La marcha de corazones solitarios de un gobierno anarco-capitalista

El cachetazo electoral los había traído de golpe a esa realidad que siempre han vivido negando.  La herida era profunda, y algunos buscaban una respuesta que levantara el ánimo de los acólitos.  Dos cambiemitas encontraron rápidamente una posible solución.

Uno de ellos era un añoso actor, quien, como un Judas moderno había   renegado de sus “pecados de juventud”. Como un fantasma del pasado, creó un personaje de vida real con el que se metamorfoseó  en un abyecto conservador.  Era el otro, un director de cine más imbuido de las necesidades de los personajes que construye para sus películas, que de las personas que nuestro suelo habitan.

Como buenos defensores de lo abstracto, han ido llenando sus bocas en defender la república y la democracia, a través de las redes sociales.  Eso han hecho, ya que hablar de lo concreto,  de  economía, salud, educación y de cualquier otro tema de la vida cotidiana les resultaba imposible.  Ello hubiese sido como lanzar un bumerang explosivo que atentaría contra las posibilidades de Juntos por el Cambio.  Entonces el comprometer a  sus militantes a ir la Plaza fue su decisión.

Pero como dijo uno, “convocar a la defensa de la democracia y la república porque perdiste una elección, sería algo así como invitar a participar de una orgía en defensa de la virginidad”.

Y llegó la tarde de ese soleado sábado en que la gente que rechaza la palabra Pueblo, comenzó a avanzar sobre la plaza.   De pronto, sombrías brisas comenzaron a soplar sobre aquella muchedumbre.  Brisas que arremolinaron lejanas voces con las que susurraban oscuros espíritus. ¡Que viva el cáncer!, parecían musitar algunos… ¡ Algo habrán hecho! replicaban desde el sector opuesto. Esto sucedía sin que el gentío los pudiese escuchar, absortos como estaban,  en su imposibilidad de poder tocar el timbre en la puerta de los cuarteles, para derrocar todo gobierno nacional y popular que asuma. Como lo han hecho desde siempre.

Por primera vez estuvimos viendo a ellos manifestarse sin cacerolas o por algo que no sea un golpe de Estado.  Se  mostraron tal cual son: xenófobos, discriminadores, agresivos… Una caterva formada por quienes desconocen el juego de la democracia. Patéticos representantes de una sociedad que pretende privilegios para pocos, por ser insolidarios, egoístas y miserables.  Se juntaron en defensa del peor gobierno de la historia argentina.  Apoyaron a una rancia elite de saqueadores y hambreadores  del Pueblo, crueles con los más indefensos, con  los discapacitados y los jubilados.

Es interesante el que se presenten tal cual son, sin tapujos ni ocultamientos y que todos los puedan ver.  Que puedan hablar, que se expresen  sin censurarse y que digan lo que quieran decir libremente.  Que el resto de la sociedad, los que no se definen a sí mismos como del campo popular, pero que tampoco están con ellos, se den cuenta de quienes son en realidad. Y que a la hora del voto, sepan que no van a ir a ningún lado con los cambiemitas.

Históricamente se han definido a sí mismos como el reservorio moral de la Nación y en defensores de sus instituciones. Algo de verdad hay en ello. Ya que en Argentina, las instituciones son suyas, son instituciones oligárquicas.  Tumbar las mismas hasta verlas destruidas no está en el derrotero de las grandes mayorías.  Por eso es necesario penetrarlas y desplazar de su interior a los pilares de la ideología oligárquica.

Será importante que el Gobierno con Macri  pueda llegar a Octubre, y que el 27 de ese mes sea humillado por una derrota arrolladora en las urnas. Que no haya espacio para ninguna duda, porque de ese modo quedarán enterrados para siempre los versitos de “autoritarismo” o el de que “el peronismo no deja gobernar”. Versos que han difundido, pero silenciando maliciosamente lo que hicieron ellos en 1955, en 1976, o al impedir la asunción de gobernadores electos como Andrés Framini en 1962, aupados en los hombres de uniforme.

Una duda que carcome esa posibilidad, es si el propio accionar del gobierno con las medidas que continúa adoptando no estará intentando  su propia salida anticipada para luego ponerse en víctima. Ya han demostrado ser capaces de hacer cualquier cosa. Total los negociados que vinieron a desarrollar ya los han producido, logrando aumentar sus riquezas, mientras endeudaban y empobrecían al resto del país.  La otra duda es hasta donde podrán aguantar los barrios con el hambre que sigue creciendo.

Está bueno que participen en política, que se asocien, que se organicen y defiendan sus ideas.  Que a la hora de las elecciones sean derrotados y se conviertan en una oposición minoritaria. Que sea por mucho tiempo. Y porque además, como diría un catalán, “entre esos tipos y yo hay algo personal”.

Hay que lograr una victoria lo más amplia posible, para poder hegemonizar para el pueblo, con lo que  construyamos,  a todas y a cada una de las instituciones de la Patria. Para obtener, por fin, la victoria en la batalla que más de una vez se nos ha quedado en el camino: la batalla cultural.   Luchando desde el seno de las instituciones hasta que estas pasen a jugar del lado de los intereses del pueblo-nación.  Lograda esta meta, cada acto electoral, dará como resultado siempre un gobierno nacional y popular.  Podrá variar su color, pero la idea rectora habrá de ser siempre la misma.  La Patria Justa, Libre y Soberana estará encaminada.

Juan Carlos Dennin
Juan Carlos Dennin
juancarlos@huellas-suburbanas.info