La función social de la tierra. La necesidad de discutir una reforma agraria integral (Fase III)

Pese a lo que muchas personas creen, los problemas derivados de la distribución y tenencia injusta e inequitativa de la tierra en la Argentina no son nuevos, tampoco las múltiples búsquedas para revertir la situación.  Muy por el contrario, los inconvenientes se remontan a  la época colonial, antes de nuestra independencia. Es así como en su trabajo, Garavaglia manifiesta que “… si bien, tradicionalmente, el Río de la Plata es una región donde la tierra abunda y existe una oferta casi ilimitada de nuevas tierras, ésta no es la situación imperante en las costas de San Isidro. Aquí a medida que avanza el siglo XVIII , las mejores tierras van siendo  ocupadas y apropiadas por los vecinos de la elite mercantil porteña que en su mayoría son los propietarios de las chacras…..este crecimiento que ha acompañado y después sobrepasado ampliamente el incremento demográfico de la ciudad , se basó fundamentalmente en la multiplicación del sistema de arriendos. La inmensa mayoría de los labradores eran pobrísimos arrendatarios que recibían la tierra,  -y en muchos casos, hasta la simiente – y se comprometían a pagar con una parte de la cosecha a los propietarios” (Garavaglia, J. 1989)[1].

Ahora bien, este esquema de tenencia de la tierra no solo genera inequidad, y con ellos pobreza, sino también es el germen de problemáticas ambientales. Dice Garavaglia “… las primeras de las limitaciones que este tipo de uso del suelo impone surge cuando el labrador no dispone del terreno suficiente como para tener bien preparada la tierra, y como para realizar las rotaciones entre los diversos tipos de cultivos, que contribuyen a evitar el empobrecimiento progresivo de la capa superficial de humus… el hecho de no disponer de esos terrenos obliga a estos labradores a acudir con mayor frecuencia a los abonos naturales… el estiércol animal” (Garavaglia, J. 1989)[2]

Este análisis nos permite poner en situación histórica el problema de la tierra en Argentina, la apropiación y acaparamiento temprana, el arrendamiento como forma de acumulación de riqueza para los terratenientes y de adaptarse a la situación de los despojados de la tierra y fundamentalmente la emergencia una relación desaprensiva con los bienes naturales, que en ocasiones no son propios y que hay que “aprovechar” mientras dure el contrato, la mayoría de las veces de tipo verbal, de arrendamiento. Incluso se visualiza una temprana dependencia hacia los proveedores de insumos, aquellos productores empresariales que poseen ganado y por lo tanto, abono para comercializar.

Como ya manifestamos en otras notas, este problema se ha ido extendiendo y magnificado  en el tiempo, producto de políticas públicas e intereses particulares. El de siempre: atender a un uso óptimo y eficiente de los bienes naturales, atendiendo a un criterio individual en vez de atender a una optimización social.

Atendiendo a esta realidad, ¿Qué podemos hacer ahora, de manera efectiva, clara, y equitativa intra e intergeneracional? ¿Cómo lo hacemos?

Quizás debamos pensar en los objetivos que nos proponemos al iniciar los procesos de reforma agraria, así como en los territorios involucrados, los actores que deben participar y el rol fundamental de las políticas públicas. Aunque ya lo tratamos en notas anteriores, se hace necesario repensar ¿Por qué y para qué la reforma? Podríamos pensar en varios objetivos, y quizás cada uno demanda e inicie la ejecución de procesos diferentes; a- posibilitar el acceso a bienes naturales, tierra y agua,  a productores /as agrarios, o quieran serlo. B- acabar con la pobreza rural, y también urbana. c- redistribuir ingresos y  riqueza. d- Posibilitar una distribución apropiada de la población en el territorio nacional.  e- generar alimentos en las comunidades. F- evitar el hacinamiento en las ciudades. g- Redistribuir poder político ya en los territorios como a nivel provincial y nacional. h- Promover el desarrollo local. i- Nacionalización de los bienes naturales. j- Incremento sustentable de la producción agropecuaria.

Obviamente la distribución, el acceso legal y permanente a la tierra constituye la fase principal de este proceso pero  además debemos recordar la necesidad de; acceso al agua, a los bienes de producción, a mercados de cercanía, a créditos, al intercambio de conocimientos y saberes a fin de encarar producciones sustentables y de semillas adaptadas a las condiciones locales,

Respecto a quienes deberían acceder a la tierra cabe una gran y abierta discusión, ya que podríamos pensar desde las familias que históricamente carecen de tierra, los trabajadores agrarios (los campesinos sin tierra), las familias que perdieron sus tierras en los procesos de despojo y acaparamiento, al no contar con un título de propiedad. Incluso las familias que mal vendieron sus tierras presionados por inversionistas. Pero no podríamos dejar de lado tanto a   quienes hoy producen, y lo han realizado en los últimos 30 años,  bajo regímenes de arrendamiento, como por ejemplo los productores hortícolas de varias regiones del país. Tampoco podemos obviar a personas y familias que sienten la pasión y pulsión de iniciar procesos de “regreso al campo” a rehabitar ciudades y pueblos “abandonados” donde se entremezclan ideales, sentimientos, posiciones éticas, religiosas, filosóficas y alimentarias, dando origen a nuevas búsquedas y modos de vida en áreas rurales.

