La política de los invisibles

En vísperas de las elecciones nacionales, ante su inminencia, la política de los invisibles terminó avasallada por el marketing, el mainsplaning, las planillas de Excel, los dealers, las operetas y los couchings ontológicos. Es imposible pretender que no se subordine la militancia gremial, social o partidaria a la causa patriótica de expulsar del poder formal al régimen impuesto por la Embajada norteamericana en 2015. Es más, es deseable que suceda. Lo que no es deseable es que las tácticas se lleven puesta a la estrategia, a los ejes centrales de la Liberación Nacional, a la política de los invisibles.

Pero, ¿Quiénes son estos invisibles?. Son los 164 mil desocupados formales del último año, son los “tierra del conurbano” que mantienen a sus hijos entre mate cocido con tortilla y la parasitosis del zanjerío. Son los eternamente postergados algodoneros del Chaco o los zafreros que somete a latigazos Blaquier. Los obreros de PepsiCo, Cresta Roja, del Transporte o los explotados por las reverdecidas Agencias de Empleo. Los yerbateros de Misiones o los indigentes del Régimen. Son el famoso y nunca bien ponderado subsuelo de la Patria, el que no tiene lugar en ninguna campaña.

¿Y de dónde saca el humilde servidor que escribe éstas líneas, que los explotados de este país no tienen lugar en la campaña? De la observación, para la cual basta con sentir en el corazón un mínimo de amor por esta tierra, del vacío de las plataformas electorales. Sobre todo la de los candidatos del movimiento nacional (que no es justicialista, es nacional). En todos esos papeles, flemáticos, pulcros, limpitos, se declama combatir la reforma laboral sin hablar del Pleno Empleo, se pretende combatir la especulación financiera sin nacionalizar la banca y el comercio exterior, se quiere combatir el robo descarado de las empresas privadas de servicios sin plantear la recuperación por parte del Estado de sus empresas estratégicas, se levanta la bandera de la soberanía sin hablar de la creación de una flota nacional fuerte, un ejército nacional popular, y pagando centavo por centavo al FMI la deuda ilegítima contraída por el régimen de Cambiemos.

En todas esas reivindicaciones, que son las del verdadero nacionalismo revolucionario no las de ninguna vanguardia ultraizquierdista, habitan el alma y las tradiciones de la Patria postergada. La irresuelta Cuestión Nacional genera no sólo silencio, sino también desprecio en el liberalismo keynesiano y si el Peronismo no vuelve a sus fuentes, si no hace carne las banderas históricas del nacionalismo revolucionario, el proceso de alvearización que ya sufrió en durante el menemato muy probablemente se transforme en permanente. 

Hecha esta reflexión y volviendo la mirada hacia la cuestión sindical, el apoyo casi total de las diferentes expresiones gremiales hacia los candidatos del Frente de Todos es un síntoma alentador. Sobre todo si los sectores pertenecientes a la Corriente Federal, las dos CTA y el Moyanismo logran influir en lo programático, para retomar el cauce revolucionario de los Programas de Huerta Grande, La Falda y la CGT de los Argentinos. Este punto forma parte de la lucha de clases dentro del Frente Nacional, la cuestión social en simultáneo a la cuestión nacional por la conducción obrera y popular de la causa patriótica, sin la cual no se garantizan aún siendo conseguidas, ni la Justicia Social (basta de ese invento pequeño burgués de la «Inclusión»), ni la Soberanía Política, ni la Independencia Económica.

El decurso decadente del Capitalismo, ahogado por la voracidad ya insacable del Imperialismo, ha generado estos niveles de presión insufribles en los países dependientes, pero que la era de la Iluminación para la minoría dueña del mundo, sea la más Oscura para las mayorías explotadas no es contradictorio, es dialéctico. Y en medio de esa dialéctica, aún con la espalda rota y el alma partida, la clase obrera aun lucha de pie. En medio de pestes, esclavitud multinacional, cultura de lo obsceno, putrefacción espiritual, envenenamiento masivo, inteligencia artificial para el sometimiento, lucha privada por los recursos naturales de todos… Ahí van los verdaderos protagonistas de esta violenta historia de amor. Enlodados en el excremento de éste sistema, pero en lucha. Hasta quebrarse, nunca hasta doblarse.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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