La interfase rural – urbana: diálogos y conflictos.

Análisis de la relación entre actores en los distritos periurbanos del Área metropolitana de Buenos Aires

El territorio es el espacio en el que satisfacemos nuestras necesidades, tanto las básicas como aquellas emergentes de la cultura y del vivir en relación con otros.

Son espacios construidos desde la interacción, que han perdido su “naturalidad” y que son reconstruidos de manera permanente y dinámica, a partir de nuevas interacciones, producto de cambios en los modos de extracción, producción, consumo y descarte de bienes y servicios donde se cristalizan deseos, estrategias, intereses y prácticas de diferentes actores sociales bajo la influencia de las instituciones públicas y sus políticas. Prácticas que en ocasiones son el reflejo de los intereses y acciones de las clases con mayor dotación de capital monetario y de poder.

Entre los denominados espacios urbanos y rurales, y su interfase, se producen intercambios de bienes económicos, bienes naturales, servicios, información, desperdicios y también de trabajadores Los problemas y conflictos ambientales son intrínsecos al modelo de extracción – producción- consumo y descarte vigentes, en el cual los bienes comunes naturales son considerados recursos, y como tal, se los incluye en el circuito económico sin prestar atención a la compatibilidad entre las tasas de extracción y de renovación o recuperación de dichos bienes.

En gran parte de la sociedad prima una idea de una economía lineal en la cual en cada una de las fases del ciclo productivo se generan desperdicios o “basura”, que poseyendo posibilidad de reutilización y reciclaje se entierran o queman, generando contaminación ambiental. Los ámbitos rurales y periurbanos no escapan a esta situación generalizada, más aún en un contexto económico y social en el cual predomina la idea de un crecimiento ilimitado a partir del usufructo de los bienes naturales se genera una puja entre el capital y el trabajo y entre el capital y el goce de los bienes naturales; el aire, agua, suelo y de la naturaleza toda. En este sentido, se evidencia una naturalización de los problemas ambientales en la cual diferentes actores participantes del campo de acciones, a partir de su capital e intereses, plantean estrategias de acción a fin de mejorar su posición, por ejemplo: incrementar la cantidad de capital monetario o restringir su exposición a los plaguicidas.

Se manifiestan en las áreas periurbanas una serie de procesos que han determinado un abandono en las pautas de relacionamiento armónico con los bienes naturales, y desde allí en los modos de producción y las tecnologías utilizadas, máxime entre los productores familiares. Es así como de modos de relacionamiento respetuosos de los ritmos, flujos y ciclos naturales se pasa a la sobreexplotación de los bienes nativos, reemplazando dichos ciclos y relacionamientos por capital monetario, a su vez acelerando los ritmos productivos en un intento de independizar  la producción agraria de la naturaleza.

Se han reemplazando tecnologías de procesos basadas en el conocimiento, por tecnologías de insumos dependientes de capital. Siguiendo con la idea, el proceso de expansión de los monocultivos en las actividades agrarias y su consecuente paquete tecnológico se haya relacionado con los procesos y políticas públicas que lo contienen y trascienden. En el planteamiento de los agroecosistemas, determinación de las estrategias y selección y adopción de las tecnologías subyace una cosmovisión, una visión particular ya de la inclusión de los seres humanos en el ambiente como de la relación establecida con los bienes comunes naturales y con el resto de los seres humanos.

En la actualidad, al igual que en toda la Argentina, en los ámbitos periurbanos se utilizan una serie de plaguicidas extremadamente tóxicos con capacidad de producir daños en la salud tanto de nivel agudo – a corto plazo –como crónico, enfermedades que aparecen luego de años del contacto con el plaguicida.

Los plaguicidas suelen utilizarse a fin de controlar o mitigar el accionar de las plagas, se trata de tecnologías químicas manipuladas aisladamente en ausencia de un plan integral de manejo de insectos y enfermedades. La aparición de resistencias en insectos y malezas lleva a los productores a utilizar dosis de aplicación cada vez más elevadas, incluso a realizar un mayor número de aplicaciones. Esta situación es un claro indicador de la ineficacia del manejo basado en insumos químicos. Si se toma como base el año 1996, donde se utilizaban cerca de 30 millones de litros de agrotóxicos se llega al año 2012 donde se aplicaron cerca de 400 millones de litros, se evidencia un claro incremento ligado a varios factores; a- la expansión de la superficie agrícola – ya sea por deforestación como por el reemplazo de actividades -, b- la expansión de los cultivos transgénicos. c- La aparición de resistencias en insectos y hierbas silvestres.

Respecto a la capacidad de producir daño de un producto toxico es posible referirse a su capacidad tóxica, determinada a partir de su dosis letal media, aunque también es necesario tener en cuenta las condiciones de utilización – que pueden tornar a un producto aún más peligroso de lo que ya es por su naturaleza química – y considerar la posibilidad de producir enfermedades crónicas como el cáncer, mal de Parkinson, alteraciones endócrinas, etc.  Un producto catalogado como moderadamente tóxico puede volverse muy peligroso – y aún producir enfermedades de tipo crónico – si es comercializado libremente, si se vende fraccionado y se utiliza sin respetar las más mínimas normas de protección, tanto para quien lo aplica como para los que se hallan en las inmediaciones.

Ante los “choques” entre intereses, surgen y se consolidan diversos enfoques y estrategias respecto al usufructo de los bienes naturales Se puede mencionar que hubo lucha y que también hubo logros, así se ha conseguido la sanción de ordenanzas que restringen el uso de plaguicidas , por ejemplo en los distritos de Luján, Marcos Paz, Cañuelas, poniendo límites a las pulverizaciones en áreas urbanas y periurbanas también se ha puesto en debate público el uso de los plaguicidas y su efecto en la salud. 

A estos logros se debe sumar la expansión de la agroecología como modo de producción alternativo sustentable, viable y equitativo. En efecto, la producción agroecológica se expande en toda la región tanto en cantidad de Hectáreas como en diversidad y en mercados. Desde las unidades productivas familiares, donde es posible hallar más de seis subsistemas integrados con producciones destinadas al autoconsumo y a la venta, hasta la producción orgánica de monocultivos con destino a la exportación, crece la producción sin la utilización de químicos basada en la biodiversidad y en la nutrición adecuada de los suelos. Se ha avanzado en la construcción de mercados locales, en los propios territorios, en los cuales productores y consumidores se encuentran abaratando los precios de los alimentos, generando mercados con precios justos con la posibilidad de avanzar hacia la consolidación de sistemas sustentables y de la consecución de la soberanía alimentaria.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info