La problemática de la Basura; la insustentabilidad de la incineración de residuos (parte 1)

El problema de la producción de residuos, desperdicios o subproductos , lo que comúnmente llamamos basura, es uno de los temas que, quizás, más nos preocupa a las personas y que a su vez demanda recursos económicos de los municipios, que son nuestros,  aunque no siempre optemos por los caminos más sustentables.  Dentro de las prácticas que aparecen para alejar la basura de nuestros sentidos incluidas de las estrategias globales de eliminación, la incineración aparece como una de las posibles. Recordemos que hace apenas un año desde el gobierno de la ciudad de Buenos Aires se proponía esta alternativa no ya como eliminación de basura , sino como reconversión energética, esto es obtener energía a partir de la quema de desperdicios.  ¿esto es posible?  ¿Qué riesgos entraña para nuestra salud? Esta nota tratara de brindar información sobre dicho proceso.

Se denomina incineración a la combustión de la materia orgánica e inorgánica – sobremanera basuras o desechos  – hasta su conversión en gases, escorias  y cenizas. Se trata del procesamiento térmico de los residuos sólidos mediante oxidación química en exceso de oxígeno. Este proceso requiere altas temperaturas, una atmósfera oxidante y, en ocasiones,  agitación para mezclar y destruir de manera más eficiente a los residuos.  Este proceso se realiza por lo general en plantas denominadas incineradores. Las autoridades gubernamentales y las empresas incineradoras de la basura suelen promocionar a la incineración como una estrategia que a partir de determinadas tecnologías pueden “hacer desaparecer” a los desechos que afectan a las comunidades a la vez que “ahorran” espacio en los basurales, además “evitan” la contaminación de los ríos y hasta pueden “generar” energía de modo sustentable.

En efecto, se suele presentar a la incineración como una alternativa “limpia” que no afecta nuestros sentidos como los basurales; en este caso teóricamente no produce olor, quita de nuestra vista las desagradables montañas de basura, no atrae moscas, ni ratas  y además multiplica la vida media de los vertederos o depósitos de desechos considerando que, en teoría, este proceso reduce notablemente el volumen y peso de los residuos depositados. También se enuncia como “ventaja” que el funcionamiento no es afectado por las condiciones atmosféricas y que, además, es posible la obtención de energía.

Veremos que esta estrategia de comunicación forma parte de soluciones rápidas, de corto plazo, estrategias empresariales que se suman a políticas gubernamentales donde se prefiere la construcción de incineradores a alternativas de reciclaje y compostaje. Esta estrategia engorda los bolsillos de las empresas a costa del dinero y de la salud de los habitantes de las comunidades. La incineración no solo no resuelve el problema de las sustancias tóxicas presentes en los residuos, sino que los convierte en muchos casos en sustancias más tóxicas que las originales. Todas ellas con alto impacto en el ambiente y en la salud.  Un ejemplo claro lo constituyen los metales, que no son destruidos durante la combustión. Los metales tóxicos que ingresan con la basura – cables, termómetros rotos, computadoras, desechos industriales – son metales tóxicos que resurgen ya sea en las cenizas como en los gases emitidos por las chimeneas.

Los residuos producidos en mayor cantidad por la incineración son las cenizas – o, en el caso del método llamado pirólisis, escorias. Ambas, cenizas y escorias, son consideradas tóxicas bajo las leyes internacionales. Según diferentes estimaciones entre un 3 % y un 40 % del peso de los residuos que ingresan en un incinerador se transforma en escorias y cenizas debiéndose tratar adecuadamente a fin de no producir contaminación.

En el caso de los residuos hospitalarios y según una investigación, por cada kilogramo de residuos incinerados se producen cerca de 1,56 g de cenizas recolectadas y 32, 68 gr que no se recolectan y deponen de manera inadecuada. Estas últimas se emiten a la atmósfera como material particulado, con alta concentración de dioxinas y furanos Las cenizas resultantes de la incineración están clasificadas como residuos peligrosos no solo por la presencia de cantidades significativas de metales pesados sino por su alto contenido en dioxinas y furanos. Aún a concentraciones bajas, los metales pesados representan un peligro a la salud debido a su alta toxicidad. Por su parte las dioxinas y furanos son de tamaño extremadamente pequeño , capaces de penetrar por los alveolos pulmonares, y llegar a la sangre. Las dioxinas son altamente persistentes, poseen efecto “saltamontes” (pasan del estado gaseoso al sólido y recorren grandes distancias) y se acumulan en las cadenas tróficas. Según la organización mundial de la salud estas sustancias poseen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer. Diversos estudios han demostrado la peligrosidad de los compuestos presentes en las cenizas como el estudio, realizado en Finlandia, se encontró que la proporción de mercurio en el cabello de las personas que vivían cerca de un incinerador era superior al del resto de la población, posiblemente por las emisiones de la planta.

El modo de producción puesto en práctica por las empresas, el énfasis en los envases impuesto por la segmentación y posicionamiento en el mercado,  los estilos de vida y los hábitos cotidianos junto a la características que asume la demanda de los consumidores,  y a las políticas gubernamentales y sus instrumentos. conllevan que, además de obtener y consumir los bienes que precisamos para satisfacer nuestras necesidades,  se produzca una cantidad creciente de materiales que no se reutilizan o reciclan a los cuales les damos el nombre de “basura”.

Cada día no solo nos encontramos con más cantidad de esta “basura” sino que además la misma se halla constituida por materiales de dificultoso reciclaje y cuya eliminación se realiza por modos no solo poco eficientes en la utilización de energía, sino que además producen sustancias altamente contaminantes con impacto en la salud como las dioxinas.

Deberíamos repensar el ciclo de vida de los productos , no desde el punto final, la deposición y enterramiento,  sino  preguntarnos: ¿Qué hacemos con la basura?, desde nuestras pautas de vida y consumo , consumo exacerbado que seguramente estimula la producción de bienes y servicios ,que a su vez promueven la extracción de bienes comunes naturales , todas estas actividades dentro de un proceso productivo/consumo lineal, que genera más desperdicios contaminantes.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info