¿De dónde obtener la tierra? Aquí también aparecen discusiones interesantes. ¿Empezamos por la tierra pública en manos del estado? Por ejemplo, aquellas ubicadas en Regimientos militares, las que están en manos de instituciones públicas como el INTA, las que quedaron sin uso, por ejemplo instituciones que albergaban menores de edad (los institutos de menores), las que pertenecían a Ferrocarriles Argentinos, las que quedaron bajo la órbita de otras instituciones del Estado…

Debemos tener claro que según el origen de la tierra, y los modos de compensación establecidos a sus tenedores, estaremos frente a diferentes procesos, ya una colonización, que si bien posibilita el acceso a la tierra, no enfrenta el problema real de la distribución de la misma, ni produce transformación del status social que dinamice las estructuras preexistentes, o frente a verdaderas reformas que impliquen exacción, transferencia y redistribución de capital. Sobre este último punto cabe preguntarnos, ¿Quién y cómo se financia, en sus aspectos integrales, la reforma?

¿Cómo establecemos las prioridades? ¿Seremos generosos de recrear instituciones democráticas y republicanas integradas por miembros, que con diferentes visiones e ideas, justamente tengan idea de aquello que debe hacerse?…  o, ¿Hacemos lo de siempre… punteros, amiguismo, devolución de favores?,  hacer como sí, pero sin que nada cambie.

Por último, hay que aprender de los errores cometidos en intentos realizados con anterioridad, de manera de producir reformas con equidad, de manera eficiente y respetando los ciclos, flujos y relaciones  ambientales, y los vínculos sociales. Se debe acceder a la tierra, eso es lo esencial y prioritario, pero además se requiere repensar otros factores:

  • No distribuir la tierra en unidades económicas pensando sólo en los cultivos predominantes del área, por que ello conlleva a reproducir monocultivos que no sólo determinan problemas ambientales sino económicos. La unidad económica óptima no existe, varía según zonas, climas, suelos, etc. incluso según el tamaño y aspiraciones familiares (tal como ocurrió con la colonización del ingenio Cruz Alta en Tucumán)[3]
  • Pensar en la equidad de género e intergeneracional (en el caso de los procesos de entrega de tierras, ubicadas en la frontera, realizados por la dictadura militar en Misiones sólo se entregó la tierra a varones de mayores de 16 años)[4]
  • La entrega de tierras debe estar acompañada con acceso a la vivienda y a los bienes de producción (es el caso del ejemplo anterior en Misiones, donde sólo pudieron usufructuar el acceso a las tierras, y con ello una cierta capitalización, las familias que ya contaban con instrumentos de labranzas y mano de obra familiar para desmontar, hacer caminos, sistematizar las tierras, etc.)
  • Generar intercambios de conocimientos e ideas a fin de adoptar u aplicar tecnologías apropiadas al clima, suelo y características de lugar, evitando el deterioro ambiental por ejemplo en la salinización del agua producto de prácticas de riego inadecuadas (tal como ocurrió en la entrega de tierras en los procesos de colonización del río Dulce en Santiago del Estero)
  • Evitar procesos de acumulación de tierras, por ejemplo por arrendamiento, luego de su entrega a los productores (tal como ocurrió en la colonización del río dulce en Santiago del Estero)
  • Discutir, antes de la entrega de tierra, los procesos productivos y los modos de producción que se realizarán a fin de no continuar reproduciendo las condiciones imperantes de monocultivos y alto uso de insumos químicos (tal como se dio entre productores/as del Movimiento campesino de Liberación que accedieron a tierras en Caraguataý, Misiones)

Muchas cosas para discutir, pensar, probar, equivocarnos, llevar adelante las reformas agrarias y las verdaderas políticas de desarrollo local e integral. ¿Seremos generosos e inteligentes para hacerlos?

[1]Garavaglia, J. Ecosistemas y tecnología agraria. Elementos para una historia social de los ecosistemas agrarios rioplatense /1700-1830) en Revista Desarrollo económico Revista de ciencias Sociales. Vol 28N° 112. Instituto de Desarrollo Económico y Social. (Enero -Marzo- 1989),

[2]Garavaglia, J. Ecosistemas y tecnología agraria. Elementos para una historia social de los ecosistemas agrarios rioplatense /1700-1830) en Revista Desarrollo económico Revista de ciencias Sociales. Vol 28 N° 112. Instituto de Desarrollo Económico y Social. (Enero -Marzo- 1989),

[3]León , C. Desarrollo socioeconómico de un área de colonización en «La Florida», departamento de Cruz Alta, Tucumán, estructurado en base a unidades agrícolas familiares. Desarrollo Económico

Vol. 16, No. 62 (Jul. – Sep., 1976),

[4]SCHIAVONI, G. 1998.  Colonos y ocupantes: parentesco, reciprocidad y diferenciación social en la frontera agraria de Misiones. Editorial Universitaria de Misiones

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info