La deriva obrera ante el Régimen. Una reflexión.

En tiempos en que el Capitalismo, ávido de recursos para alimentar al Imperialismo ha decidido cerrar el cerco sobre los países oprimidos intensificando la exportación de sus crisis, pensar con hambre es parte de lo imposible que configura el deber militante y popular. Pero pensar. Y más si se habla de las fuerzas vivas del campo popular. Hay un contexto que excede la decisión de los pueblos que hace que siempre juguemos de visitante y con pelota ajena, si se me permite la analogía futbolera, y es en ese contexto dónde hay que analizar a los sujetos históricos que protagonizan la lucha de clases (que es el nombre real de la famosa “grieta”) y en este caso al movimiento obrero organizado.

Exaspera la CGT. Dilata la definición de su interna al extremo de la hibridez más anodina, transformando su aplazamiento en la demostración de su impotencia ante la voracidad plutocrática que, henchida de intensidad y con el envión que le imprimió a la expoliación del pueblo argentino el desembarco definitivo del FMI con la venida de Lagarde, sigue sin encontrar en el movimiento obrero organizado, y puntualmente en la CGT, una respuesta con la misma densidad.

No se le reclama a la CGT que asuma tareas que le competen a los partidos políticos, sino que establezca diálogos concretos con los trabajadores que representa y que lidere la defensa de cada puesto de trabajo más ahora, volviendo al punto inicial, cabe señalar que la actitud cegetista es una actitud de clase. Representa intereses de clase concretos y es funcional al contexto en que actúa. Hay una lucha intestina que se explica en lides entre el querer ser y el deber ser sindical expresado en dos facciones muy marcadas dentro de la CGT: el dialoguismo entreguista del triunvirato y la confrontación contra la oligarquía del moyanismo, la CFT y los gremios industriales. Absolutamente deslegitimado por su manifiesto y reiterado oportunismo a la oligarquía, el triunvirato es la yerba de ayer secándose al sol, lo que hay, no lo que se precisa y lo que es necesario modificar en lo inmediato con la organización de base y la lucha por la democracia sindical.

Por otro lado lo mismo pasa con el ejército, desaliñado y espasmódico, de políticos profesionales que pasean su fraseología con aires de erudición por los pasillos del Congreso, los municipios o “los locales” (las unidades básicas están demodé) donde la pequeña burguesía se dedica a pregonar unidad mientras no para de atomizar, desdeñando cualquier atisbo de programa.

La movilidad social dada a partir de la pérdida por parte de los trabajadores de su puesto de lucha, es decir su puesto de trabajo, y el inexorable traslado de su trinchera al barrio, no solo implica la generación de nuevas instancias organizativas sino que a partir de estas instancias es inevitable la construcción de tramas aun incógnitas, de visiones y perspectivas inéditas que servirán para recordarnos que el pensamiento nacional no es una construcción monolítica e inconmovible, sino que es resultante del intercambio dialéctico entre el pueblo y la dinámica de la historia, del pensamiento nacional que surge de su experiencia en la deriva de la lucha por la propiedad de los medios de producción.

Pensar la Patria desde los vencidos y sus limitaciones, en épocas de reflujo del arco plebeyo, es acercarse cada vez más a la definición de un nosotros poderoso, identitario, delimitado definitivamente del ellos depredador de la colonia. Lejos de la idealización pequeña burguesa y sectaria que suele resultar al observar desde un prisma puramente centralista y metropolitano, a la clase trabajadora, a sus dirigentes y al contenido de clase que representan con su actuación, la polaroid barrial, suburbana y periférica nos ofrece matices, texturas y enfoques que por cercanía y experiencia en el terreno, generan una dialéctica mucho más vívida, fluida y enriquecedora, en la cual los roles entre educadores y educandos se nutren tanto por la ligereza con que se trastocan, como por la superación de las contradicciones que es capaz de generar en los sujetos que la protagonizan.

Si la dialéctica no genera síntesis superadoras pierde sentido y transmuta en la más yerma cristalización y el maniqueísmo, es decir, en términos de Lenin: la victoria de la metafísica, en el sentido de la anti dialéctica.

Mientras la fábula que sostiene al status quo impone la doctrina del pensamiento único modificando la realidad a su antojo y trasladando la experiencia cotidiana de los incautos que embelesa al proscenio mas vano y más cruel; es absolutamente preciso para las clases subalternas con perspectivas de liberación, no caer en la tentación de oponer como toda espada para el combate otra fabula semejante a la del opresor. Un error de este estilo, el más a mano en la era de las redes sociales, no solo legitimaría la idea dominante del poder real desviando la lucha del plano de lo realmente existente, sino que serviría de telón a los intereses de clase concretos del arco plebeyo.

El traslado de la cuestión social a la arena mediática o judicial en detrimento del ruedo ideológico-político, parcializa al extremo la cosmovisión colectiva y solidifica la colonización pedagógica de tal manera que la única realidad es la sistemática y con el contenido de clase de los vencedores del sistema. El ejemplo más claro de cómo este engranaje impregna la conciencia popular y anula la reflexión crítica, es la posición conservadora que llevo a millones de trabajadores argentinos a votar a pie juntillas al gobierno de sus explotadores. Sostener la soberanía intelectual y la crítica, pensar la política concreta desde el campo obrero y popular y parados desde la construcción de un programa colectivo que refleje los intereses plebeyos, sociales y nacionales, es un deber revolucionario y el nervio estratégico de cualquier unidad que no sea una mera enunciación retórica o un ejercicio onanista del medio pelo. Así están las cosas por estos lares, el ya conocido escenario peligroso en el cual con poco que organizar, queda demasiado margen para perder.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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