Sobre la herida de la injusticia que nos sigue doliendo: dos reflexiones sobre la noción de Desaparecido en la Argentina actual

En el clima caldeado en que nos encontramos viviendo hoy en la Argentina se vuelve necesaria la reflexión, política, ideológica y cultural de los procesos que nos enmarcan en la cotidianeidad de nuestras vidas. Resulta pertinente entonces, remarcar la nueva resemantización que ha adquirido la lastimosa palabra desaparecido, concepto que en nuestra sociedad tiene una connotación oscura, que nos devuelve a una etapa horrorosa de nuestra historia social y política. En este proceso de reflexión, el cine y el teatro no se hayan ajenos, ya que resulta llamativos dos hechos artísticos que retoman y ponen en primer plano esta temática.

En primera instancia, encontramos la recientemente estrenada película Sinfonía para Ana, de la dupla argentina de directores de documentales Virna Molina y Ernesto Ardito. Sus producciones se caracterizan por un fuerte compromiso militante, ideológico y de ejercicio de la memoria colectiva[1] que no queda exenta este film, que representa su ópera prima en la ficción. Con un trabajo de investigación riguroso, entrevistas y basado en un libro autobiográfico de Gaby Meik, el film nos presenta la historia de dos amigas, Ana e Isa, estudiantes del colegio Nacional de Buenos Aires, quienes iniciadas en el movimiento montonero hacia el año 1974 comienzan a vivir en carne propia el declive político, social e ideológico que desencadenó en el funesto Proceso de Reorganización Nacional.

La película es ingeniosa y cala hasta los huesos. Es fundamental la representación del clima político de aquel entonces, especialmente del efervescente compromiso de los movimientos estudiantes en los sucesos políticos que se presentaron en aquel periodo (regreso y muerte de Perón, ascenso de Isabel secundada por López Rega, la lucha por la permanencia del rector Aragón, luchador incansable de los derechos humanos, etc.) y que representaron, efectivamente, una progresiva pérdida del estado de derecho, y una creciente y cada vez más institucionalizada persecución y exterminio a los militares de movimientos de izquierda y del peronismo más progresista, principalmente de la agrupación Montoneros. Alrededor de la dupla protagonista, Isa y Ana, se desenvuelven otros personajes que sirven de engranaje y soporte para el desarrollo de la historia. Todos los personajes van aumentando a través de sus parlamentos, sus movimientos y su relación con Ana, el estado de tensión y de terror que ya se vivía en los años anteriores a la última dictadura militar, subrayada sobre todo por la figura de la Triple A. La tensión política y el clima represivo que va in crescendo a lo largo de la película se encuentra acentuado de forma poética y bella por la fotografía y la musicalización del film. Las tomas están compuestas de forma estéticamente implacable, con colores vivos y delicadamente tratados, complementado todo por una iluminación cuidadosamente trabajada, lo que da como resultado una obra visualmente ponderable. Lo mismo sucede con la musicalización y el sonido. La voz en off encargada de relatar los hechos desde la visión de Ana, interviene en los momentos oportunos, con una entonación que denota nostalgia y dolor por lo vivido. Lo mismo sucede con la música que contiene el film, la misma acompaña a los personajes en sus diferentes estadios, al mismo tiempo que ayuda a sostener las diferentes atmosferas por las que transita el film.

Una historia fuerte, si se tiene en cuenta que está basada en hechos reales (el colegio Nacional de Buenos Aires tiene 108 estudiantes desaparecidos) y en el actual momento histórico político en que se estrena. La película llega: llega a la memoria de quienes vivieron aquel martirio y de quienes no también, porque los desaparecidos son una herida abierta para la sociedad argentina, que sigue latente allí, en el inconsciente colectivo de nuestra comunidad, porque aún faltan respuestas, aún falta justicia y castigo a los culpables. Sinfonía para Ana viene a recordarnos precisamente esto y no nos permite olvidar, que sería la peor de las traiciones para aquellos que sufrieron la represión de un estado terrorista.

