La función social de la tierra. La necesidad de discutir una reforma agraria integral

Hay palabras que en las últimas semanas, como parte de los procesos que desnudó la pandemia,  están tomando protagonismo, es así como “soberanía alimentaria”, “mercados solidarios”, “alimentos sanos” y por qué no, “función social de las empresas” van tomando parte de nuestras discusiones, aunque no siempre impliquen lo mismo para cada uno de nosotros.   En este número quisiera analizar con ustedes la función social de la tierra, sus implicancias y avanzar sobre una discusión, y acción, que nos debemos como ciudadanos de  nuestro país en relación a la reforma agraria.

La tierra, como ya dijimos, en otras ocasiones fue presentada por los economistas clásicos como un factor de producción, el cual incorporado a los circuitos productivos y con el agregado de  trabajo y capital, posibilita producir bienes. Ahora bien, para muchos agricultores, independientemente de su origen y territorio donde desarrollan sus actividades,  la tierra es mucho más que “suelo” y no es un factor, sino un bien común natural que nos posibilita obtener alimentos, y no bienes, que cobija a millones de microorganismos. Un bien común que recrea identidad y que se une a nuestra espiritualidad: al fin y al cabo los seres  humanos somos humus, tierra abonada, y volveremos a ella.

Si nos remitimos a las actividades agrícolas, la tierra es fundamental, ya para el crecimiento de las plantas como para el pastoreo de los animales, de allí que el acceso en cantidad y calidad suficiente resulta vital. Trascendente para poder planificar actividades sustentables en el tiempo así como para evitar el deterioro en sus características físicas, químicas y biológicas.

La problemática del acceso a la tierra, con un vínculo estable en el tiempo, no es nueva en Argentina; antiguos procesos junto a nuevas instancias han determinado  el acaparamiento, y la extranjerización de la tierra, un proceso de concentración que expulsa a familias  productoras, generando a su vez migración rural -urbana y con ello las condiciones de hacinamiento en las ciudades.

Entre los procesos históricos de acaparamiento de tierras cabe citar los de distribución de tierras durante la conquista y la fundación de las primeras ciudades, tiempo después la primera y segunda campaña contra los pueblos originarios, responsables el brigadier Rosas en la primera y el General Roca en la segunda, la ley de enfiteusis de entrega de la tierra pública durante la presidencia de Bernardino Rivadavia. Entre los procesos más recientes cabe mencionar los procesos de agri-culturización y expansión de los monocultivos, y su paquete de insumos asociados, que junto al desarrollo de tecnologías mecánicas determinan una  elevación de los costos y la escala de producción.

Para tener en cuenta: según el censo de año 1988  había 378.357 unidades productivas mientras que en el 2018, último censo, se censaron 250.881, es decir que entre censo y censo se perdieron cerca del 41 % de las unidades productivas. Cuando decimos esto, debemos pensar en familias que migraron,  que además de producir nuestros alimentos protegen nuestro paisaje y bienes naturales.

Si bien se dieron iniciativas provinciales y locales, en nuestro país nunca se llevó adelante una reforma agraria general y menos integral. Cabe citar entre ellas la ley de congelamiento de los arrendamientos del año 1948 durante el gobierno del General Perón, los procesos de entrega de tierras durante la colonización del río Dulce en Santiago de Estero, la entrega de tierras de ingenio Cruz Alta en Tucumana después de la crisis de los ingenios de la década de los 60, la realizada en Misiones durante la dictadura militar ligada a la protección de las fronteras y, más recientemente en el tiempo, la entrega de tierras a campesinos en Montecarlo y Piraý , ambos en Misiones.

Ahora bien, cuando hablamos de reforma agraria integral nos referimos a que si bien el acceso a la tierra es fundamental, no es suficiente y a la misma debemos agregar el acceso a maquinarias e insumos, a las semillas, al agua, a conocimientos apropiados para producir de manera agroecológica. Todo esto conlleva a que se pueda producir demanera adecuada, respetando los ciclos, procesos y flujos naturales.  Cuando nos referimos al acceso a insumos y maquinarias, nos referimos a tecnologías apropiadas al clima, a los suelos y a la cultura local. En referencia a la comercialización resulta vital pensar los canales adecuados de intercambio, que pueden, o no, pasar por los mercados formales, mediados o no, por el dinero. Es fundamental pensar que derivado de los procesos de distribución y entrega de tierra, los productores no repitan los mismos sistemas productivos que aquellos dominantes en la agricultura, basada en semillas transgénicas y plaguicidas, el agronegocio, es decir cultivos de soja y maíz transgénico,  árboles exóticos, tabaco. Muy por el contrario, la idea es desde el  inicio el establecimiento de agroecosistemas sustentables.

Durante muchos años, hasta 1980, existió en nuestro país el CAN, el Consejo Agrario Nacional,  encargado de organizar, planificar y monitorear la entrega de las tierras. Ahora bien ¿cómo hacemos para hacer una distribución justa y equitativa de la tierra, entre todos aquellos que realmente quieran producir? ¿Por dónde empezamos? ¿Por la tierra pública, en manos de instituciones y reparticiones provinciales, municipales y nacionales? ¿Expropiamos tierra? ¿Cómo y dónde? Es un tema muy complejo pero no por ello debemos dejarlo de abordar, si pensamos que el manejo y vínculo con la tierra  debe cumplir una función social, es hora de actuar, claramente discutir entre todos. Hora de planificar y de distribuir tierras de manera ordenada dentro de un claro plan nacional de desarrollo donde discutamos el rol de las activadas agrarias.

Para finalizar una reforma agraria integral requiere; 1- censos agrarios adecuados a fin de conocer tanto qué cultivos, así cómo quiénes están produciendo en la actualidad. 2- tener un listado de postulantes en cada territorio. 3-. Hacer un proceso de selección 4- Entregar la tierra 5- Recrear organización para el uso de maquinaria, insumos, etc. 5- Recrear estrategias de vinculación con los consumidores y la agroindustria.

Todas las experiencias llevadas hasta ahora nos dejaron enseñanzas, que es bueno tener en cuenta para no volver a equivocarnos, pero eso lo presentaremos en el  próximo número.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info