La CGT: surfeando el Tsunami

Finalmente el Régimen de Cambiemos envío parte de su Reforma Laboral al Congreso Nacional. Los tres puntos que envió el Ejecutivo constan del blanqueo de trabajadores informales con la exención del pago de multas a las patronales que hayan mantenido personal en negro, la institución de pasantías como capacitación laboral para estudiante con estipendios no remunerativos por un año y la creación de una agencia de evaluación de tecnología médica que se encargará de evaluar qué prestaciones médicas serán cubiertas por las Obras Sociales e incluidas en el Plan Médico Obligatorio.

En principio, sería casi natural suponer que leyes de este tenor no vayan a salir de un Congreso con Cambiemos en minoría, pero dada la ingravidez de las distintas fracciones peronistas (FPV, PF, FR) y la predisposición “democrática” de la mayoría de sus cuadros, sobrevuelan no pocas dudas sobre el resultado de su tratamiento. En cuanto a la CGT baste recordar que éstos oprobiosos puntos craneados por Cambiemos fueron “consensuados” con el triunvirato cegetista, inmediatamente horas después de que Juan Smichd y Héctor Daer hicieran público su rechazo “contundente y de plano” a esta misma reforma. Demás está decir que para los trabajadores, la historia es otra, pero sobre eso, avanzaremos más adelante.

Así, con la insolencia ante sus bases de quien se cree con el futuro resuelto, el triunvirato de la CGT transita el epílogo de su ingloriosa gestión, surfeando con desdén el tsunami de desocupación y miseria generado por el Régimen de Cambiemos, pretendiendo olvidar que su problema (y el de toda la clase trabajadora) precisamente, radica en que con la oligarquía en el poder nadie puede tener futuro alguno.

La palabra, en infieles y cipayos, tiene el valor de un patacón en los tiempos del bitcoin; ninguno, pero de todos modos parece ser que oficiar de trebejo al ajedrez corporativo le sirve a sus dirigentes para superar el miedo a los carpetazos. En definitiva, rosca más rosca menos, todos sabemos quién es quién en ésta historia y las alianzas tácticas que se resuelven forman parte de la definición de sus actores.

Mientras, en los barrios, sin la tranquilidad de la panza llena ni los tiempos de la chequera gorda, los trabajadores enfrentan una parada brava y en franca desventaja. La mayoría de los gremios, incluso sindicatos cómo la Asociación Bancaria o Aceiteros que solían firmar paritarias rompiendo los techos porcentuales que trataban de imponer los sucesivos gobiernos (solía rezar un mural en Morón, pcia. de Buenos Aires: “Kicillof, paritarias con techo es de gorila”), se han unido también al llamado Club del 15% fundado por el Ministro Triaca Jr. Quince puntos porcentuales de aumento, que más allá de bonos, compensaciones y la cercanía de las cuotas no sólo parecen insuficientes ante los aumentos de servicios y transporte, sino que se viven como si se tratara de curar el cáncer con una aspirineta.

Los índices de desocupación publicados en marzo por el Indec y que indicaban una baja del 1,1% a finales de 2017, no sólo se da bruces contra la trepada hasta los 11 puntos del desempleo en la provincia de Buenos Aires (con más del 6% de incremento en Bahía Blanca, 6,9% en La Plata y sin medir Zárate, Campana ni Olavarría) según la Dirección de Estadísticas de la Provincia y las subas de 0,6% en los índices de subocupación y empleo no registrado, sino que a la vez confrontan de manera directa con el suplicio diario que significa la retracción de cualquier variable que conlleve Justicia Social. Al pasaje en transporte público, a la autonomía de poder decidir qué comer y cuándo hacerlo, cómo vestirse, bañarse con agua caliente y tomar agua sin contaminar se los sostiene con dinero, el sostenimiento del poder adquisitivo del salario es dar la posibilidad de acceder mediante trabajo y sueldos acordes, a condiciones dignas de supervivencia dentro de las reglas del capitalismo, no es una medida revolucionaria, es lo mínimo.

Lejos de esta realidad, y ensimismada en la reorganización de sus roscas, lo que queda de la CGT ya totalmente copada por los llamados gremios “de los gordos” se apresura a convocar al Comité Central Confederal para el llamado a elecciones de una nueva conducción, ya sin un moyanisno afortunadamente resuelto a volver a sus mejores tradiciones y en estrecha colaboración con las dos CTA y los movimientos sociales, pero con la presencia combativa interna de los sindicatos de la Corriente Federal de los Trabajadores y la presión de las regionales que representaron en estos dos años de restauración conservadora el punto más alto de la resistencia sindical a la política laboral de Cambiemos. Resta saber en este escenario, qué papel jugará la Unión Obrera Metalúrgica con su paritaria en negociación y con últimos acercamientos a la Corriente Federal y a Camioneros, otro gremio grande cuya paritaria todavía no se comenzó a discutir.

Un panorama muy complejo y un futuro próximo de mucha lucha para los trabajadores. La encrucijada que se enfrenta se presenta decisiva y por ahora el rol de los actores es éste: la CGT surfeando el Tsunami, los trabajadores tratando que no se los lleve puestos.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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