La comunicación y los comunicadores desestabilizadores en tiempos de pandemia

Estamos atravesando un período diferente a todo lo vivido en tiempos anteriores.  Muchos están, estamos, encerrados y agotados en nuestras casas, pero sabiendo que hasta que no existan vacunas para enfrentar al Covid-19, esta es la mejor alternativa. Tal es así, que según la revista TIME, Argentina se encuentra entre los 11 países que mejor enfrentan la situación, preocupándose por su población. Algo que es ocultado sistemáticamente por los grandes medios nacionales.  Mientras tanto, los sectores opositores al gobierno promueven desde sus medios, marchas contra la “infectadura”.

¿Para qué promueven esas marchas desde los medios? ¿Será tal vez para que, con el apoyo de sus coreutas, aumente la cantidad de simpatizantes propios que recorran las calles? Las consecuencias de esa actitud aumentarán la cantidad de contagios y su resultante serán más fallecidos. ¿Lo ignoran? No, para nada; su propia historia lo ratifica. Se montaron, allá lejos, en la tragedia de Cromañon para llegar a gobernar en la C.A.B.A. y luego, en la de un fiscal para gobernar la Nación.  Ahora, simplemente, buscan muertos para “esmerilar” al gobierno y reencontrar su lugar en la política nacional.

Y en eso, apareció Eduardo Duhalde en un programa de televisión, hablando sobre la posibilidad de un golpe de Estado.  Sí, el mismo ex presidente.  El  que en 2002 salvó de sus deudas a Clarín con la “pesificación asimétrica”.   Reapareció ahora, luego de que Alberto Fernández emitiese un DNU que declara de servicios esenciales a la telefonía y a la distribución de internet. Justamente las naves insignia de…  ¡el mismo Clarín!

Mientras esto sucedía, los comunicadores mercenarios (disculpen, pero no los puedo llamar periodistas) difundían “sus versiones recogidas en las calles” de un nuevo “que se vayan todos”. Pero en el fondo es que se vayan todos, no los involucra a todos, es que se vayan los integrantes del actual gobierno. El mismo que asumió hace tan sólo 8 meses. Lanata replica que coincide con Duhalde y hasta sugiere, ante el comentario de un asistente, que “estamos yendo” hacia un escenario peor aún que el de 2001.  A su vez, en América24, Antonio Laje realiza un reportaje al senador Martín Lousteau, quien asegura haber estado en contacto con uno de los protagonistas principales de la crisis del 2001.  No son casualidades permanentes, es el accionar sincronizado en pos de un objetivo común.

Horacio Rodríguez Larreta decide habilitar las escuelas el 31 de agosto para clases presenciales de los niños que hayan tenido problemas de conectividad (casualmente, los que viven en los sectores dejados de lado por su gobierno).  La comisión ad hoc del ministerio de Educación que evaluó el protocolo presentado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para abrir espacios digitales en las escuelas a partir del 31 de agosto, lo  rechazó por considerar que el distrito «no cumplía con los niveles de circulación baja del virus» para implementarlo. Los medios opositores salen a cuestionar lo decidido, y el mensaje del Ministro Trotta, y su “preocupación” por la falta de clases para los niños (pero de los riesgos de contagio que se produjeron en los países que han intentado reabrir sus ciclos lectivos no pronuncian ni una palabra).

Hasta el Ministro de Defensa, Agustín Rossi, tiene que salir a aclarar que no existe la posibilidad de un golpe. El Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Juan Martín Paleo, reafirma el compromiso de las FF.AA. con la Constitución Nacional. ¿Entonces, cuál es la posibilidad de golpe de Estado? ¿O qué es lo que están intentando? Caos es lo que buscan, instalar el caos.

Y ese caos puede adoptar varias formas. Tratar de separar a Alberto Fernández de Cristina, provocar renuncias, golpes de mercado, buscar acefalía gubernamental o algún “amotinamiento” en alguna de las fuerzas de seguridad, que tenga, o no, algún resultado. Apuestan a que el gobierno haga lo que ellos quieren, o al menos evitar que el gobierno tome las decisiones que él decida.

Están inoculando en la sociedad grandes dosis de temor, de miedo. Es una posibilidad que pueden llegar a conseguir en una época como la que estamos recorriendo. La amenaza de un golpe o de una situación de descalabro total, como la de 2001, provoca miedo. El miedo nos paraliza, nos bloquea emocionalmente y nos dificulta disfrutar en muchas ocasiones de los pequeños o grandes placeres de la vida.  Sus principales efectos subjetivos  son: una gran sensación de malestar, preocupación y en un gran número de ocasiones, la sensación de pérdida total del control.

La gente, las personas, los ciudadanos que viven encerrados amplían sus vínculos con el teléfono celular, la computadora o el televisor, ya que ocupan mucho más espacio en estos días. Entonces, el aislamiento, la soledad o la falta de intercambio social se viven con un permanente bombardeo mediático de una realidad virtual de odio y de miedo. Es algo que se puede observar en las marchas anti cuarentena que desparraman consignas encontradas, odio, y hasta muestran coeficientes intelectuales inversamente proporcionales al valor de los autos de alta gama que conducen.

Es de creer que el gobierno no le quiere dar mayor entidad a lo que está sucediendo, pero que no lo ignora.  Pero de todos modos aparenta tener fallas en la cuestión comunicacional. Es bajo el nivel de difusión de lo que se está haciendo, de las decisiones que se adoptan y de las obras que se realizan. Parece que hay temor de utilizar las cadenas nacionales, y muchos funcionarios  parecen suponer que con un par de posteos en facebook o de tweets se soluciona todo.

El gobierno emitió un DNU por el cual los servicios de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) son servicios públicos esenciales y estratégicos en competencia, que sus licenciatarios fijarán los precios, que deberán ser justos y razonables, y regulados por la autoridad de aplicación, es decir, el Enacom. ¿Cómo se comunicó esta decisión? ¿Cuántas personas están enteradas o son conscientes de que esta resolución los beneficia? ¿Hay falencias en la gestión comunicacional? Es tiempo de ir modificando esa situación antes de que sea demasiado tarde.

Juan Carlos Dennin
Juan Carlos Dennin
juancarlos@huellas-suburbanas.info