La CGT, la desigualdad y el estallido social

En medio de la fenomenal crisis política, económica y social que atraviesa el país, la Confederación General del Trabajo convocó en plenario de secretarios generales a un Paro General de actividades para el 25 de Septiembre próximo. La justeza de la medida, una reacción tan esperada cómo tardía ante la pérdida constante de puestos de trabajo y poder adquisitivo del salario, seguramente se verifique con el alto nivel de acatamiento que las bases van a garantizar, poniéndose a la cabeza de la lucha y haciéndose cargo de la historia que llevan sobre sus espaldas.

En paralelo y como hecho político significativo a la hora de valorizar el camino al 25S, el pasado martes 4 de Septiembre reunidos en la sede del APLA, la Corriente Federal de los Trabajadores, el ala moyanista de la CGT, el Smata, la UOM, el APLA y las dos CTA, han dado un paso fundamental para la transformación de la Multisectorial 21F en una organización político sindical con perspectivas concretas de ser eje de reagrupamiento del movimiento obrero, al anunciar la creación del Frente Sindical para el Modelo Nacional. Aún sin una definición programática concreta, sin dudas la experiencia del FSMN como una aproximación a la unidad de los trabajadores, pone a la clase obrera a la vanguardia en la senda de una unidad más amplia con los demás sectores del movimiento nacional.

Sindical Federal, órgano informativo de la CFT, anunció en tal sentido reuniones próximas del FSMN con los diversos frentes políticos peronistas, la Federación Argentina de Municipios y la Iglesia Católica. Veremos la deriva y los alcances que pueda tener este ensayo que, a priori, se vislumbra cómo una experiencia colectiva necesaria e interesante.

Mientras tanto la cúpula de la CGT parece decidida a no abandonar el interesado delay con el que interpela la realidad de sus representados.  Enumerar a destiempo en un comunicado a trabajadores, estudiantes, jubilados, desocupados y demás sectores sociales con su vida económica ya destrozada por la política económica de la Alianza Cambiemos y expresar que; “si el objetivo (del macrismo) es sólo económico y no social, entonces habremos consagrado la desigualdad como norma y la injusticia como derecho”, como definición política central de un documento, es a esta altura casi un chiste de mal gusto. No sólo está clarísimo que el objetivo de la política Macrista es sólo económico, sino que es privativo de la economía de un solo estrato social: la plutocracia. También está claro para todos los trabajadores, menos para el cachaquiento triunvirato, que la desigualdad y la injusticia ya están consagradas pero no como un derecho, sino como un martirio. Los derechos no consagran castigos, consagran las respuestas a las necesidades de los sujetos históricos, los que consagran sufrimiento no son los derechos son los derechistas, esos que para el triunvirato aún parecen merecer el beneficio de la duda.

Tres paros generales y decenas de documentos contra el hambre provocada por el desempleo, la inflación y el abandono hablan por sí solos. PepsiCo, Astillero Río Santiago, Tandanor, Fabricaciones Militares, Atucha, Yaciretá, Carrefour, Cresta Roja, el conflicto docente y decenas de conflictos fueron abordados por sendos documentos y muy poca acción. Debería recordar este triunvirato, que ya huele demasiado a naftalina de tan guardado que está, que la CGT no es una agencia de noticias y ellos no son periodistas políticos, son representantes de los intereses de los trabajadores.

En este contexto y con la inacción del sector dialoguista de la CGT y de la partidocracia liberal, la reacción popular es prácticamente inevitable y lamentablemente la experiencia histórica ya nos enseñó quién pone la sangre en estos casos. En este sentido es pertinente señalar con respecto al temido e indeseado estallido social, que resulta difícil tratar de entender cómo se podría intentar impedir algo en cierto sentido ya sucedió, porque la vida de millones de argentinos ya está estallada desde hace un tiempo considerable y en base a esa situación y a su consecuente respuesta de parte de la sociedad, ya vimos morir en manos de las fuerzas represivas a Santiago Maldonado, Rafael Nahuel e Ismael Ramírez. El estallido social se viene dando en cuentagotas y podría decirse que, siguiendo el gusto presidencial por lo climático, por ahora es sólo una llovizna preanunciando la tormenta.

Mientras el pueblo resiste aquí y ahora en 2018, la mayoría de los políticos profesionales piensan en la sastrería para el 2019, salvo honrosas excepciones, que las hay, la mayor parte de la oposición se reduce a mesas de diálogo, reuniones, poses ensayadas una y mil veces ante el espejo mediático. Cifras. Negociaciones, planillas de cálculo y estadísticas dibujadas sobre pulcros y sesudos documentos.

La política en la Edad de Plástico y en manos de los conservadores también es parte de la llamada post verdad, una falsedad, una pantomima de mal gusto destinada a negarla y a despojarla de su poder de transformación. Recuperarla y devolverla a manos de los trabajadores como herramienta para la liberación es un imperativo y más que nunca, la consigna de la hora.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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