En segunda instancia encontramos una obra de teatro experimental, presentada en las excavaciones de la ex Mansión Seré (Atila), llamada Lovdop o los vestigios sin tiempo. La obra cuenta con las actuaciones y una puesta en escena a cargo de un grupo de alumnos egresados de la Escuela Municipal de Formación Actoral Pedro Escudero. La obra deviene un interesante ejercicio tanto actoral como espectatorial ya que, al ser representada en un lugar no convencional, exige a los actores un desenvolvimiento del cuerpo particular, en un lugar semi a oscuras, con obstáculos para el desplazamiento, entre otras particularidades, así como a los espectadores les exige una mirada atenta, que permita seguir el desarrollo de la acción dramática. La obra se percibe como experimental, enmarcada como en un teatro energético que en un comienzo parece citar a Antonin Artaud y su hermoso Teatro de la Crueldad, que nos envuelve en una atmósfera tipo onírica, donde los fragmentos de unas vidas coartadas antes de tiempo, parecen estar en un limbo donde intentan construir su identidad perdida. ¿Su identidad perdida o desaparecida? En un ejercicio de búsqueda y de reflexión de lo acontecido, cada uno de los personajes postula la idea de la injusticia, la perdida y el dolor. Tal temática transversal a la obra que, si bien se percibe más allá de que el entorno inevitablemente nos hace la relación, es complementada por algunos episodios más “absurdos” (en el buen sentido del término) si se quiere caracterizar tales momentos dramáticos, que conllevan a la risa y la relajación de la tensión que la obra propone.

Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. Sinfonía para Ana nos recuerda que la pérdida del estado de derecho comenzó antes que el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) gracias a la toma de poder de agentes nefastos de la derecha fascista argentina, encabezados por la figura del espeluznante López Rega. Recordemos y no permitamos que procesos como esos sean revividos y que el estado de terror, pánico, la perdida de la pluralidad de voces, de la libertad de prensa, de expresión sean moneda corriente, al igual que  la desaparición de un joven no se objeto de burla, risa o de justificación del accionar de una fuerza de seguridad que se vuelve cada vez más y más represiva. Que los desaparecidos no sean sólo un número en la historia argentina, sino que sean el vivo recuerdo de lo que la propia sociedad argentina es capaz de tolerar e incluso, sostener. Que sean motivo de lucha, de esperanza en la creencia de ideales más justos para la sociedad y que sean un símbolo de que la militancia es acción, esa acción que lleva a cambiar el mundo, y no una mala palabra como nos quieren hacer creer las nuevas tendencias políticas argentinas, dónde otra vez comienza a reinar el “no te metas”. Entonces, y a modo de síntesis, parafraseando a uno de los responsables del genocidio argentino, Jorge Rafael Videla, quien dijo que los desaparecidos “no están ni muertos ni vivos, están desaparecidos”, entonces no los despedimos, sabemos que están presentes, por tanto, les decimos lo mismo que Isa, en Sinfonía para Ana,  le desea a Ana “hasta la victoria, siempre” o les damos un fraternal abrazo, recordando su nombre, su militancia, su compromiso y su causa, así como nos despidieron los actores de Lovdop o los vestigios sin tiempo una vez terminada la obra.

[1] 2003: documental Raymundo, sobre el director Raymundo Gleyzer desaparecido en la última dictadura militar. 2008: Corazón de Fábrica, sobre la fábrica Zanón de Neuquén, autogestionada por sus trabajadores. Virna y Ernesto vivieron durante un año dentro de la fábrica registrando íntimamente el conflicto humano y político. En 2010, Ernesto realizó el film Nazión, ensayo documental sobre la historia del fascismo en Argentina, premiado doblemente en Italia. Entre 2011 y 2015, ambos crearon y dirigieron para Canal Encuentro, la serie Memoria Iluminada, abordando las vidas de los principales escritores argentinos: Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Adolfo Bioy Casares y Paco Urondo, entre otros.2013:  Moreno, sobre el pensamiento y el crimen político de Mariano Moreno y Alejandra sobre la vida y obra de la poeta Alejandra Pizarnik. 2014: estrenaron por canal Encuentro el documental El futuro es nuestro sobre los alumnos desaparecidos del Colegio Nacional de Buenos Aires. 2017: Ataque de Pánico, sobre el impacto psicológico de la cultura del miedo y Sinfonía para Ana.

Rocío Rivera
Rocío Rivera
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