La democracia se defiende con el pueblo organizado y movilizado

La llamada “grieta”, nunca fue tal. En efecto, ese término es casi peyorativo de las luchas que se entablaron, desde los inicios de nuestra nacionalidad, entre dos modelos de país, que podemos definir en las consignas Patria o Colonia, Liberación o Dependencia, Unitarios o Federales, entre otros tantos surgidos a lo largo de la historia.

Si fueron dos modelos y uno triunfó sobre el otro, en una lucha nunca saldada, en alguna medida la democracia, debió ser el instrumento, para ir corrigiendo las desviaciones, de los grupos hegemónicos que vencieron en el siglo XlX, constituyendo un factor de poder imperante, que siempre se opuso a cualquier apertura, sólo conseguida por el concurso movilizado del pueblo, que logró torcer ese rumbo, en varias oportunidades.

Fueron necesarias luchas y enfrentamientos, ya que la masacre producida por el unitarismo centralista porteño, aliado incondicional, a los diseños estratégicos coloniales británicos, fueron escribiendo una historia cerrada a la verdad y abierta a sus propios intereses.

Si el propio San Martín fue declarado traidor a la Patria por Rivadavia, Artigas buscado vivo o muerto por Alvear y Sarratea, Facundo asesinado, como el Chacho Peñaloza y Dorrego fusilado por su camarada de armas, como para señalar sólo algunos de los episodios que marcaron la historia, de pérdidas de miles de vidas pasadas a degüello y las pérdidas territoriales orientales y altiplanas.

Pero el Puerto era el bastión a defender por las fuerzas oligárquicas. Desde esa mirada centralista se cometieron desde el genocidio paraguayo de la Triple Infamia hasta la liquidación absoluta del país federal, con un ejército nacional, que se dedicó a recorrer provincias argentinas, persiguiendo caudillos locales, amados por sus pueblos. De ahí la inquina persistente del mal llamado interior, por el porteñismo, sobre Buenos Aires, que aún persiste.

Entonces no existe grieta, como pretende el poder económico y cultural de la Argentina, existen modelos económicos sociales que incluyen o desplazan, marcos de construcción solidarios o egoístas, políticas soberanas o sumisas a los imperios de turno, desarrollo propio, industrial y científico tecnológico o país proveedor de sus riquezas naturales, modelo de Justicia Social o de derrame macro económico, Patria Grande o feudo.

Si nuestros periodistas, analistas y sociólogos estudiasen la historia para resignificarla, evitarían colocar en una supuesta grieta las luchas políticas actuales, que tienen como eje la articulación del poder político gobernante, dando batallas en varios frentes dramáticos, y un poder hegemónico que abandonó el gobierno, pero pretende mantener cada uno de los instrumentos de sometimiento a la política intactos como cuando gobernaban.

¿Se está dando esa lucha en términos democráticos? Definitivamente no, es una pugna de poder que avasalla las instituciones, pretende articular mecanismos destituyentes y golpistas, desconociendo la voluntad del pueblo expresada en las urnas hace poco tiempo, que emitió su opinión a través del voto, expulsando a una administración saqueadora y criminal, teñida de negocios y amparada en un neoliberalismo dominante, al servicio del coloniaje imperial.

Entonces, si la lucha se encamina a términos anti democráticos, los lugares de batalla los define el pueblo organizado y movilizado, como fue a lo largo de la historia. No se dirime por los medios hegemónicos en manos del enemigo, ni tampoco por lo políticamente correcto a las formas, sino aplicando la Constitución Nacional y la Leyes con toda su energía, con respaldo popular.

Desde la ley de Defensa de la Democracia, hasta las leyes antimonopólicas, pasando por cada uno de los instrumentos que brinda el marco legal en nuestro país, que ha sido escrito por el enemigo, porque pensaban en usarlo, y de hecho lo hicieron contra el campo nacional y popular. Ahora debemos ejecutarlo nosotros, como nos enseñaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: Con Verdad, Memoria y Justicia.

Como decía Perón. “dentro de la ley todo”, pero con decisión política plena, compromiso y voluntad de convocar a una nueva gesta popular, que afiance el poder del pueblo, por otros 70 años de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. Neoliberalismo nunca más.

Jorge Rachid
Jorge Rachid
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