Lo que hasta hace no más de dos meses se reconocía por los pasillos de la política local como un triunfo “cantado” del Pro, se ha puesto en serias dudas, con una tendencia incipiente hacia la reversión de tal eventualidad. Situación que abre fundadas expectativas entre los referentes de Unidad Ciudadana y el Justicialismo distrital, para ser más específicos.

Claro que muy posiblemente se librarán PASO, como en muchos otros distritos. Y del modo en que se encare la misma, será el tipo de senda que se transitará de cara a la elección de octubre.

Unas internas abiertas “razonables”, en parte consensuadas, civilizadas por caso, proyectarían a un bloque más o menos cohesionado –gane quien gane en Agosto- de cara a la definición de tres meses después. Caso contrario, una PASO jugada “a muerte” dejará un tendal de heridos y garantizará aquello que tanto conocemos los bonaerenses, y los argentinos en general: Que “el que pierde NO acompaña”.

Del equilibrio y consenso en las reglas del juego entre los actores que pretenden tirar para el mismo carro, dependerá en parte las posibilidades de dicho sector para abrazar una victoria distrital que no dependa únicamente del milagro de una catarata de votos nacionales, a boleta completa.

Porque, volviendo a nuestro encuadre inicial, nos puede gustar más o menos determinado candidato. Lo que no podemos hacer, cuando se agudizan las contradicciones incluso contra nuestra voluntad, y se polarizan los bloques de intereses, es terminar jugando para objetivos lejanos a los de la mayoría del pueblo trabajador.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com