La producción de hortalizas en el periurbano bonaerense.

La incorporación, expansión y persistencia de los trabajadores y productores de origen boliviano.

Recientemente el gobierno nacional a partir de sus ministerios, como el de agroindustria, y de sus instituciones específicas como el Instituto Nacional de tecnología agropecuaria (INTA) ha puesto límites a la participación en programas y planes específicos a productores agrarios no nacidos en la Argentina. Aunque la medida pueda aparecer como destinada a un cierto ajuste presupuestario no deben descuidarse rasgos xenófobos  hacia los productores de origen boliviano quienes iniciaron sus actividades en la Región hortícola de Bs. As. y hoy son los responsables de la producción hortícola en casi todo el país. Los conocimos a mediados de los años ´80 en el municipio de Escobar y continuamos trabajando juntos en la actualidad en General Rodríguez buscando juntos alternativas productivas agroecológicas como modo de producir de manera viable y sustentable. Este artículo busca compartir ideas y además valorar el esfuerzo de las familias bolivianas, cuyo trabajo nos permite tener hortalizas, cada día, en nuestra mesa.

Se denomina área hortícola bonaerense al territorio que rodea a la ciudad autónoma de Bs. As. y entre cuyas actividades económicas se destaca la horticultura la cual provee, entre otras, de verduras frescas a la ciudad y su entorno. Esta área concentra la mayor población del país, con aproximadamente 13 millones de personas, y posee desde su fundación, como toda gran ciudad, una serie de circunferencias productivas agropecuarias que la abastecen. La actividad hortícola se caracteriza por la elevada demanda de mano de obra derivada de la insuficiente mecanización. A principios de la década del ´80 al combinarse la escasez de mano de obra con el incremento en los costos, los horticultores debieron hallar modos diferentes de obtenerla y remunerarla, es así como la relación laboral y remunerativa entre los productores y los asalariados sufrieron modificaciones radicales. Emerge así la mediería, novedosa forma de contratación y remuneración en el área, pero que retoma mecanismos ya establecidos en otras zonas productivas. El mediero puede ser definido como un trabajador que, a través de un contrato, se compromete a la realización de las tareas implícitas en el proceso productivo, por lo cual recibe como retribución no un salario, sino un porcentaje del valor bruto de la producción. Los trabajadores en su mayoría procedían de Bolivia, mayoritariamente de Potosí y en menor medida de Tarija. Cabe destacar el importante rol que han jugado las redes de contención preexistentes tanto en la recepción como en la posibilidad de localizar su primer empleo y desde allí la vivienda y alimentación. A partir de allí se genera un cuerpo heterogéneo de posibilidades, mientras que algunos pueden incrementar sus ingresos, capitalizarse para “dar el salto” transformándose en productores, en principio arrendatarios, otros se mantienen como medianeros. Existen varios factores que pueden explicar la capacidad de maximizar los ingresos, y reducir los costos que hacen al sustento familiar.  En relación con los ingresos se destaca la posibilidad de incrementar la producción, la calidad formal de los productos y el control de los precios de venta.  En principio, y ligado a la capacidad productiva, la posibilidad de tomar en los acuerdos con el productor una mayor superficie de tierra para la siembra les permite obtener una mayor producción sea en Kg, cajones, atados, etc. Claro está, esta situación les exige más mano de obra, aspecto que se consigue con la sobre explotación del grupo doméstico, largas jornadas de trabajo, o la subcontratación de peones o jornaleros. Respecto a la calidad formal, pero a su vez ligado a la producción, se evidencia un sobreuso de agrotóxicos a fin de “mejorar la apariencia” de las hortalizas, aunque merme la calidad real, dado el contenido de sustancias con posible impacto en la salud. Esa relación establecida con los agrotóxicos ha determinado el desarrollo de enfermedades agudas y crónicas, incluso la muerte, de varios miembros de la familia. La existencia de grupos domésticos extensos, donde conviven más de una generación, el trabajo infantil, la sobreexplotación del cuerpo individual y colectivo junto a la capacidad e postergar gastos en vivienda, alimentación, vestimenta y salud han jugado como variables fuertemente intervinientes en este proceso de acumulación.

Las posibilidades de capitalización no solo no alcanzaron a todas las familias productoras ni fue lineal y homogéneo. Mientras que algunos pudieron capitalizarse paulatinamente   y de manera estructural accediendo por ejemplo a la titularidad de los predios, construyendo invernáculos , adquiriendo tractores e incluso contratar mano de obra para dedicarse a las tareas de gestión, supervisión y comercialización en otros casos la capitalización solo fue coyuntural , esto es arrendar tierras , alquilar maquinarias , iniciar una comercialización autónoma para luego volver a incluirse en el ciclo productivo como medianeros. Más allá de la notable influencia del contexto económico y social que ha marcado el consumo de alimentos y con ello el precio de las hortalizas se destaca en estos procesos de capitalización coyuntural o estructural /retorno al tipo social de origen, la capacidad de organización de la familia para articular las tareas domésticas y productivas. dentro de ellas las fases de comercialización y producción, la capacidad de negociación de los miembros de la familia, la organización junto a otros productores y la articulación con otros agentes económicos.

En la actualidad se perfilan tres subtipos al interior del grupo de los productores familiares capitalizados de origen boliviano; A- aquellos con capacidad de capitalización continua y creciente que pueden transformarse en empresarios, B- aquellos que persisten como familiares capitalizados y C-  aquellos que resisten a transformarse nuevamente en trabajadores medieros u asalariados. De ninguna manera aceptan desaparecer de la actividad; inclusive, esta resistencia puede estar teñida de elementos culturales, ya que, aun teniendo posibilidades de acceder a recursos productivos (sea a través del crédito, de la asistencia técnica, etcétera) quieren seguir produciendo a la manera de cómo lo venían haciendo con anterioridad a los procesos de cambio que se ha dado en el área; es decir, a partir de su propia experiencia productiva, o bien buscan hacerlo a partir de la implementación de estrategias alternativas como el caso de la agroecología.

A lo largo de estos años, los medieros han acompañado como actores principales toda una serie de procesos sociales, económicos y productivos. La mediería, incipiente en el área hace 30 años, se consolidó en todas las regiones hortícolas del país, en base a la versatilidad y adaptación de estos trabajadores a los requerimientos de los productores y a los cambios macroeconómicos propios de la actividad. La auto explotación del cuerpo familiar les posibilitó captar una porción creciente de los ingresos generados en la producción, transformándolos primero en productores arrendatarios y luego en propietarios. En la actualidad se evidencia que los jóvenes no desean continuar en la actividad, es decir el camino iniciado por los padres y abuelos, por lo cual buscan lograr estudios secundarios, terciarios y universitarios tal que les posibilite una mejor inserción laboral o buscan emplearse en actividades del sector secundario o terciario de la economía, que, aunque pueden tener una menor remuneración que en el desempeño de la actividad hortícola, poseen un mayor estatus en el ideario colectivo.

Hoy cuando prepares tu comida recordá las manos de las familias de origen boliviano que lo hicieron posible en base a sus recursos, sus conocimientos y a la organización familiar.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info